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Frente a discusiones

Cómo desarrollar la resiliencia y recuperar el bienestar

Profesionales invitan a generar herramientas para gestionar los conflictos y evitar caer en el tóxico triángulo de víctima, salvador y perpetrador

domingo 12 de septiembre de 2021 | 6:05hs.
Cómo desarrollar la resiliencia y recuperar el bienestar

El confinamiento en casa que presentó una gran cantidad de desafíos para las familias y parejas que de la noche a la mañana se vieron obligadas a pasar semanas enteras bajo un mismo techo; y la  nueva normalidad con horarios reducidos, burbujas y diferentes modos de comportase, hicieron un combo explosivo que en algunos caso les dio el tiro de gracia a más de una pareja.

Cambios en las rutinas, equilibrar a los niños en la escuela y otras actividades, el trabajo, las tareas domésticas, las preocupaciones de salud y financieras; y el cuidado de los miembros vulnerables de la familia, son gatillantes que generan más de una discusión.

En este contexto hay una activación emocional importante, en la que los sentimientos de enojo, irritabilidad, tristeza y ansiedad pueden influir en la relación familiar, exacervando el nivel de conflicto.

“El aumento de la convivencia evidenció las diferencias que antes eran disimuladas por la rutina. Llegan al estudio con un hartazgo emocional importante y con frases como ‘no lo/la aguanto más, me quiero ir’. Hay una mezcla entre la intensidad propia de estar en pandemia (preocupación, angustia, incertidumbre) y los conflictos propios de los cónyuges o convivientes”, afirmó la abogada y mediadora Valeria Fiore, quien también vio un aumento del 50 por ciento en consultas de parejas separadas o que quieren evitar hacerlo.

Hablar y no convencer

Este escenario requiere la utilización de recursos que permitan adaptarse a la nueva situación y que promuevan el desarrollo de la resiliencia y la salud emocional familiar.

El mediador intenta trabajar para que puedan ponerse de acuerdo y dejen de lado el conflicto, es por eso que Fiore puntualiza en la falta de habilidades para gestionarlo.

“No sabemos conversar, lo hacemos para convencer. Y estamos en una etapa en la que el rol de la conversación es preponderante. Hay desborde constante propio de la intensidad de esta época, ya que cualquier condición externa produce el efecto gatillo en el plano emocional, dando el grito, el portazo o la discusión que se quería evitar”, agregó.

En esta falta de preparación para gestionar el conflicto comienzan a relucir intensidades, preocupaciones, angustias y estrés propios de la situación social reinante. “Antes todo estaba establecido y muchas cosas se disimulaban ya que cada uno tenía su rol y horario, pero a partir de la pandemia esto cambió.  Y si a eso le sumas el estrés en los equipos de trabajo, ya que también tienen nuevas dinámicas, con igual cantidad de conversaciones, hay un humor social exagerado”, agregó la especialista.

La suma de todas estas situaciones hacen que la persona tenga menos tolerancia puertas adentro de la casa. Allí, la mediación mira hacia adelante y se busca no echar culpa a alguien, que es donde la conversación siempre queda atrapada. Y frente a este, ‘yo te digo’, ‘vos me decís’, Fiore propone tres anclas para trabajar: la verdad, la intención y la culpa.

Una vez que se aclara el conflicto, lo que es verdad para cada uno, se explican las intenciones ya que muchas veces hay suposiciones; y partir de allí se puede empezar a trabajar e resolver el problema sin echar culpas.

“No digo que la gente no debería divorciarse, lo que digo es que debe hacerlo sin toda la carga emocional y desde el desborde, ya que desde ese lugar, ninguna decisión será inteligente. Hay que buscar con quien hablar del tema, no proyectar problemas sobre los demás, detenerse a pensar, no tomar decisiones apresuradas desde del enojo”, enfatizó.

Una comunicación no violenta

El punto de partida de toda relación debe ser la comunicación, pero conseguir que sea óptima cuesta en todos los ámbitos, y mucho más en la pareja por la confianza que hay.

“Se normalizan malos modos de hablar”, comienza explicando  Beatriz Martínez, especialista en coaching, mentoring y constelaciones familiares, entre otras cosas.

Para la especialista hay cuatro pasos claves para dar con una comunicación no violenta. Para ello en la previa hay que reflexionar “qué parte de este conflicto lo estoy generando yo, qué carga extra estoy aportando. No culpar al otro y hacerme responsable de la parte que me toca. Identificar la emoción que uno siente y qué desencadena. Separar el conflicto de lo emocional y de la persona, para evitar atacarlo”.

En caso contrario, según su entender, se entra en un tóxico triángulo de víctima, salvador y perpetrador. Lo primero que propone es observar sin juzgar, “qué ha hecho mi pareja que me sienta limitado”. En todo conflicto hay una necesidad insatisfecha por ambas partes y que no se esta expresando.

Lo segundo es “identificar cómo me siento cuando la persona actúa de esa manera. El tercer paso es analizar la necesidad que esta ligada al sentimiento, aquello que provoca enojo, enfado, tristeza, o angustia. Si las necesidades no están satisfechas estos sentimientos desagradables aparecen. El otro no tiene la obligación de darse cuenta ni adivinar lo que a la otra parte le sucede”.

El cuarto paso es hacer una petición clara y en positivo. “Se estila decir ‘no quiero esto o aquello’, pero no se informa correctamente lo que se desea, qué acciones concretas quiero del otro”, deslizó.

Estos son hábitos, en los cuales hay que entrenarse. “Así como se aprendieron las malas formas de comunicarse, también puedo desaprender e incorporar nuevos modos de dialogar. Y de esta manera salir de este triángulo tóxico”.

Para finalizar, Martínez destacó que en las charlas que mantiene con las parejas las invita a rememorar el amor que los hizo elegirse. “Y si todavía se aman el paso siguiente consiste en reelegirse, trazar nuevos acuerdos y construir una nueva relación”. 

 

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