lunes 18 de octubre de 2021
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Desde hace años es voluntaria y misiona con las Hermanas Franciscanas

La maestra que usa la radio y la murga como herramienta pedagógica

Verónica Mansilla trabaja doble turno y en uno de ellos se desempeña como docente recuperadora. Con un método efectivo ayuda a los alumnos con dificultades

jueves 30 de septiembre de 2021 | 6:04hs.
La maestra que usa la radio y la murga como herramienta pedagógica
El poder de la radio sobre la lectoescritura y la posibilidad del niño de crear nuevos universos. Foto: Carina Martínez
El poder de la radio sobre la lectoescritura y la posibilidad del niño de crear nuevos universos. Foto: Carina Martínez

“Cuando detectamos algún alumno con problemas de aprendizaje, no lo separamos del grupo, es tratado como los demás”, refirió la docente Verónica Mansilla, que en uno de sus turnos se desempeña como docente recuperadora, poniendo en relevancia un método sumamente efectivo al momento de ayudar a aquel alumno que presenta dificultades: la empatía e igualdad dentro de cada proyecto destinado a mejorar la trayectoria escolar, utilizando  la radio escolar y la murga como dos herramientas valiosas.

Llegó a la provincia desde hace 27 años, realizando misiones de forma voluntaria junto a las Hermanas Franciscanas, buscando un lugar donde cumplir el sueño de ser maestra rural. El destino le tenía reservado otro gran desafío que le permitió aplicar la experiencia adquirida en la escuela de su barrio en el gran Buenos Aires y en paralelo trabajaba con las Hermanas Franciscanas, abordando la problemática de las adicciones donde llevó adelante un taller de carpintería buscando mejorar la situación de chicos adictos; y por otro lado, en el aula trabajaba la prevención con los alumnos de sexto grado.

Con todo ese bagaje de contenidos, siempre anheló mudarse de Buenos Aires, y fue cuando comenzó a realizar distintas misiones por varias provincias del país, encontrándose con Las Franciscanas; así surgió la invitación de venirse a la tierra colorada. “Yo vine como misionera a recorrer las colonias, y en esa época se estaba construyendo el Instituto María Ana Mogas; lo conocí, me encantó, conocí la realidad de las escuelas rurales, por esas cosas del destino, me aceptaron, me dieron trabajo y hace 22 años formo parte de esta escuela”, indicó Mansilla a El Territorio haciendo referencia a su llegada a San Pedro.

Comenzar a trabajar con primer grado la llevó a identificar las carencias de los barrios; muy distintas a las necesidades y problemáticas que atraviesan los niños de los barrios menos favorecidos del Gran Buenos Aires. “Me tocó primer grado con niños que tenían músculos de tanto cargar leña y agua, chicos que como no tenían nivel inicial no tenían motricidad, no sabían agarrar un lápiz. Nos ingeniamos para enseñarles a leer y escribir, trabajamos con envases de yerba mate, de arroz, para que puedan conocer las letras porque no tenían acceso a libros en sus casas”, señaló Mansilla sobre sus primeras experiencias como docente en el Mogas.

Por tratarse de familias muy carenciadas, era necesario la implementación de propuestas que los motiven a estudiar, siendo los niños con sobreedad una de las preocupaciones de ese entonces,  las que supieron revertir con resultados más que positivos. Uno de los proyectos fueron obras de títeres, lo que denota la tendencia del arte cuando se trata de optar por alguna herramienta que venga a mejorar la expresión y desarrollo de las capacidades de cada alumno.

“Fue muy divertido trabajar con los alumnos, armar los títeres, manipularlos, tuvimos muy buenos avances, hicimos varias obras de títeres, los niños descubrieron un nuevo sentido para venir a la escuela”, contó con una sonrisa tanto de nostalgia como de satisfacción la docente.

Los años fueron pasando y Mansilla realizó infinidades de cursos y capacitaciones a fin de disponer de conocimientos que le faciliten el trabajo en el aula apuntando a resultados reales, pregonando entre los colegas las ganas de innovar con proyectos que despierten interés en los niños. Hace trece años aproximadamente, con la ayuda económica que recibían por parte de una agrupación franciscana que funcionaba en España, pensaron en una iniciativa que ayudará a los alumnos con sobreedad y casi como algo impensado para una década atrás, formaron una murga.

“Siempre me acuerdo de la sonrisa de la directora Gladis, cuando nos propuso hacer una murga y me dejó a mí la responsabilidad. Investigamos sobre el tema, elegimos los instrumentos, los estudiantes de guardaparque nos ayudaron un montón, como así también Natalia y Guy; había dinero tanto para los instrumentos como para los talleristas, nos capacitamos y armamos la canción Los Reyes del Mogas, que nos identifica”, explicó Verónica, sobre los comienzos de una murga que se tornó la favorita en cada estudiantina por trabajar y deslumbrar en la presentación de temáticas sociales como la conciencia por el cuidado del medio ambiente.

Para la docente la propuesta fue más que esencial para la reinserción escolar. Como se trata de una actividad artística en la cual no sólo tocan, cantan y bailan, sino que se disfrazan, es notoria la participación y el sentido de pertenencia por parte de las familias, que distinguen el impacto positivo en sus hijos y acompañan con la realización de los trajes alegóricos; incluso las estrategias implementadas hizo que la docente no tuviera dudas y sus hijos estudiaron en esa escuela. De hecho, el mayor de ellos, Diego (17), desde los 4 años participó en la murga y tanto sus hijos como otros alumnos estuvieron a cargo de las batucadas en sus escuelas secundarias.

Tanto en el espacio de murga como en la radio escolar, otra de las propuestas que fue remontada por Mansilla tienen el trasfondo de servir como herramienta para trabajar con aquellos niños que presentan dificultades y es justamente donde la docente junto a la psicopedagoga Tamara Lara, marcan la diferencia en la forma de abordar la problemática, teniendo en cuenta que las propuestas están abiertas a todos los alumnos del instituto.

“Cuando tenemos algún niño con problemas de aprendizaje lo tratamos como al resto, lo observamos para que puedan desarrollar todo lo que hacen los demás chicos, no los separamos, no los estigmatizamos, acá aprenden, los más grandes enseñan a los más chicos en un ambiente de respeto”, destacó la docente.

En ese sentido, la radio se torna una importante herramienta para mejorar la lectoescritura con materiales preparados previamente para el desarrollo de distintos contenidos que son transmitidos en la radio escolar y comunitaria Séptima Estrella, más un taller de lectura, donde ambos espacios se complementan

“En ese espacio trabajamos con los textos con juegos y esos chicos de cuarto y quinto, que nunca habían hecho radio empezaron a insistir con  eso. Es relindo como se expresan”.  

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