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No le dieron margen para apelar

La lucha de Noelia: el crimen impune de su marido y el oficio que heredó tras su muerte

A Juan Katz (37) lo mataron a golpes en mayo del 2014 y ahora la Justicia sobreseyó a los cinco imputados que tenía el caso. El dolor de la viuda y la historia de su labor como serena.

jueves 09 de septiembre de 2021 | 4:00hs.
La lucha de Noelia: el crimen impune de su marido y el oficio que heredó tras su muerte

“Yo trabajo desde que él falleció. El día que le enterramos salí con mi hijo de la mano y me fui a ver si me daban trabajo para seguir solventando mi casa”. Las palabras corresponden a Noelia Haydeé Oviedo (37), madre de dos hijos que patrulla en la noche posadeña como serena, poniéndole el cuerpo a la inseguridad para subsistir.

“Él” es su marido, de quien heredó forzosamente el oficio. En mayo del 2014, Juan Carlos Katz tenía la edad actual de Noelia, 37, y fue asesinado a golpes por una patota en el barrio Prosol II. Lo hallaron tirado en una cancha de fútbol, con el cráneo destrozado y sangrado en nariz y orejas. Estuvo una semana en terapia intensiva, pero no aguantó.

Por el hecho fueron detenidos cinco jóvenes, pero luego de dos meses y el cambio de carátula a “homicidio en riña”, salieron en libertad. Hace unos días Noelia recibió una noticia que la destruyó: la Justicia determinó el “sobreseimiento total y definitivo” de todos en razón del tiempo transcurrido y la prescripción de la causa. El crimen quedó impune.

“Que en orden a las múltiples medidas que se han llevado a cabo, teniendo presente la complejidad de la causa en razón del acometimiento grupal confuso, a fin de llegar a la verdad material o al menos una aproximación suficiente en relación a lo investigado, y pese a ello, desde la fecha a la actualidad, ha superado con creces el plazo máximo previsto de la pena, del delito endilgado, razón por la cual entiendo que la presente causa se halla prescripta”, señala la resolución a la que tuvo acceso El Territorio, firmada por el juez Ricardo Balor, titular del Juzgado de Instrucción Seis de Posadas.

La decisión se concretó luego de un dictamen del fiscal René Casals, que recomendó el cierre del caso, luego que prescribiera en mayo del año pasado - el funcionario judicial asumió en agosto del 2020 -. La querella fue notificada hace cinco días, cuando ya no se podía apelar, por lo que todo indica que no habrá marcha atrás. “Firmó y ‘acá nada pasó’, ese fue el accionar. Sin notar que un ser humano fue al que le mataron. Un padre de familia, el sostén de un hogar, a un padre que hoy sus hijos no lo pueden tener. Sobre todo no respetó el dolor de los familiares, porque eso fue una aberración, estos chicos se comportaron como animales y ni siquiera un animal muere a golpes”, apuntó Noelia.

“Cuando el abogado me informó, yo me senté y lloré. Lloré de la impotencia, de la angustia de la manera que fue todo. Yo tenía esa fe de que de parte de la Justicia por lo menos haya una pena mínima. Acá murió una persona y están todos libres, esa es la indignación. La verdad que es feo porque tuvo una muerte horrible que no se merecía”, describió Noelia, que se siente con “dolor en el corazón”.

Los hechos

Según el expediente, la agresión a Katz ocurrió el 11 de mayo, en una fiesta de cumpleaños en la manzana F de Prosol II. Juan Carlos estaba en el lugar tomando cerveza, hasta que tuvo un altercado por una deuda con un hombre, a quien le dio un cabezazo. Un tercero salió en defensa y atacó al sereno a patadas, por lo que éste decidió abandonar el lugar.

Pero el hecho no quedó ahí, ya que la víctima fue seguida por “C. Joaquín Alejandro, D. Maximiliano Iván, L. Emiliano Daniel, D. S. Armando Asunción y Eduardo Norberto I. y una vez que lo alcanzaron, a la altura del arco de 2 fútbol de la cancha de cemento frente a la plaza, habrían acometido violentamente en forma grupal con golpes y patadas en la región de la cabeza, hasta dejarlo inconsciente, quedando desvanecido sobre el piso”, se lee (los apellidos fueron preservados).

Por esta brutalidad, Noelia no entiende el final del caso y, si bien expresa que una mínima condena hubiera sido mejor que la nada misma, tampoco está de acuerdo con la carátula. Asegura que la desventaja de su marido ante cinco jóvenes era insalvable, que no fue una riña y que nunca tuvo chances.

“Lo peor era la cabeza, tenía huecos, como que le había pasado un auto por arriba. Dentro del cerebro había pedazos de cráneo, así, literal, por las patadas con los botines de acero. Ahí es donde más está la indignación que tengo. En una de las declaraciones se dice quién le pega en el suelo con los tapones de acero del botín. Detalles había, entonces no entiendo cómo hoy salen libres como que nada pasó”, se indignó.

Katz fue hallado agonizando en el lugar y llevado por vecinos a su casa en un camión. De ahí, Noelia lo trasladó al Caps de Itaembé Miní, donde lo cargaron en una ambulancia que lo llevó hasta el Hospital Madariaga. Los pronósticos anticiparon lo inevitable y su muerte se produjo el 16 de mayo a las 2 de la madrugada.

Sobre esa noche, la entrevistada recordó entre lágrimas: “Me pone muy mal, para mí fue muy aberrante, muy feo, muy de golpe. Llegaron a la mañana golpeando a los gritos, mis hijos en ese momento vieron todo, una desesperación. Tal vez no se puede explicar con palabras. Y fue peor con el tema del deceso, a mí me marcó mucho eso. Es vivir y estar en el momento, entre la preocupación y la desesperación, ver a mis hijos ahí y verlo tirado en las condiciones en las que me lo trajeron. Estaba todo ensangrentado, ya no hablaba, no respiraba.”

En la actualidad, Noelia se tiene que cruzar con los agresores, ya que uno vive una cuadra atrás de su casa y otro está en situación de calle, pero hizo una precaria estructura en la plaza de la esquina de su vivienda.

Resiliencia

Pero ese mayo del 2014 Noelia tuvo que dejar de lado el luto y salir a buscar el pan para sus niños, que hoy tienen 14 y 20 años de edad, pero que sufrieron mucho. “Ahora soy el sostén de mi casa después de que pasó lo que pasó. A mí, (Juan Carlos) nunca me hizo faltar nada. Y tampoco a los chicos, lo poquito que teníamos era para salir adelante, como cualquier matrimonio que tiene dos hijos y que tiene que salir a la calle a ganarse la olla. Es así, claro y crudo”, repitió.

Antes era ama de casa y se rebuscaba con trabajos temporales, pero, como se dijo, el mismo día que despidió a su marido fue a pedir trabajo y en la actualidad se desempeña en el barrio Ámbito, sobre la avenida Jauretche. Asegura -al pasar, como si fuera algo común- que en ocasiones estuvo en peligro su integridad. La golpearon, tuvo que intervenir la Policía e incluso recibió muchas amenazas. Donde se desempeña, cerca de asentamientos, se considera una zona roja.

“Pero qué le voy a hacer, con esto yo llevo la olla a mi casa, no voy a decir que no tengo miedo, claro que sí, pero es lo que hay. Lo sobrellevo”, relativizó. La mujer contó que tuvo capacitaciones gracias al Foro de Seguridad barrial y que vive de lo que le dan sus clientes, por lo que no tiene un ingreso fijo. Lo que percibe cada vez alcanza para menos, por lo que se rebusca con otros trabajos a contraturno.

“Hoy la calle no es como la de antes, corrés peligro constantemente. Para mí no fue fácil, yo entro a las 20 y salgo a las 6 de la mañana. A veces la noche está silenciosa y uno dice ‘no pasa nada’, pero pasan tres segundos y la cosa se dispara a cualquier lado”, resumió.

Su hijo mayor, que a veces la acompaña a la noche, consiguió trabajo hace poco y eso la pone contenta. Su hija adolescente va a la escuela, pero también da clases particulares o hace labores domésticas para sumar. Todos los días es una lucha, todos los días tragan la injusticia y salen a la calle a ganarse el pan, “a parar la olla”, como repite tantas veces.

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