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Vestigios de tiempos pasados

Reliquias que son tesoros de las chacras misioneras

La provincia creció con el sudor de los colonos quienes, con sus herramientas, la erigieron como agrícola. Estos objetos sobreviven y rinden honor al duro trabajo de esa época

domingo 01 de agosto de 2021 | 6:08hs.
Reliquias que son tesoros de las chacras misioneras
Francisco Christ (71) vivió desde chico en una chacra de Capioví y atesora, entre otras cosas, un arado tumba de reja de 1930 y un tractor de 1919, que fueron recientemente expuestos en la Plaza de los Pioneros de esa localidad. Foto: ESTEBAN GONZÁLEZ
Francisco Christ (71) vivió desde chico en una chacra de Capioví y atesora, entre otras cosas, un arado tumba de reja de 1930 y un tractor de 1919, que fueron recientemente expuestos en la Plaza de los Pioneros de esa localidad. Foto: ESTEBAN GONZÁLEZ

Las chacras misioneras guardan en sus entrañas los vestigios que rememoran otros tiempos. Años en los cuales predominaba el trabajo manual y la mayoría de las herramientas eran hechas por los mismos colonos. No existía la automatización, sólo la fuerza de los animales unida a la del hombre eran el combustible para trabajar la producción.

Arados, serruchos y todo tipo de instrumentos fueron parte del proceso de crecimiento que llevó a que Misiones se alce como una de las provincias productoras por excelencia del país y se posicione como proveedora de distintos alimentos y productos industriales de la región.

Algunas de estas herramientas fueron traídas de otros países por los inmigrantes, que fueron quienes pusieron más ímpetu en el desarrollo de los cultivos como yerba, tabaco y té. Este proceso inmigratorio que tuvo su inicio a finales del siglo XIX y principios del XX fue el puntapié en la consolidación de la Tierra Colorada como unidad productiva y sería clave para las próximas generaciones de productores.

Y aunque el paso de los años dejó sus huellas de óxido, aquellos viejos instrumentos de labranza aún siguen estando operativos. Es más, en algunos casos siguen siendo utilizados por los colonos quienes indican que esto se debe a que “antes los objetos estaban hechos para durar” y a diferencia de lo que pasa muchas veces en la actualidad, en esa época, cuando algo se descomponía no se tiraba, sino que se intentaba reparar, pues siempre se encontraba una manera de arreglar las cosas.

Relato de un recuerdo

Los distintos municipios de la provincia se fundaron a manos de familias agricultoras de escasos recursos, pero que con trabajo diario y pesado fueron dando forma a las hectáreas de verde que pronto se convirtieron en materia prima agrícola.

Don Pedro Melnik tiene una chacra en Guaraní, a kilómetros de Oberá, donde conserva los elementos que ayudaron al crecimiento de la zona. En el depósito de la casa que asemeja a un museo, se pueden hallar los más llamativos objetos de antaño, todos ellos útiles para la rutina. Incluso, aún se mantiene en pie la vieja casa de sus abuelos, una edificación que tiene aproximadamente 100 años pero que retrata la historia de la familia, plasmados en la memoria de quienes supieron ser sus habitantes (ver página 4).

Similar es el caso de Cristian Jakinchuk, propietario de Granja El Potrero, quien tiene en exposición un arado perteneciente a sus abuelos. Esa joya histórica la utiliza para enseñar a los niños sobre el trabajo duro y la importancia de dar valor a lo que hoy se tiene (página 5).

En Capioví se encuentra Francisco Christ  (71) que es carpintero y metalúrgico, pero su amor por los fierros antiguos, maquinarias y herramientas viejas va más allá de su profesión. “Cuando inicié mi carpintería y como siempre viví en la chacra, hice acoplados de tractor para los colonos, compraba aquellos que estaban viejos y abandonados para restaurarlos”, contó, quien además hizo otras herramientas como serruchos mecánicos. Al igual que Francisco, Marcos Hasser en Ruiz de Montoya y Enrique Arrúa (junto a su primo Raúl Flach) en Capioví aún conservan los viejos tractores heredados de otras épocas. Mientras que otro ejemplo de preservación es el de Enrique “Ico” Otto, quién a sus 72 años vive en su chacra de Colonia Oasis y tiene como tesoro un arado de buey y otros elementos que se usaban en el quehacer diario (página 6).

En San Pedro fueron numerosas las familias que a tracción de sangre comenzaron a labrar la tierra. Durante muchas décadas el trabajo en las chacras fue manual, y muy de a poco con la llegada de nuevos pobladores, comenzaron a surgir algunas primeras herramientas un tanto más sofisticadas pero lejos de las opciones de hoy día.  Uno de los ejemplos es una trilladora manual de maíz que lo guarda como una reliquia la familia Frey en colonia Santa Rita (página 8).

Asimismo, en Campo Ramón  se encuentra el vecino Antonio Filippin (67). Entrar en la propiedad de Filippin es como entrar en un museo particular, dónde tiene diferentes elementos que en su tiempo fueron útiles para el trabajo manual, creando tejas de madera, los marcos de ventanas y puertas, además de dar motivos artísticos a muebles. Asimismo, aún guarda con recelo una máquina que sigue utilizando para moler uva y producir vino propio, una herramienta que tiene más de 60 años (página 9).

Algunos municipios misioneros también decidieron conservar en sitios especiales estas máquinas. El Museo Cooperativo de Eldorado, fundado en 1999, fue el lugar elegido por muchos pioneros o descendientes de ellos para mostrar las antiguas herramientas de trabajo y artículos que trajeron desde sus países de origen (tanto domésticos como comerciales) que muestran a las claras los desafíos que debieron afrontar en esa época (página 10).

Mientras que un lugar similar se puede encontrar en Oberá, donde los museos son sinónimo de historia regional. Uno de ellos se sitúa en la Casa del Bicentenario, desde donde el reconocido historiador José Lindstrom contó que el objetivo es preservar la historia, a través de los años, tomando como norte una de sus frases de cabecera: “Un pueblo que olvida sus tradiciones, olvida hacia dónde va” (página 11).

Todos estos objetos son parte de la memoria de una Misiones agrícola que se erigió como tal gracias a las manos callosas, curtidas por el sol, la tierra, el frío y el trabajo pesado de aquellos colonos que un día decidieron poblarla. Recuerdos profundos de otros tiempos, más difíciles quizás, pero donde la simpleza ganaba la partida. En este informe de domingo, El Territorio rememora algunas de estas maquinarias y herramientas que fueron motor del crecimiento y representan parte esencial de la historia de una provincia que se posiciona hoy con la mayor diversidad productiva de la región. 

 

Informe de domingo

Posee un museo en la propia casa con objetos de más de 100 años

Expone la reliquia de su familia para enseñar a los niños

Es carpintero y metalúrgico en Capioví

Ico conserva su arado en la chacra como un tesoro

Los tractores forman parte de la vida de los vecinos

Preservar las herramientas como símbolo de progreso

Los pioneros tienen un guardián de la memoria

“Un pueblo que olvida sus propias tradiciones, olvida hacia dónde va”

Cepillos y moledoras de uva que datan de unos 60 años

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