domingo 26 de septiembre de 2021
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Las duras secuelas del virus: "A mí me destruyó, me quedé sin masa muscular y no sentía mi piel"

Juan Aquino tiene 38 años y es de Gobernador Virasoro, Corrientes. Hacía actividad física a diario, pero eso no evitó que atraviese la enfermedad internado y con oxígeno.

miércoles 25 de agosto de 2021 | 15:13hs.
Las duras secuelas del virus: "A mí me destruyó, me quedé sin masa muscular y no sentía mi piel"
El deportista correntino Juan Aquino superó el Covid-19 después de estar internado.
El deportista correntino Juan Aquino superó el Covid-19 después de estar internado.

La pandemia no se terminó y más allá del esperanzador avance de la vacunación, el coronavirus sigue haciendo mucho daño. Muestra de ello es la experiencia extrema que atravesó Juan Aquino (38), un deportista de Gobernador Virasoro que hoy busca recuperar su físico, pero antes tuvo que lidiar con la pérdida de sensibilidad de su piel. 

"Me higienizaba y no sentía el cuerpo, me lavaba y en vez de sentir el agua, sentía que tenía algo delante de mi cuerpo y que pegaba ahí. Rarísimo, como una carne muerta", describió en diálogo con El Territorio. Tampoco podía identificar si hacía frío o calor y en la actualidad se agita con mucha facilidad y padece lagunas mentales, una secuela que -le dijeron sus médicos- es cada vez más frecuente entre los infectados.   

Juan trabaja en una obra social, pero además "siempre hice deportes, entreno karate hace muchos años y tengo mi academia desde el 2013. De lunes a viernes doy clases, todo el tiempo hago actividad física, por lo que medianamente soy una persona sana, no tengo ninguna otra patología", precisó. 

Su odisea empezó en medio de un cambio de vida, ya que estaba organizando una mudanza a otra provincia, donde afrontará un nuevo desafío con su mujer y cuatro hijos. En Virasoro se aplicó la primera dosis de la vacuna Sinopharm el 13 de julio y a los tres días empezó a sentirse mal. 

Al principio los dolores corporales los atribuyó a la inoculación, pero de todas formas llamó al Call Center para solicitar hacerse un hisopado. Este fin de semana desde el hospital local expresaron que no había insumos, por lo que recién lo atendieron el día 20. Fueron siete días en los que su estado general se derrumbó. 

"Todo ese tiempo estuve destruído. Yo ese fin de semana me sentía muy mal, literalmente cada partecita de mi cuerpo sentía que me dolía muchísimo. Era un dolor muy feo, porque lo sentías en cada articulación", puntualizó y añadió que "sentía que me salía todo por la boca". 

El test, como era de esperarse, dio positivo y le ordenaron que se aislara. Eligió hacerlo en casa de una hermana también contagiada, ya que estaba viviendo con su madre, que tiene 70 años -no se infectó- , y prefirió cuidarla. Después de llegar y bañarse se sintió aún peor: "Traté de bañarme rápido porque sentía que me moría sinceramente. Empecé a toser, toser, toser, muchísimo". 

Por un par de días reportaban al hospital la situación y como respuesta los profesionales insistían que siga resguardado. Pero el cuadro no mejoraba y su hermana tomó la decisión de llevarlo al hospital, rompiendo los protocolos. Dio aviso que iban en camino, sin dar lugar a una negativa, por lo que en el nosocomio los esperaron para atenderlos.

El diagnóstico inicial determinó que no saturaba bien, por lo que quedó internado con suero y oxígeno. Entonces se dio cuenta cuánto lo necesitaba. Allí estuvo cuatro días hasta que por una "leve neumonía", se determinó su traslado al hospital de campaña, en la ciudad de Corrientes, donde estuvo otros cuatro días. 

Cada movimiento, como ir al baño sin el oxígeno, lo agotaba sobremanera. Incluso al principio, tendido en la cama, no podía responder los mensajes de sus familiares debido a que no aguantaba el celular en las manos. Enviar audios tampoco era una opción por sus dificultades para respirar. 

Juan destacó la atención que recibió y que vio en el hospital donde se concentran los casos graves de la vecina provincia. Enfermeros y médicos muy atentos a todas horas, kinesiólogos y una muy buena alimentación. En su estadía allí, vio como entraba y salía gente constantemente, unos muy graves y también personas con mucho miedo, desesperados.   

"Vos escuchas y ves de todo. Son tres clínicas, yo estaba en la B, está la A y está terapia. En terapia están los que necesitan oxígeno constantemente, cuando te vas a hacer una tomografía ves todos los que están entubados y siempre lleno. Ves eso y es chocante, porque yo no soy de hierro", describió. 

Y amplió: "La doctora me decía, acá hay muchos pacientes de Virasoro, y lastimosamente muchos llegan mal, ya no podemos hacer nada". Por su experiencia, le atribuyó esa situación a la burocracia, que muchas veces hace que el enfermo se vuelva a su casa sin un diagnóstico certero. En el último parte oficial (24/08), la localidad reportó 166 casos positivos de la enfermedad.

Una vez que dio negativo y pudieron determinar que saturaba bien, el 29 de julio lo trasladaron nuevamente a su hogar en ambulancia, aunque por ahora no pudo volver a trabajar (no tiene el alta de la ART) y se encuentra haciendo su recuperación con un neumonólogo y una kinesiologa. Hoy le cuesta cualquier esfuerzo. 

"A mí me destruyó, quedé sin masa muscular, yo no sentía mi piel cuando me bañaba o me higienizaba. Me dijo el médico que estas son cosas que te van a llevar tiempo para recuperar, no voy a poder empezar ya a hacer una vida normal. Mucho tiempo sentí ni frío ni calor, constantemente estaba abrigado porque estaba consciente que me tenía que cuidar por el tema de los pulmones. Era rarísimo, me sentía muy débil, no me pesé pero habré perdido como 10 kilos. Me miraba y no podía creer", retomó el entrevistado sobre las secuelas. 

El virasoreño no sabe cómo se contagió y más allá de que tiene contacto con gente en ambas labores diarias, asegura que siempre tomó los recaudos: "Yo siempre respeté, con todos los cuidados. No tenía miedo, pero era consciente de que hay un virus que está destruyendo. Respetaba y me cuidaba, porque siempre estaba en mi casa. Ahora que pasé por esto puedo decir que no es una enfermedad más, es bastante complejo, pega mal". 

Finalmente, remarcó la importancia de la familia: "Yo estaba en constante contacto con ellos. Sentir el afecto y el acompañamiento de la familia y de muchísima gente que se contacto conmigo, alumnos, padres, es muy fuerte. Después de encontrarme con mi mujer y mis hijos, es un remedio también. Mis hijos son un motor, es lo que te motiva y en lo que te enfocas".  

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