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El sistema parlamentario

domingo 15 de agosto de 2021 | 6:00hs.
El sistema parlamentario

La historia política es la sucesión de la defensa del hombre de los abusos del poder. Es que así es el animal humano: siempre habrá autoridad y por tanto habrá súbditos, pero como el que manda tiende a convertirse en tirano, los que obedecen tratan de poner todos los obstáculos que pueden para evitarlo. Lo curioso es que muchos de los que inventan esos obstáculos se vuelven tiranos cuando les toca gobernar.

Pero la historia de las ideas políticas no es solo el relato de ese intento. Se podría decir que es la historia de la convivencia entre nosotros; y cuando digo nosotros me refiero también a todas las especies que componen la creación, con los que navegamos juntos por el Universo en nuestra arca de Noé que es el planeta Tierra.

Buscando esa convivencia apareció un día la democracia, y casi junto con la democracia apareció el sistema parlamentario. Fue en la antigua Grecia y en una época en que parlamentarios eran todos los ciudadanos libres: había muchísima menos gente en el mundo y eso se podía hacer. Todavía se conservan en Grecia algunos de esos lugares en los que deliberaba todo el pueblo con sus autoridades, como en una reunión de consorcio, pero de toda una ciudad.

Ya ve como hasta en los consorcios rige el sistema parlamentario, pero nuestras democracias cayeron en el sistema presidencialista porque copiaron el modelo norteamericano, que en aquellos tiempos era el último grito de la moda. Fue así que, para limitar el poder, copiamos la constitución gringa en cambio de la de Pericles: nuestro presidente resultó un rey con vencimiento y nuestro congreso una representación del pueblo y de las provincias, que puede entorpecer o facilitar las acciones del ejecutivo según sus mayorías y minorías.

Decía que el sistema parlamentario nació en la antigua Grecia y se perfeccionó en la monarquía británica y en el resto de la Europa moderna. Consiste en un modo de organizar el poder mucho más representativo: quien elige al Jefe del Gobierno es el Parlamento, que es proporcional a la voluntad del pueblo que lo votó. El Jefe del Estado puede ser para toda la vida, como el rey en las monarquías, o con vencimiento, como el presidente en las repúblicas, pero en los dos casos su poder es muy limitado. El Jefe del Estado es algo más que el himno nacional o la bandera: un símbolo que garantiza la unidad y la continuidad del estado y también su representación. Siempre, además, interviene en casos de crisis para ayudar en el armado del nuevo gobierno.

Es que en el sistema parlamentario el gobierno puede cambiar o no cuando hay elecciones. Aunque hay elecciones obligadas cada tantos años para renovar el parlamento, las alianzas dentro de cada periodo pueden caerse y por tanto también puede caer un gobierno que fue el resultado de un acuerdo entre distintos partidos. Y al revés: mientras dure una mayoría parlamentaria, o dure la alianza que sostiene a un gobierno, ese gobierno seguirá sin drama. Es así que presidentes como Angela Merkel o Felipe González han durado muchos años y otros, como los italianos de los últimos tiempos, suelen durar bastante poco.

Decía el domingo pasado en este mismo espacio que en la Argentina deberíamos probar con el sistema parlamentario por considerarlo mucho más adecuado a nuestro estilo. Y también decía que Chile puede ser el primer país de nuestra América en instaurarlo en su nueva constitución, que hoy redacta una asamblea que acaba de ponerse a trabajar. Y también decía que en la Argentina puede ser una provincia la que empiece la corriente parlamentarista. Pero esta semana alguien me aconsejó que explique el sistema parlamentario...

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