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Pinceladas de historia

Gaspar Tacuabé, último caudillo guaraní y la utopía restauradora de Misiones

domingo 01 de agosto de 2021 | 6:00hs.
Gaspar Tacuabé, último caudillo guaraní y la utopía restauradora de Misiones

Gaspar Tacuabé, olvidado por la historiografía regional, fue un importante caudillo guaraní-misionero que sobrevivió a la masacre de los tiempos artiguistas y se constituyó con el tiempo en un oficial urquicista. Uno de sus grandes epopeyas fue la recuperación transitoria de Misiones, en 1840, cuando este territorio estaba ocupado por el Paraguay.

Tacuabé luchó en las filas guaraníes que intentaron sostener los últimos pueblos de San Roquito y Asunción del Cambay (campamentos formados por ancianos, mujeres, niños y algunos pocos sobrevivientes a las luchas de Andrés Guacurarí contra los luso-brasileños). Estas precarias aldeas, remanentes de los destruidos pueblos antiguamente jesuíticos, fueron atacados e incendiados por las fuerzas correntinas de Pedro Ferré en 1827, las que, a partir de ese momento, se apropiaron de las Misiones desde el Miriñay hasta el Aguapey. Por ello, Tacuabé se convirtió en un tenaz enemigo de Corrientes y férreo defensor del federalismo desde su campamento militar en Mandisoví.

Gaspar Tacuabé era natural del pueblo misionero de La Cruz. Ésta, desde los tiempos jesuíticos había cobrado fama de tener los hombres más aguerridos de las Misiones. Originariamente fue la Reducción de Nuestra Señora de la Asunción del Acaray, trasladada después al norte, siempre sobre el río Uruguay, donde tomó el nombre de Asunción del Mbororé. Fueron sus habitantes los que debieron organizar la tenaz defensa contra las malocas paulistas en la famosa Batalla del Mbororé, en al que quedaron sepultadas las acciones esclavistas de las bandeiras. Luego sufrió un nuevo traslado hacia el sur, donde tomó el nombre de Asunción de la Cruz del Mbororé, o simplemente La Cruz, como aún hoy se denomina la ciudad emplazada en ese lugar, en la provincia de Corrientes. Esa comunidad explotó campos al oriente del río Uruguay, lo que motivó constantes ataques de los charrúas y minuanes, lo que obligó a amurallar el pueblo, caso único en todo el conjunto de las Misiones.

Los valientes cruceños lucharon en las filas de Artigas bajo las órdenes de Andresito, sufriendo el incendio y destrucción del pueblo en 1817.

En esas luchas participaron y se formaron como soldados importantes caudillos como Pablo de la Cruz y Gaspar Tacuabé.

Habría nacido éste hacia 1804, según un censo de 1849. Figura allí con 45 años de edad, casado con Paula Irama, de 48 años, con el cargo de coronel y de profesión, labrador.

Luego de los sucesos de Misiones de 1827, que terminaron finalmente con la anexión de este territorio a Corrientes, se trasladó con otros emigrados de esas luchas a la localidad de Santa Rosa de la Bella Unión, donde sus hermanos de sangre de las Misiones Orientales se radicaron después de ser trasladados por el general Fructuoso Rivera. Existió en Bella Unión un cabildo y un batallón de milicias. Éste tuvo como jefe al coronel Agustín Cumandiyú, quien fuera el último jefe de las Misiones Occidentales en San Roquito, y segundo jefe, el coronel Gaspar Tacuabé.

En 1834, los remanentes del pueblo de Bella Unión fueron trasladados por Rivera a orillas del río Yí, donde fundaron una nueva colonia, San Borja. Un conjunto de 30 familias buscó refugio en Mandisoví, desde donde los enviaron a Punta Gorda, sobre el río Paraná, núcleo básico fundacional de la localidad entrerriana de Diamante.

En esa época cruzó también Gaspar Tacuabé con sus parciales, quienes fueron incorporados en Mandisoví como el Escuadrón de Naturales Restauradores. Con ese cuerpo participó en la batalla de Pago Largo (1839) y desde allí marchó Tacuabé a las antiguas Misiones, acantonándose con 300 hombres en La Cruz, pueblo repoblado por guaraníes pero bajo la administración de Corrientes desde 1830. Desde allí atacó el norte del río Aguapey, territorio ocupado arbitrariamente por los paraguayos, obligándolos a retroceder a la otra banda del Paraná.

A pesar de que esa ocupación fue temporaria, cumplía con esto Tacuabé el permanente sueño de su vida: restaurar la autonomía de su provincia y recuperar para los guaraníes sus derechos a la autodeterminación. Será el último caudillo de Misiones, aunque actuando bajo bandera entrerriana. Su sueño restaurador duró poco. Las circunstancias políticas que llevaron a la invasión de Lavalle a Corrientes obligaron a Tacuabé a replegarse, quedando nuevamente como comandante general de La Cruz, en 1843. De nuevo debió retroceder con sus “restauradores”, con motivo de la Campaña de los Libres, liderada por los hermanos Madariaga. Queda acantonado en el norte entrerriano defendiendo la frontera en esos dramáticos momentos de las guerras del Litoral. Actúa en la batalla de Vences en 1847, que significó la última de su carrera, dedicándose desde entonces a explotar una estancia a orillas del río Mocoretá. En esos años de paz, previos a la batalla de Caseros, sobreviene el triste final de Gaspar Tacuabé. El comandante de Federación relata que el coronel Tacuabé y su compadre, Abraham Ifran, apostoleño, después de una festichola en la que habían bebido abundantemente, se dirigieron a un campamento de soldados correntinos, a quienes agraviaron raptando y violando a dos de sus mujeres. Por orden de Urquiza, entregó Tacuabé las armas, falleciendo hacia 1850, aparentemente de delirium tremens.

También se ha olvidado de la memoria popular el nombre de Gaspar Tacuabé. Los uruguayos han dado su nombre a un pequeño paraje, en el río Arapey. Los misioneros nada sabemos de él y la historiografía regional entrerriana apenas lo menciona.

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