domingo 17 de octubre de 2021
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Luchó en defensa de su identidad y de su suelo

Cacique Oberá, inmortalizado en tierras forjadas por inmigrantes

En el siglo XVI tuvo un papel clave en la insurrección guaraní, liderando la rebelión contra los encomenderos conquistadores. En 1.928 su nombre se perpetuó en la cabecera de Yerbal Viejo.

domingo 05 de septiembre de 2021 | 7:56hs.
Cacique Oberá, inmortalizado en tierras forjadas por inmigrantes
El monumento al cacique Oberá mide casi 6 metros y fue inaugurado en 2007 sobre avenida de Las Américas, uno de los principales accesos a la ciudad que desde hace 93 años lleva su nombre. Fotos: Luciano Ferreyra.
El monumento al cacique Oberá mide casi 6 metros y fue inaugurado en 2007 sobre avenida de Las Américas, uno de los principales accesos a la ciudad que desde hace 93 años lleva su nombre. Fotos: Luciano Ferreyra.

Misiones debe en mucho su supervivencia como provincia argentina a la sangre guaraní, que supo triunfar en Mbororé (1641) y ratificar el coraje de sus guerreros, entre los que se destacó dos siglos después, con perfiles bien claros, Andrés Guacurarí y Artigas (Andresito), que por ello pasó a ser el personaje mayor en la defensa de este suelo.

"El ingreso de los españoles al territorio indígena (1492), la fuerte colonización de conquista que impusieron y que fuera mitigada a partir de las misiones jesuíticas que hicieron prender en el aborigen la idea de radicación y defensa de su suelo, permite idealizar el hecho histórico colonizador de principios del siglo XX en Yerbal Viejo", analizó el profesor e historiador obereño Aldo Rubén Gil Navarro en su último libro, 'Un lugar llamado Yerbal Viejo (Historia de su colonización - 1912-1928)'. Parte de dicha obra sirve como base a esta síntesis de las hazañas del indómito cacique Oberá, cuyo nombre -más de tres siglos después- terminó perpetuado en tierras forjadas por inmigrantes.

Falsa libertad

La creación de la figura de la encomienda (1508-1509), un sistema laboral español que recompensaba a los conquistadores con el trabajo de determinados grupos de personas no cristianas conquistadas, otorgó cierta libertad a los nativos, pero continuaban siendo vasallos del reino de España bajo una supuesta protección de los denominados encomenderos (frustrados invasores), que tenían la misión de ocuparse de su evangelización a cambio de tributos, una especie de esclavitud encubierta, falsa libertad repleta de abusos y violencia.

En ese contexto, entre los guaraníes, a quienes los primeros buscaron esclavizar, comenzaron a sobresalir los caciques y chamanes que, fieles a su vocación libertaria, sembraron la semilla de la rebelión.

Uno de ellos fue Oberá, quién por haber tratado de reivindicar a su pueblo ante el impiadoso avasallamiento español inspiró al por entonces presidente Marcelo T. de Alvear (1922-1928) para que ese, su nombre, sea atribuido a la cabecera de la tan creciente como prometedora colonia Yerbal Viejo.

El nombre de Oberá se eternizó el 5 de febrero de 1928, cuando la segunda comisión vecinal de Yerbal Viejo, integrada por los inmigrantes Domingo Berrondo, Adolfo Lindström, Arístides Ruiz, Carlos Petterson y Leo Lutz, aceptó sin solicitar cambios el nombre de ese famoso indio guaraní que si bien no intervino en las batallas, luchó con su influencia para resistir la conquista y finalmente organizar la resistencia contra el invasor hispano.

Oberá ante su pueblo. Ilustración del libro "Un lugar llamado Yerbal Viejo", del docente e historiador Aldo Rubén Gil Navarro.

Resplandor del sol

Tanto Gil Navarro como varios historiadores coinciden en que el cacique Oberá habitó la región del Paraná (o del Ipané), antigua provincia del Paraguay durante el siglo XVI. Su grupo étnico era amazónida, brasílido, guaraní.

Por entonces el líder o cacique de una tribu guaraní debía ser el indio con mayores luces, valor y experiencia. Se hacía famoso por su elocuencia, magia, prestigio y hechicería, lo veneraban como autor del bien y del mal, como árbitro de la vida y de la muerte, con poder sobre el cielo y la tierra, así como hacedor de las fuerzas de la naturaleza.

Hasta la aprobación del catecismo por el Concilio de Lima en 1565, existía una anarquía en cuanto a la enseñanza de la doctrina cristiana. El clérigo español Martín González (quien se presentaba como un protector de los indios y afirmaba que éstos lo seguían y obedecían) hablaba a los nativos de Jesús y su vida, de la estrella de Belén, los Reyes Magos, los milagros, la resurrección y la encarnación del Espíritu Santo en el alma de los niños destinados a ser profetas, temas de difícil comprensión para todos, pero no para el distinto Oberá, quien mostraba gran talento y con mensajes llenos de luz y poesía fue enfervorizando a los suyos, por eso lo llamaban "resplandor del sol".

De esa forma Oberá forjó la teoría de que Jesús había dicho que "era hijo de Dios" para redimir a los oprimidos de su raza, que cada pueblo oprimido recibiría también un hijo de Dios, hermano menor de Jesús, producido por la luz y que él (Oberá) era el cacique elegido de la raza guaraní.

La aparición sobre Paraguay del gran cometa en el año 1577 (conocido como Tycho en relación al astrónomo danés Brahe Tycho, considerado el más grande observador del cielo en el período anterior a la invención del telescopio y primero en avistarlo) motivó al cacique a predicar entre sus seguidores que el cometa era la estrella de Belén y que él mismo era el Mesías, el hijo de Dios y de la madre Virgen,  anunciando haberlo guardado en un cántaro, con lo que pasaría a ser invencible.

Con prédicas relucientes, el autocatalogado Dios levantó a su pueblo dando inició a la rebelión guaraní que el gobernante colonial español Juan de Garay (hidalgo, explorador y conquistador que tuvo un importante papel en la organización de la parte atlántica de Sudamérica, destacándose por su actuación en la gobernación del Río de la Plata y del Paraguay) no pudo dominar sino después de grandes y sangrientos combates.

Su radio de acción se centró en la provincia de Santa Fe y sus correrías se extendieron por todo el litoral, donde, mediante la utilización de artillería y sus arcabuceros, lo vencen en combate final en la región del Ipané. Juan de Garay derrotó con feroz ensañamiento el alzamiento guaraní, castigando de esta manera no solamente la rebelión, sino también el sacrilegio y la herejía en que, para los españoles, habían caído el cacique Oberá y sus seguidores.

Huyendo de sus perseguidores, Oberá se internó junto al padre Martín González en el Chaco Hualampa y desde ese momento no se conoce más del indómito cacique guaraní, cuyo nombre, como justo homenaje, quedó inmortalizado en la ciudad convertida actualmente en la segunda más importante de Misiones. 

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