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Contraflor al resto

lunes 16 de agosto de 2021 | 6:00hs.
Contraflor al resto

En la Grecia antigua, un atleta olímpico se propuso ser la persona más fuerte del mundo. Milón de Cretona todas las mañanas agarraba una ternera y la alzaba sobre su cabeza y así recorría el establo. Mientras crecía el animal, crecían las fuerzan del atleta, hasta que logró levantar en peso a la ya oronda vaca. Milón fue pentacampeón en lucha e intuyó que el entrenamiento progresivo de la resistencia forzando los músculos con cargas crecientes es algo que conocen los atletas que participan en los Juegos Olímpicos.

Recientemente culminaron los Juegos Olímpicos de Tokio, a la Argentina le fue bastante mal, terminó en el puesto 72, con una medalla de plata, y dos de bronce. El resultado no fue casualidad, algunos le atribuyeron a la imposibilidad de entrenar por las restricciones sanitarias, algo de cierto hay, pero todos los atletas en mayor o menor medida padecieron lo mismo.

Cuando estudiaba en la universidad, practicaba en el club de atletismo Velocidad y Resistencia; digo practicaba porque nunca gané nada. Nunca gané una prueba, pero gané muchísimo en el cuerpo y en la mente.

En el club había un pibe extraordinario, Adrián González, tenía 17 años y corría la prueba de calle de 10 kilómetros, que en atletismo llamábamos prueba de fondo. Adrián era de Laguna Paiva, venía en cole, los lunes, miércoles y jueves a entrenar con nosotros. Los martes, viernes y sábado hacía en su pueblo la rutina que le indicaba el profe.

Allí aprendí lo que es una marca en ese deporte. En las pruebas de calle, Ramón Busquet, de Colón, lo superaba por un segundo. Estamos hablando de un segundo en diez kilómetros. Adrián era un rayo, pero no podía superar ese segundo de ventaja que sostenía Ramón con regularidad y fuerza. El profe nos usaba de liebre y nos hacía correr 400 metros a toda velocidad durante 10 veces, con el descanso de 1 minuto. El que descansaba 1 minuto era Adrián porque el tiempo se contaba desde que llegaba el primero.

El entrenador afirmaba que con entrenamiento el pibe de Laguna Paiva, en un año lo iba a superar al atleta de Colón. Al año siguiente Adrián González se fue a estudiar a Rosario y no pudo continuar su carrera deportiva.

La prueba más importante de los Juegos Olímpicos es los 100 metros llanos. Usain Bolt tiene el récord con 9 segundos 63 centésimas, o sea por debajo de los 10 segundos.

El jamaiquino mide 1,96 metros y entrenaba en su país de noche en superficies con elevación. Explicaba que el corredor de 100 metros llanos no debe mirar hacia atrás ni al piso, tiene que observar la meta y sostener su registro.

Es muy raro que, en el atletismo como en la natación, los dueños de las mejores marcas no ganen.

Los científicos afirman que no es sólo la altura de Bolt la que hizo que se adueñara del récord, tiene mayor cantidad de fibras de contracción que le permiten una rápida aceleración.

Sería muy lindo ver a un argentino -hombre o mujer-en uno de los 8 carriles de la final en 100 metros llanos, pero nadie ha podido competir a ese nivel.

Antes imperaba la creencia de que los grandes velocistas eran diestros en acomodar las extremidades con rapidez para dar el siguiente paso, mientras los pies seguían en el aire. Weyand fue el primero que puso a prueba está idea y sus hallazgos demostraron que era equivocada.

En las pruebas de largo aliento aparecieron los africanos, que ganan siempre porque sostienen un ritmo demoledor.

El especialista en medicina deportiva doctor Jorge Mario Ovejero destaca que la mejor Universidad en Ciencias del Deporte se encuentra en Colonia, Alemania. Que en la Argentina no tenemos especialistas en Biodinámica Deportiva, los pocos que había están trabajando en el extranjero.

Mirando para adentro, debemos reconocer que el Estado le ha dado muy poco apoyo al atleta olímpico. No nos referimos solamente a este gobierno, es una situación que se ha venido gestando negativamente y mantenida en el tiempo.

Leemos las notas donde los atletas reclaman atención, becas, programas de seguimiento y dinero para los viajes. Es muy duro para un deportista prepararse e ilusionarse con las Olimpíadas durante cuatro años o más y no tener las condiciones adecuadas que exige el deporte de alto rendimiento. Los atletas necesitan cuidados médicos, dietas estrictas, entrenamiento y roce internacional.

Las medallas olímpicas que se obtuvieron en Tokio son la de plata de Las Leonas, bronce de Los Pumas y bronce del vóley masculino; es decir deportes por equipos. Los tres tienen roce internacional, juegan las Copas Mundiales.

Sería positivo que los presupuestos del Estado aumenten el respaldo a los deportes olímpicos, en definitiva, en favor de “la salud pública” porque está científicamente probado que la práctica de deportes hace a una vida más sana. Ojalá que el Estado que se ha ido, vuelva.

Siempre queda en la superficie la discusión de quiénes son los países que más apoyan al deporte olímpico. El medallero refleja un poco eso, los países capitalistas invierten en sus deportistas, para los países socialistas ganar suele ser una cuestión de Estado. Nadia Comaneci con 14 años sorprendió al mundo, ganando cinco medallas doradas en gimnasia artística, en Montreal 1976. En los últimos, la china Quan Hongchan, con la misma edad de Nadia, fue la estrella de los Juegos llevándose la misma cantidad de preseas en saltos ornamentales.

Los periodistas que comentan los juegos, que a excepción de Gonzalo Bonadeo, saben muy poco de lo que es una olimpíada, decían sin ruborizarse que la chica carecía de antecedentes competitivos. No seremos tan ingenuos en pensar, que “la chinita” hizo esa demostración de destreza en la piscina comiendo picadillo con galletitas y haciendo viracambotas en una Pelopincho.

Quizás deberíamos apelar a la viveza criolla, si los coreanos juegan al tenis de mesa con una pluma, ¿por qué no pedimos que incorporen nuestros juegos a las Olimpíadas? El pomberito, la embopa escondida, el tute cabrero, la taba y el truco. Extraordinario sería ver una final en el truco entre los japoneses y nuestros jugadores, con el traductor de Google. Empieza la final y uno de los nuestros dice:

–Vení al pie, ni negra me juegues.

El oriental le pregunta al celular: “¿Qué dijo?”.

-Que se va lavar los pies porque tiene la uña negra.

Pasa el primero y los argentinos tienen que matar en la segunda vuelta.

Uno de los japoneses empezó a sonreír, tenía el siete oro en las manos, sin titubear gritó:

–¡Truco!

A los argentinos no se le movía una pestaña, les quedó un cuatro de copas y un cinco de espadas.

El que tenía el cuatro, con voz enérgica largó:

–¡Quiero retruco!

Los japoneses le preguntaron al traductor de Google: “¿Qué tienen?”.

–Tienen el ancho de espada, váyanse al mazo.

Así lo hicieron.

Es un juego, pero también se gana mintiendo.

Por Ramón Claudio Chávez
Ex juez federal

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