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Vuelvan a su país

domingo 25 de julio de 2021 | 6:00hs.
Vuelvan a su país

Allá por el 2001 yo vivía en una pensión en Congreso. En la pieza contigua a la mía vivía Cecilio. Cecilio salía todos los días a las seis y volvía de noche. Cuando llegaba, se pegaba una ducha en el baño compartido y bajaba al kiosco de Rivadavia y Uruguay a tomar cerveza hasta agarrar sueño. A veces yo iba con él. Cecilio había nacido en Cochabamba y sabía hacer de todo: albañilería, plomería, electricidad y varios cosas más.

Yo tenía un trabajo. Era cartero y estudiaba Periodismo. Y tenía una máquina de escribir con la cual intentaba escribir cuentos. Cecilio me había pedido por favor que no escribiera de noche porque el ruido de las teclas no le dejaba dormir. Cuando vino a pedirme eso me trajo un libro de regalo. Supongo que quería dejar en claro que no se oponía a mi oficio.

Era un libro de un tal Víctor Hugo Viscarra, y se llamaba así: Relatos de Víctor Hugo. Es un “chantapufi” que vivía en la calle, pero escribía, me dijo. Un “palomillo” que escribía bien. Yo tenía que preguntarle cada término y Cecilio con paciencia me explicaba. Yo nunca entendí cómo hacía ese muchacho para subir las escaleras cada noche totalmente mamado y al otro día amanecer y entregarle nueve horas de su cuerpo al fratacho y la pala. Como don Ramón, debía varios meses de renta, que pagaba con trabajo cada vez que había que hacer algún revoque o algún arreglito en ese o el otro caserón que tenía el dueño.

Yo casi no me acuerdo de haber hablado con Cecilio estando él sobrio, porque cuando no estaba de la huasca casi ni emitía sonido; su mirada se perdía en puntos indescifrables del rededor, como si en vez del hormigón omnipresente y putrefacto de la urbe, nos rodeasen profundas beldades montañescas y nevadas de Oruro.

Era diciembre cuando vino a golpearme la puerta para invitarme a una jarana en casa de su cuñado, que vivía en Liniers. Habría charque y cerveza. “Es mi despedida, pariente” me dijo.

Se iba. Volvía a Cochabamba porque en Buenos Aires estaba todo mal y ya no daba para más. Su tía se dedicaba al cultivo de flores en Quilacollo y ahí iría él a trabajar. “Acá me cago de hambre hermanito” me dijo.

Cecilio había vivido siete años en Buenos Aires. Ahora se iba. “Nosotros vamos a echar a ese malnacido de Sánchez Lozada y seremos felices en nuestra tierra compa” me dijo. Yo no tenía idea de qué hablaba.

Mucha gente cayó a la jarana. Estábamos todos apretados en un tres ambientes. A la madrugada, alguien propuso ir al Mágico Boliviano, una bailanta que quedaba ahí en la avenida Rivadavia. Yo les seguí el paso. Entramos como 20. Baile y chupi. Cuando salimos, casi que ya había amanecido. Un puñado de nosotros fue hasta la parada del 86. Nos sentamos en el cordón. Cecilio y sus cuates estaban súper ebrios pero tranquilos en la parada. El bondi no venía y pasaban los autos, con gente que volvía de otros boliches. Cada tanto provenía un insulto. “Vuelvan a su país sucios de mierda”. “Bolitas de mierda vayanse”. Y así. Era como un deporte para los automovilistas. Ninguno de los bolivianos que estaban conmigo contestaba. Miraban el largo horizonte de la Rivadavia en busca el bondi, o bien, bajaban la cabeza hacia el asfalto. Llovían los insultos. Yo estaba sentado al lado de Cecilio, que por momentos, ponía su cabeza entre las rodillas. “Bolitas mugrientos vuelvan a su país” gritaban.

“Ya voy a volver…” balbuceó Cecilio. Después vino el 86 y nos fuimos.

Un par de días después, vino a golpearme la puerta para despedirse. Sus ojos brillaban como nunca. Sonreía. Era tardecita. Lo acompañé hasta la vereda. “Algún día si va a mi país vaya a visitarme” me dijo y me pasó un papelito con un número. “Ahorita sí va a poder escribir de noche” me dijo. Lo vi alejarse por Uruguay hacia el Bajo. Llevaba un bolso mediano. Se fue silbando despacio. El sol dominguero escupía sus rayos postreros. Volví a mi piecita y me puse a leer el libro de Víctor Hugo Viscarra.

 

Sergio Alvez

Este relato forma parte del libro Descubiertero, publicado en 2020. Alvez nació en Posadas. Es periodista y escritor. Publicaciones: Urú y otros relatos, libro de cuentos.

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