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Pinceladas de historia

Colonia del Sacramento

domingo 15 de agosto de 2021 | 6:00hs.
Colonia del Sacramento

El Río de la Plata había sido visto con marcado interés por la Corona portuguesa desde épocas muy tempranas. Portugal, como país tradicionalmente vinculado al comercio ultramarino por su posición sobre el Atlántico, valoraba la zona rioplatense como un espacio geoestratégico fundamental para la expansión de sus fronteras y centro vital para el comercio. Ya en 1621 se afirmaba que en Buenos Aires vivían más portugueses que españoles. En 1680, el gobernador José de Garro indicaba que la ciudad se componía mayormente de portugueses, hijos de portugueses y sus descendientes. El comercio los había llevado a residir allí. Hacendados de Rio de Janeiro y Sao Paulo tenían en el Plata sus intereses.

A pesar del desarrollo que experimentaban las colonias rioplatenses, la Corona española no había ocupado la orilla izquierda del estuario. Montevideo recién sería fundada en 1724. La Banda Oriental se constituía como una región fundamental en el comercio del cuero. En sus praderas vivían cientos de miles de vacunos cimarrones.Portugal, en cambio, desde su independencia en 1640 intentó en muchas oportunidades afianzar su posición en ese espacio.

En enero de 1680, Pedro II ordenó al gobernador de Rio de Janeiro don Manuel Lobo la instalación de la Colonia del Sacramento en la margen oriental del río de la Plata. Inmediatamente desde Buenos Aires se ordenó la expulsión de los portugueses de ese lugar, iniciándose en ese momento una contienda que duró más de un siglo. Pocos meses después de la creación de la Colonia portuguesa, José de Garro, gobernador de Buenos Aires la tomó por la fuerza con hombres y armamentos enviados desde el Virreinato del Perú, de donde dependía la gobernación de Buenos Aires. Tres años después, en febrero de 1683 la colonia era devuelta por la Corona española. Los portugueses decidieron entonces fortificarla. En 1704, después de la Guerra de la Sucesión Española, que derivó en un nuevo conflicto entre las coronas ibéricas, la Colonia es nuevamente tomada por Buenos Aires, en este caso, bajo el gobierno de don Alonso de Valdés Inclán. Diez años después, el Tratado de Utrecht devolvió la Colonia a los portugueses.

A partir de entonces Colonia ya no fue sólo un punto estratégico fundamental, sino el centro más importante para el comercio ilegal de los productos rioplatenses hacia Europa. El comercio aceptado por España para los mercaderes rioplatenses obligaba a éstos a realizar un largo y penoso recorrido por los senderos montañosos de los Andes hasta el puerto de Lima. Desde allí se los enviaba al istmo de Panamá, donde hoy está construido el canal, en carretas se trasladaban los productos hacia un puerto panameño en el Caribe y desde allí nuevamente por mar hasta España. Largo, engorroso y poco rentable para cualquier emprendedor. Por lo tanto mucho más fácil fue eludir las burocráticas leyes españolas,

omitir los impuestos de la Corona y comerciar ilegalmente desde la Colonia del Sacramento, que se constituyó en el principal puerto de exportación de los productos rioplatenses hacia el Viejo Mundo.

Mientras ello ocurría, nada hacía España para legalizar el comercio por Buenos Aires, el principal puerto natural de aguas profundas que poseía la Corona en el río de la Plata.

En 1735 otro gobernador bonaerense, Miguel de Salcedo intentó tomar nuevamente el puerto portugués. Pero la plaza, como consecuencia del marcado desarrollo del comercio, había sido fuertemente armada por la corona portuguesa. Durante dos años se desarrollaron varias batallas navales. logrando finalmente mantenerse allí los portugueses. En mayo de 1737 otra convención de paz abrió un nuevo paréntesis en las tensas disputas por ese sitio entre las coronas. En 1750, en momentos en que ambas coronas se hallaban unidas, se firmó el Tratado de Madrid o de Permuta entre España y Portugal donde Portugal se comprometía a ceder la soberanía en la Colonia del Sacramento y a cambio España cedía los Siete Pueblos de las Misiones Orientales expandiendo la frontera entre ambas coronas hasta el río Uruguay. Ello derivó en la sangrienta Guerra Guaranítica, que duró más de un par de años y que obligó a ambas coronas a retrotraer la situación a como se hallaban antes de 1750. La sangre derramada por el pueblo guaraní de las Misiones Jesuíticas evitó, sólo por medio siglo, que el expansionismo portugués incorporara esos pueblos a su territorio.

En 1762 se crea el Virreinato del Brasil y se designa como capital a Río de Janeiro. La idea central del marqués de Pombal, un gran estratega del Imperio portugués, protagonista principal, entre tantos hechos, de la expulsión de los jesuitas de Portugal, fue la de dividir en Capitanías el Reino del Brasil y fortalecerlas militarmente. Una de esas Capitanías fue la de Río Grande desde donde se inició la política expansionista hacia el territorio rioplatense.

Este decidido y planificado avance portugués más los problemas que acarreaba a las arcas de la corona española el contrabando en Colonia, obligaron a España a crear el Virreinato del Río de la Plata en 1776.

El primer virrey fue don Pedro de Ceballos. Su primera misión fue la recuperación de la Isla de Santa Catalina, la que cumplió en el mismo viaje hacia Buenos Aires para hacerse cargo de su nombramiento. En 1777 organizó el rescate de la Colonia del Sacramento que, a pesar de que para entonces estaba fortificada por los tres lados que daban al río de la Plata, Ceballos logró ocuparla, dejando en pie sólo las iglesias. Construyó allí una batería para defensa de la zona.

Ese mismo año, 1777, España perdió la gran oportunidad de definir los límites en las posesiones americanas de ambas coronas en la firma del Tratado de Paz de San Ildefonso. Por el contrario, a pesar de estar ocupada la Colonia por las fuerzas españolas, se decidió la devolución de la misma a Portugal, al igual que la isla de Santa Catalina.

En 1801 una nueva guerra entre ambas coronas se produce en tierras europeas, la guerra de las Naranjas, de la cual España salió victoriosa. En el Tratado de Badajoz, en junio de 1801, se estipuló que las posesiones americanas se conservarían en el estado en que se hallaran en ese momento. Sin embargo, desoyendo ese tratado, en agosto de 1801, dos meses después, fuerzas lusitanas ocuparon los Siete Pueblos definiendo la frontera entre Portugal y España sobre el río Uruguay, hasta hoy.

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