domingo 19 de septiembre de 2021
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Ya se esbozó un anteproyecto

De verduras, hierbas y otras costumbres

Vecinos y placiteros buscan que se reconozca como patrimonio inmaterial la labor de las villenas y el entramado cultural que reviste La Placita

sábado 04 de septiembre de 2021 | 6:00hs.
De verduras, hierbas y otras costumbres
Foto: Sixto Fariña
Foto: Sixto Fariña

Con el tiempo, los hábitos sociales van mutando. Gracias a la ciencia y tecnología se ha agilizado el transporte y hoy es fácil encontrar cualquier tipo de comestible local o importado en un comercio cercano.

Kioskos, almacenes, verdulerías, dietéticas y otros lugares de nicho han poblado la ciudad de variedad, sin embargo algunas viejas y sanas costumbres reviven y cobran mayor valor con la amplitud de conciencia en la cocina y la salud. Productores y comerciantes que ofrecen bolsones de alimentos orgánicos son ya un clásico en las grandes y medianas ciudades del mundo.

Aquí, el antecedente se remonta a muchos años atrás, ya que fueron las villenas las encargadas de llevar el sustento fresco, sano y a precio justo a las casas de los posadeños. Oriundas principalmente, de ‘las villas encarnacenas’, de donde viene su nombre, incluso hoy, pandemia mediante y fronteras cerradas, persisten en su laboriosa tarea.

Tal como recordarán muchos  ciudadanos, fueron estas mujeres, con su tesón, las que dieron origen al Mercado Modelo La Placita, lugar icónico de Posadas, que ayer celebró sus 65 años, si bien la efeméride cita el aniversario el 27 de agosto.  Más allá de las curiosidades, novedades y adelantos tecnológicos, la Placita es cultura viva, conserva recetas de cura milenarias, el idioma y las tradiciones de origen guaraní, entre otros tesoros.

Por ese motivo, tanto vecinos de Villa Blosset, donde se emplaza el histórico mercado, como ‘placiteros’ comenzaron a reunirse con el propósito de trabajar en conjunto y revalorizar todo el bagaje cultural y social que permanece tras las paredes del edificio.

Detrás de la iniciativa de declarar como patrimonio intangible a las mujeres villenas y todo lo que comprende socialmente el espacio, Raúl Cayetano Gallardo actuó como gestor y puente al promover la primera reunión entre interesados. La meta, a corto plazo, fue la realización de un anteproyecto para concursar por el premio que ofrece la Asociación Educar, con el fin de activar una agenda que potencie la relación entre vecinos y comerciantes y que permita un mayor desarrollo de La Placita como ámbito de importancia cultural.

‘‘La hipótesis es que lo expresivo, creativo, fortalece el cuerpo social y contribuye con la salud y el bienestar de la población local, regional y los ocasionales visitantes’’, detalló Gallardo en el proyecto que reviste una serie de protocolos legales para poder concursar.

De esta manera, se busca que más allá de prestarle atención a lo edilicio, se fortalezca todo el ejido social que comprende el mercado. Así, se dictarán talleres de teatro, música, letras, cocinas típicas, conversación en guaraní o propiedades de yuyos medicinales y por otro lado, habrá asesorías para que los comerciantes resuelvan aspectos contables, jurídicos y psicológicos.

Todo estará bajo una comisión sin fines de lucro que organizará las actividades y elaborará incluso un proyecto del Ley para reconocer a nivel provincial y nacional en principio, a las villenas y la Placita como patrimonio inmaterial.

Poner en valor todo lo que hace humano a este ya patrimonio provincial  es el norte de los vecinos. Lecciones familiares, incendios, inundaciones, pandemia y otros desafíos, dieron una fortaleza sin igual a los comerciantes, que se heredó de generación en generación. Muchos de los que permanecen hoy, comenzaron vendiendo en las calles, recorriendo con sus madres o abuelas villenas cada rincón, hasta lograr ser parte de un mercado, que como tantos en el mundo, desbordan sabiduría y tradición.

Canastos sobre la cabeza y amabilidad a flor de piel, las villenas -como sus pares colombianas las palenqueras- dejaron huella. Sus pies cansados recorrieron toda la ciudad para llevar quesos, huevos y hortalizas frescas.

En el camino y quizás sin dimensionar el increíble abanico comercial que se expande actualmente,  dieron vida a un intercambio cultural fronterizo que ya es incuestionable patrimonio emocional de todos los posadeños. 

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