domingo 26 de septiembre de 2021
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El golfista, misionero por adopción, superó cuatro operaciones

“El golf me cambió la vida por completo”

Celio Clausen (81 años) utiliza al deporte como herramienta vital para alimentar su salud física y mental en la rutina diaria

domingo 22 de agosto de 2021 | 6:05hs.
“El golf me cambió la vida por completo”
Hace 47 años que Celio descubrió el golf y nunca más lo soltó. Foto: Sixto Fariña.
Hace 47 años que Celio descubrió el golf y nunca más lo soltó. Foto: Sixto Fariña.

Con 81 años bien llevados, Celio Clausen siempre tuvo presente al deporte en su hoja de ruta. Santafesino de cuna pero misionero por adopción, el reconocido dueño de ‘Rincón Musical’, hace del golf una filosofía de vida.

Celio llegó a la provincia con 18 años, aunque el negocio no resultó y sus padres tuvieron que volverse a los pagos de Colonia Ambrosetti. “Me quedé porque tenía algo con Misiones. Veía que acá podía progresar”, inició la charla. “Empecé a trabajar en ‘La Casita de Emmy’ y cuando pude independizarme en 1968, instalé el actual negocio, el rinconcito que tanto anhelamos con mi esposa”.

“Por suerte nuestros clientes siguen pidiendo discos y, además, vendemos instrumentos; esa es la forma de sostener económicamente este negocio de familia”, remarcó el papá de Laura y Noemí, y abuelo de Juan Miguel De Sanctis.

Pero más allá de convertirse en un reconocido personaje de la historia popular capitalina, a Celio lo marcó la actividad física desde chico.

¿Cómo es tu relación con el deporte?
“Antes jugaba al fútbol, de wing izquierdo sin ser zurdo y me defendía...sólo corría (entre risas). También me sumé al básquet porque tenía el club a una cuadra de casa. Ya en Misiones, por cuestión de trabajo y poco tiempo, hice ciclismo urbano”.

“Después pasé por el tenis, me hice socio del club Rowing; un día mi concuñado me invitó a comer un asado en el Tacurú con la familia y me dijo ‘bueno, ahora vamos a jugar al golf’...yo no quería saber nada porque no tenía idea, lo mío era el tenis, aunque aprovechamos que ese día había una ‘Laguneada’”.

“Agarré el palo y le pegué bien sin haber practicado nunca...eso fue todo lo que necesité. Dicen que el golf es el cementerio de los tenistas, y yo creo que es así”.

“Hicimos un buen score y me dije ‘esto es lo mío’; ahí nomás ya nos fuimos a practicar con el profesor... nunca más agarré la raqueta. En 1970 me hice socio del Tacurú y en el 73 ya estaba jugando torneos”.

¿Qué significa el golf en tu vida?
“El golf me cambió la vida por completo. Llevo 47 años con esta pasión. Siempre tenía problemas a cuestas por el negocio (Rincón Musical)...había días que por la siesta iba al club a practicar para mejorar mi juego y me daba cuenta de que cuando llegaba otra vez al negocio ese problema no era tal, era solucionable”.

“La mente se despeja. De entrada te concentrás para pegarle, no necesitás fuerza sino ubicación, y de ahí disfrutas el recorrido, la naturaleza”.

“Este deporte te enseña a ser perseverante, porque hay días que no te sale nada...algunos se desahogan rompiendo el palo, yo jamás lo hice”.

¿Cómo es tu rutina?
“En casa ubiqué una jaula (red de pescadores y alfombra) y le pego a la pelotita todos los días al mediodía, unos cinco minutos. Además como sano respetando las cuatro comidas del día...incluyo mucha fruta (mandarinas o naranjas)”.

“Siempre estoy leyendo y hasta intenté tocar la guitarra...aunque en su momento Miguel Viarengo me dijo ‘Celio, sabés qué, seguí vendiendo nomas’...y tenía razón (entre risas)”.

Por otra parte, “al club estoy yendo sólo los domingos. Por la pandemia no hacemos el recorrido de 18 hoyos, nos quedamos en la mitad por precaución”.

“La ventaja que tengo es que no siento molestias en las piernas. Creo que tiene que ver con el deporte, la comida sana y un poco con los genes”.

Y no es para menos. Celio superó cuatro operaciones: dos de hemorroides, una de vesícula y otra de cataratas. Todos los inconvenientes dejados a un lado gracias a la buena salud.

¿Qué lugar ocupa el deporte?
“No me imagino una vida sin deporte. Cuando era chico mi padre hacía flete de camiones y lo acompañaba, pero no me quedaba quieto jamás. Jugaba con una pelota de trapo y hasta fabriqué una barra para saltar”.

“Estas dos semanas que no pude venir al club por la operación de cataratas ya me desesperé...querés el pasto, la sombra, el sonido, la naturaleza, el aire puro”.

“En cuarentena iba al Tacurú y me ubicaba frente al portón añorando que el club esté abierto. Demasiada era mi necesidad de volver...imaginate que cuando me iba de vacaciones jugaba al golf en el lugar que estaba, como Sudáfrica, Punta Cana o San Andrés. Son los gustitos que me di. Con el golf te cansás, te pegás un baño, estás cinco minutos sentado y quedás como nuevo”.

¿Qué le dirías a la gente que está leyendo?
“Lo mínimo que caminen, y no en el cemento. Nada competitivo sino por la salud, hay que moverse porque los músculos se atrofian”.

 

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