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La reserva Suirirí en San Pedro

Una trinchera para proteger la flora y fauna de los depredadores

Marcia y Daniel llevan adelante un importante proyecto de cuidado de especies, como las pacas y acutíes. El trabajo es a pulmón y con grandes desafíos diarios

domingo 29 de agosto de 2021 | 6:05hs.
Una trinchera para proteger la flora y fauna de los depredadores
Marcia Helou, como veterinaria, cuida distintas especies de animales en la reserva natural privada. Foto: Carina Martínez
Marcia Helou, como veterinaria, cuida distintas especies de animales en la reserva natural privada. Foto: Carina Martínez

San Pedro es uno de los municipios más ricos en cuanto a calidad y cantidad de biodiversidad, las que de forma permanente se ven amenazadas por distintas actividades humanas, siendo necesario la firmeza y valentía de personas que enfrenten los desafíos que significa proteger la flora y fauna. En este caso, la reserva natural privada Suirirí es un claro ejemplo y sueño hecho realidad para Marcia y Daniel, en la colonia Esmeralda de San Pedro, un sitio trinchera para las tan codiciadas pacas.

Se trata de una iniciativa privada, donde con enorme esfuerzo, dedicación y sobre todo pasión, Marcia Helou (veterinaria) y Daniel Kurday (guardaparque) cumplen uno de sus grandes sueños: llevar adelante una reserva natural. La pareja venía con esta idea desde que se conocieron en 2001, sin embargo, en 2004 Daniel recibió un disparó y quedó parapléjico, lo que retrasó, pero no impidió seguir avanzando en tornar realidad el sueño. El proyecto comenzó a reflotar hace poco más de una década, y desde 2012, los oriundos de San Vicente lograron adquirir las primeras 20 hectáreas de tierra en la colonia Esmeralda, a unos 30 kilómetros de la zona urbana de San Pedro.

“El destino nos trajo acá, yo conocía a un vecino en esta zona, de los tiempos que ejercía como guardaparque, vinimos a visitarle y justo nos comentó que estaba una chacra con puro monte en venta y así después fuimos adquiriendo otros lotes lindantes, y así empezó. De 20 hectáreas pasamos a 140 hectáreas, que abarca monte alto y arroyo. Había once hectáreas de rozado de las cuales mantuvimos sólo una pequeña parte para cultivos y el resto lo estamos enriqueciendo” , indicaron Marcia y Daniel sobre los comienzos de la reserva, que lleva el nombre de Suirirí Silbón, en homenaje a un pájaro que siempre se hacía presente en sus paseos por la naturaleza.

Desde ese momento, fusionaron sus pasiones por la naturaleza y simplemente motivados por la preservación y más aun teniendo conocimiento de la grave situación en la que se encuentran algunas especies, dedican prácticamente sus vidas a fin de hacer patria en favor de los recursos naturales, tornándose una especie de isla verde, rodeados de chacras donde la actividad agrícola obliga a la explotación desmedida de los recursos.

La ubicación donde se encuentran representa un gran reto porque ante la escasez de monte, deben lidiar con la permanente caza furtiva, que fue constatada el año pasado cuando guardaparques realizaron un recorrido por el predio y para la terrible sorpresa se encontraron con trampas, saleros y sobrados, instalados por los cazadores; actividad que impacta de forma negativa y además está siendo evidenciada mediante el registro en imágenes y videos, obtenidos de las cámaras trampas que colocan por varios puntos de la reserva, donde notaron el faltante de ejemplares.

Para estos amantes de la naturaleza, todo esfuerzo vale la pena y el único beneficio es la satisfacción de preservar una de las especies más amenazadas de extinguirse por la caza furtiva, como son las pacas. “Yo ya desde mi laburo soy preservador natural, en 1995 comencé a trabajar como guardaparque, nací y me crié en la chacra, desde chiquito me gustó, me acostumbré a esto y no es para cualquiera estar acá”, señaló Kurday sobre lo que les motiva.

Marcia, que se desempeña como Técnica en el Inta, agregó: “Amamos estar en la naturaleza, respirar aire puro, simplemente eso, amamos esto y queremos también incorporarnos a los colonos, trabajar con ellos, con capacitaciones, bajar financiamientos para realizar protección de vertientes, actividades productivas, estamos fomentando la creación de un grupo meliponicultores, estamos formando parte de un proyecto de Bosque Atlántico de Aves Argentinas, todas acciones que ayuden a preservar el medio ambiente”.

La reserva
En la reserva, que se distancia de la Biósfera Yabotí por tres kilómetros, se lleva adelante un proyecto que la torna única en la zona y tiene que ver con la cría de pacas y acutis, dos importantes roedores, siendo el primero una especie blanco de los cazadores y la segunda el mejor sembrador que se puede encontrar en la naturaleza. Marcia comenzó a trabajar con las pacas hace 21 años, en su momento como veterinaria voluntaria en la extensión del Inta en Cerro Azul.

“Hasta el 2012, el proyecto de la cría de pacas y acutíes estaba a cargo del Inta en Cerro Azul, y por razones interinstitucionales pasó a hacerse cargo Ecología, justo se dio que compramos este lugar, entonces yo hablé con el Ministerio de Ecología y les propuse la posibilidad de traer el criadero y hacerme cargo yo de todos los gastos, siempre que Ecología me aprobará y acompañará. Me dieron el ok y así comenzamos a preparar las instalaciones”, detalló Helou, sobre el valioso proyecto, que hoy es solventado a pulmón.

Una de las primeras etapas fue construir las instalaciones para estos animales, ya que se les debe garantizar un ambiente y alimentos, lo más acercado a su hábitat natural posible. En septiembre de 2013, luego de construir los recintos, comenzaron a trasladar a los roedores, una de las tareas donde los cuidados debieron ser extremos para evitar estresar a los animales.

“Desde el 2013 me hice cargo yo de todo lo que es costo de producción, pago de personal, alimentos y mediante una reformulación del proyecto en el Inta, con esta mirada hacía los productores de esta zona es que el criadero es un reproductor y hace dos años estamos con un proyecto de reintroducción de pacas y acutíes en reservas privadas, ya y pese a la pandemia, hemos entregado ejemplares en dos reservas privadas con todo el estudio previo y post que conlleva”, precisó la veterinaria sobre el objetivo del criadero.

Producción
Este proyecto permite que varios productores de la provincia, puedan contar con su propio criadero de pacas para autoconsumo, estando totalmente prohibida la venta de éstos, apuntando justamente a disminuir la caza furtiva. En la localidad, hasta ahora son dos los productores que se sumaron a la propuesta, que está abierta y deben reunir los mismos requisitos, que diariamente cumple la pareja en el criadero dentro de la reserva. Cabe mencionar que pueden comenzar a consumir una vez que la pareja de pacas que reciben produzca la primera cría y devolver al criadero original la misma cantidad que recibieron.

La importancia de esta franja de bosque se pone en evidencia con el simple hecho de comparar la sensación térmica del ambiente dentro de la reserva con el aumento de grados a pocos kilómetros a la redonda donde ya no existe monte y se torna encantador, al ver tanto la dedicación de Marcia y Daniel, como la confianza que tienen en ellos los animales que allí son preservados.

El criadero consta de 27 recintos que miden 10 metros de largo por 5 metros de ancho, separados por tejido perimetral, con una base de 40 centímetros bajo la tierra, piso de tierra y las madrigueras bajo tierra, que torna el espacio a gusto con sus hábitos y son más que necesarios para el buen desarrollo de las especies durante los meses de invierno. El ambiente es más que agradable, diferente a lo que muchos puedan creer al pensar que conviven más de 110 ejemplares, 50 pacas y 60 acutíes.

Diariamente se lleva adelante un manejo estricto para cuidar tanto la salubridad del espacio como la alimentación. “El manejo diario es sacar todo el resto de la comida, limpieza de los comederos y bebederos, remoción de las heces. Son animales herbívoros por lo que son muy frugívoros, comen todo tipo de frutas nativas y de cultivo”, explicó Marcia y para garantizar el alimento natural, desde que llegaron al lugar, llevan plantadas más de mil especies frutales, algunas de ellas hoy ya están produciendo, siendo importante mencionar que por las intensas heladas resulta difícil el cultivo de algunas variedades frutales en la reserva.


Este manejo, que hasta parece ser sencillo demanda horas de trabajo, y es donde radica uno de los desafíos: conseguir personal que los ayuden a mantener todo en perfectas condiciones; uno de los factores es la distancia a la que se encuentran y el segundo el hecho de que los cuidados se realizan de lunes a lunes. Siendo destacable el mantenimiento de los más de nueve senderos abiertos por Daniel a bordo de un cuatriciclo, a fin de realizar recorridos por las hectáreas preservadas.

“El desafío mayor es estar todos los días, es un lugar muy alejado y cuesta conseguir personal, no es un trabajo pesado pero es constante, es un animal que está bajo cuidados intensivos y en esos cuidados está el bienestar de los animales”, concordó la pareja.

“Cuesta mucho enseñar en esta zona por qué debemos cuidar y no practicar actos que perjudican a nuestra reserva, caímos acá por algo, para enseñar, pero nos está costando mucho, necesitamos el refuerzo de Ecología, que siempre dan una mano. Desde el espacio somos la única zona verde, tiene sus pro y contra, hacemos patria y ver a estos animales a salvo, que lleguen nuevas crías, eso suple todo esfuerzo”, reconocieron.

Así como los desafíos y la satisfacción, una de las preocupaciones tiene que ver con sufrir un problema de insularización, es decir, estar aislados y sin conexión a un corredor biológico.

Para evitar, lo que sería casi como una catástrofe para los cientos de especies que habitan la reserva, están trabajando en un proyecto para la protección del arroyo Campanita, que los une con la Biósfera Yabotí.

Marcia y Daniel, invitaron tanto a conocer el lugar personalmente, al que se accede desde San Pedro por ruta nacional 14, luego se toma la ruta provincial 27, hasta Siete Estrellas donde se sigue por la ruta provincial 16, desde donde el camino es de tierra; en la bifurcación a la altura de colonia Esmeralda, se deja la ruta 16 y se toma el camino vecinal.

Mediante las indicaciones con carteles se llega al predio, como así también visitando las redes, en Facebook como Reserva Natural Suirirí y mismo nombre para la página web.

 

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