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Nadie se salva solo

miércoles 11 de agosto de 2021 | 6:00hs.
Nadie se salva solo

Fratelli Tutti es la carta encíclica que escribiera el Papa Francisco. Cuenta que mientras lo hacía en su solitario escritorio del Vaticano, irrumpe de manera inesperada la pandemia del Covid-19 que dejó al descubierto las falsas seguridades. Agrega: más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. Señala: durante décadas parecía que el mundo había aprendido de tantas guerras y fracasos y se dirigía hacia nuevas formas de integración. Se avanzó en una Europa unida que incluyó a países del caído bloque soviético, capaz de reconocer raíces comunes. Sin embargo, la historia da muestras de estar volviendo atrás. Se encienden conflictos anacrónicos, resurgen nacionalismos cerrados, resentidos y agresivos. En países del mundo, penetrados por diversas ideologías, se crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social enmascarado bajo una supuesta defensa de los intereses nacionales. Sin un proyecto para todos, la mejor manera de dominar y avanzar sin límites es sembrar la desconfianza disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exacerbar y polarizar negando el derecho de opinar. No se recoge del otro su parte de verdad y, de este modo, la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte. La política ya no es una discusión sana sobre proyectos a largo plazo para el desarrollo de todos y el bien común, sino recetas que encuentran en la destrucción del otro el recurso más eficaz.

El Rector de la Ibero Puebla define que el Papa propone otro modo de interdependencia humana fundado en el cuidado y no en el consumo, y señala la solidaridad y la fraternidad como principales caminos para alcanzar la libertad y la equidad.

Para el Papa el modelo actual es insostenible porque los sueños de las sociedades democráticas, y en comunión mundial, se van rompiendo en pedazos ante la reaparición de fundamentalismos, nacionalismos y otros modelos cerrados y egoístas.

En esta nueva encíclica, el Papa induce a dar un giro radical a las relaciones humanas en todos los ámbitos, e invita a poner la mirada en el otro humano: al pobre, al anciano, al discapacitado, como signos también de una sociedad global enajenada por el consumismo.

Fratelli Tutti ofrece una luz para guiarnos en pos de los cambios necesarios en nuestra sociedad. En especial, en momentos que la pandemia ha revelado crudamente profundas causas y gravísimas consecuencias en esta crisis mundial crónica, que se arrastra desde mucho antes de la llegada de la Covid-19.

Frente a este horizonte, que parece no prometer un cambio radical de paradigmas en el mundo después de la pandemia, el camino que señala el Papa supone el diálogo como herramienta básica para rencontrarnos en tiempos de división. Sólo así podremos construir una nueva cultura del encuentro y construir puentes en tiempos de muros; convertir enredos en tejidos, en redes fraternas y comunitarias. La encíclica reinterpreta y nos entrega, en momentos singularmente adversos, una vieja y sencilla verdad largamente ignorada o negada: somos hermanos y hermanas; “nadie puede salvarse solo, únicamente es posible salvarse juntos”.

Y “nadie se salva solo” es lo que expresó el presidente Alberto Fernández, adhiriendo de este modo a las expresiones vertidas por el Papa, cuando abriera la cumbre de sesión a puertas cerradas entre los Estados Asociados e Invitados Especiales del Mercosur, haciendo un fuerte llamado a la unidad del frente común. Y este llamado al frente común de unidad mercosuriana, también debe alcanzar a nuestra República Argentina donde el que piensa distinto se ha convertido, no el adversario como debiera ser, sino en enemigo al que hay que destruir.

Para orientar nuestro destino pensando en las generaciones que vendrán, las fuerzas políticas tendrán que hacer un acto de reflexión y programar puntos de discusiones, entre sus pares, con el objetivo en resolver los problemas crónicos que aquejan a nuestra Nación, teniendo presente temas básicos que deben resolverse: A-como bajar la inflación, el drama crónico del país. B- como bajar el gasto del Estado que origina el tremendo déficit fiscal. C- como bajar los índices de pobreza que hoy somete a casi la mitad de los argentinos. D- como resolver el problema de la educación para que todos los chicos terminen la escuela primaria y completen el colegio secundario; concomitante, que los maestros tengan sueldos dignos. E- como elevar el sistema de salud y, los dedicados a ella, también tengan sueldos dignos.

Son cinco los puntos básicos que deberán resolver los representantes de los partidos políticos de aquí en más, de lo contrario, si cada fracción en el gobierno aplica recetas unilaterales sin consenso, creyendo en la inveterada costumbre de que ellos solos salvarán al país, seguirán caminando al tanteo y sin ver cerrarse ni por casualidad la grieta que los desune. En conclusión, nunca más cierta la frase del papa Francisco asumida por el presidente Fernández, “nadie se salva solo”. Tampoco, presidente, nadie de afuera nos tirará un pial de ayuda.

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