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Lucía Mabel Sliboda (50) murió de una puñalada el 3 de noviembre de 2020 en San Vicente

Caso Sliboda: careo entre el masajista y su hija para aclarar contrapuntos

Domingo D. S. (55), acusado de matar a su esposa, planteó la versión del suicidio. La familia de la víctima sumó pruebas para que el hecho se investigue como femicidio

jueves 30 de septiembre de 2021 | 6:03hs.
Caso Sliboda: careo entre el masajista y su hija para aclarar contrapuntos
La familia de la víctima es representada por el abogado Enrique Maier.
La familia de la víctima es representada por el abogado Enrique Maier.

La investigación por el presunto femicidio de Lucía Mabel Sliboda (50), ocurrida el 3 de noviembre de 2020 en la localidad de San Vicente, sumó un nuevo capítulo en las últimas horas.

En presencia del titular del Juzgado de Instrucción Tres, Gerardo Casco, se realizó un careo entre quien fue su pareja y está acusado de asesinarla: el masajista Domingo Roberto D.S. (55) y la hija de ambos, Florencia Lelia Sliboda.

La confrontación fue requerida por el fiscal de Instrucción, Rodolfo Cáceres, y además del magistrado estuvo el defensor particular del acusado, Daniel Braunstein y el abogado representante de la querella, Enrique Maier.

Los puntos a clarificar fueron principalmente un par en los cuales padre e hija ofrecieron declaraciones dispares al momento de ser citados ante la Justicia, inicialmente él como testigo sospechoso (poco después de ser detenido, a fines de agosto, fue indagado como imputado pero se abstuvo de declarar) y ella como testigo en razón del parentesco directo e impulsora de la causa penal que tiene a su progenitor tras las rejas.

El representante del ministerio público se centró en el nivel de conocimiento y control que tenía el acusado sobre los registros de las cámaras de seguridad de la casa, que se confirmó -mediante pericias- fueron eliminados pese a que el equipo tiene capacidad de almacenamiento para 30 días corridos. Y también sobre las manchas de sangre detectadas a partir de la prueba de luminol.

El masajista dice no haber limpiado pero la hija declaró que escuchó a su padre referirse a dicha acción alrededor de una semana después de la muerte de su mamá.

Sobre eso en particular, cabe aclarar que la pericia con luminol resultó positiva detectando vestigios de sangre en varios sectores de la casa donde Lucía terminó herida de muerte.

Según el acusado producto de un suicidio, pero la querella insiste que se trató de un femicidio.

En el careo tanto Florencia como Domingo mantuvieron sus declaraciones, aunque fuentes relacionadas con la causa informaron a El Territorio que sobre las grabaciones el acusado admitió que sabía manejar los equipos, adelantar y retroceder las grabaciones.

Aunque reiteró que desconocía cómo eliminar dichos registros y relacionó ese hecho con la posible manipulación incorrecta de la Policía de Misiones del DVR (Digital Video Recorder).

Sobre los vestigios de sangre en la escena también ratificó que no hizo limpieza en razón de que Lucía -a su entender- no había perdido mucha sangre y que posterior al hecho fatal la escena fue contaminada por muchas personas que caminaron, se sentaron y hasta movieron cosas; por ello pudo haber hecho algún comentario frente a su hija alrededor de una semana después.

Manipulación de la prueba

Como consecuencia de la confrontación de versiones el abogado querellante requirió la comparecencia de una oficial de Policía que participó en la recolección de evidencia y según los dos hijos varones del acusado en sus declaraciones testimoniales, se presentó (junto a otra uniformada que manejaba un móvil oficial) algunos días después del hecho con el DVR en mano para poder verificar -por recomendación de un técnico, habría dicho- con el equipo original de la casa si se podían observar las grabaciones, dejando en evidencia una posible manipulación incorrecta de una de las pruebas considerada clave.

 Los declarantes dijeron que accedieron al pedido y en dicha acción constataron que el disco había sido formateado, aunque para estar seguros de que funcionaba de manera correcta hicieron una prueba durante algunos minutos y comprobaron que se guardó la filmación, por lo que las policías se retiraron llevando el aparato.

Posterior a eso la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas (Saic) peritó el equipo y confirmó que las grabaciones habían sido borradas.

Entonces se buscará conocer qué manipulación tuvo dicho equipo en razón de que se comenzó a creer que falló la cadena de custodia y eso pudo haber perjudicado la prueba.

Mientras tanto habrá otros careos entre el acusado y las personas que lo asistieron inmediatamanete después de que Lucía terminara herida de muerte de un cuchillazo en la panza.                                    

De supuesto suicidio a femicidio

Tal como viene publicando este matutino, pocos días después de producida la muerte de su esposa, el ahora imputado declaró como testigo sospechoso en la causa que desde el minuto 0 se investigó como muerte dudosa y poco avance tuvo hasta que, motivados por una serie de actitudes displicentes y comentarios del hombre algunos familiares directos de Lucía (entre ellos su hija Florencia) dejaron de creer en la versión del suicidio y avanzaron detrás de lo que creen fue un femicidio.

Fue así que con el acompañamiento del abogado Enrique Maier se constituyeron como querellantes y a finales de junio reunieron las pruebas para afirmar que se trató de un asesinato.

En consecuencia pidieron la detención del sospechoso e imputación por el delito de femicidio, lo que finalmente ocurrió a fines de agosto de este año a instancias del magistrado sanvicentino.

En el requerimiento la querella rebatió cada uno de los aspectos clave declarados por el acusado en relación al estado de salud mental de Lucía, a las filmaciones de las cámaras de seguridad de la casa que fueron borradas, a la mecánica del apuñalamiento en la cocina y a la sangre que el sindicado femicida negó haber limpiado, pero la pericia de luminol confirmó vestigios en varios lugares.

Dichos elementos dieron relevancia a un comentario que hizo la víctima poco antes de morir, cuando era trasladada en ambulancia, en grave estado, hacia el hospital de Oberá.

Un policía conocido le preguntó qué pasó: “Preguntale a Roberto, él sabe bien qué pasó”, fue su respuesta. No habló más. No acusó, solamente reveló que el hombre tenía una relación paralela.

La parte acusadora marcó también que el hombre tuvo mucho tiempo para modificar la escena e incluso fue varias veces a la casa antes de que llegara la Policía para hacer el reconocimiento de la escena e inspección ocular.

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