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Feria del Libro de Oberá

miércoles 21 de julio de 2021 | 6:00hs.
Feria del Libro de Oberá

En 1978 se dio inicio tímidamente a la Feria del Libro en Oberá. Al poco tiempo, no solo comenzó a tener aceptación por parte de los ciudadanos locales sino también de los habitantes de la provincia, para luego transformarse en el evento cultural más trascendente de ese rubro dentro y fuera del ámbito provincial.

La lúcida idea nació entre profesoras de literatura y lenguas del instituto Carlos Linneo, destacándose entre ellas las cofundadoras Teresa Morchio de Passalaqua, madre del que fuera gobernador de nuestra provincia, y Julia Rossi de Kelm, primera presidenta del nobel espacio cultural, cargo que hoy ejerce la licenciada Ema Loza de Marín.

En la feria número 37, del año 2014, tuve el honor de presentar mi libro ‘La república utópica de los jesuitas’, tiempo en que la presidencia ocupaba Rosa Ema “Quitita” Peruzzo de Moreira. Hoy, Quitita es la encargada de escribir todos los viernes en el semanario Pregón Misionero los comentarios y resúmenes de la inmensa cantidad de libros presentados en la feria, amén de los donados a la organización, sustituyendo de esa manera a la ideóloga de ese métier, Teresa Morchio, quien lo hiciera hasta el 2016, año de su sentido fallecimiento.

En cierta noche del mes de diciembre se promueve la ‘Noche de las librerías’, con la finalidad de alentar a la gente a comprar libros y luego obsequiarlos; además, se suma la ‘Feria de libros usados’ en plazoletas de la ciudad; estos dos eventos son la demostración cabal de que Oberá se ha convertido en el epicentro de la cultura del libro, y del estímulo de la lectura en la provincia.

Los memoriosos recuerdan que la primera feria fue organizada en el instituto Linneo, prosiguiendo en la Casa de la Cultura, la biblioteca Sarmiento, el Instituto Saavedra, la facultad de Artes y hasta en la Calo -la cooperativa obereña- y terminar en el enorme gimnasio de las monjas del colegio Mariano de la Virgen Shoenstat, dando cabida a todos los libreros locales, a los provenientes de otras provincias y a la exposición de escritores.

Las primeras ferias se realizaron en el mes de octubre, luego se cambió al mes de julio coincidente con las vacaciones escolares, de manera que los estudiantes colaboren en la organización del evento y no se despeguen de su formación intelectual literaria.

¿Qué es el libro?, me pregunté en cierta oportunidad. Es un conjunto de hojas escritas una tras otra que da cuenta de la historia de la humanidad. Imprescindible desde que el hombre aprendió a leer y escribir, y siempre nos desasna. En la República de los Jesuitas, el día 18 de septiembre de 1770 se escribió el primer libro en Misiones. En realidad, fue el primero en lo que sería la Argentina y en Sudamérica toda, pues otros anteriores se editaron en México. Este primer libro lo concretó el padre jesuita José Serrano; una calle de Posadas recuerda su nombre, y se realizó en la imprenta de la Reducción de Nuestra Señora de Loreto. Precisamente, en el cementerio del lugar descansan sus restos junto al gran héroe misionero, Antonio Ruiz de Montoya. La imprenta se construyó con la mejor madera de la región, y los tipos se elaboraron mediante aleación de hierro y estaño, impregnados con tinta extraída de variadas especies de jugos vegetales, incluido la hoja de la yerba mate. Recordemos que en las antiguas misiones los habitantes de los treinta pueblos se autoabastecían en alimentos y vestidos, y los excedentes de la producción los comerciaban para adquirir metales utilizados en la fabricación de elementos de labores agrícolas, íconos e instrumentos musicales. Lo interesante fue que en los desparramados pueblos de las Misiones también se escribían libros sin que existiera máquina impresora en cada uno de ellos, sino que esta única se transportaba de un lugar a otro en forma organizada a través de la selva. El primigenio libro impreso fue copia de un texto del ‘Martirologio romano’, catálogo donde se describen ordenadamente los nombres de santos y mártires de la Iglesia católica. Luego siguieron otros narrados en idioma guaraní, o mixturado con el castellano, y en castellano, todo un esfuerzo lingüístico. Un suceso trascendente que conmovió a propios y extraños ocurrió en la misión Santa María, debido al breve escrito en guaraní titulado ‘Explicación del Catecismo’, cuyo autor intelectual fuera el cacique del pueblo Nicolás Yapeguay, representando de hecho al primer escritor misionero. Es decir que en la organización comunitaria misionera, con respecto a los libros, hubo industria inventora, diseño gráfico, hechura manual y producción intelectual, todas amalgamadas en magnífica labor creadora que cala el espíritu. En la Argentina, sin embargo, el 15 de abril se celebra el Día de Libro, recordando que en esa fecha del año 1908 se entregaron premios por un primer concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres, luego concretado en efeméride mediante el decreto 1038 del año 1924. En Uruguay, el Día Nacional del Libro se enaltece cada 26 de mayo desde el año 1940. La fecha conmemora el aniversario de la Biblioteca Nacional del Uruguay, primera biblioteca pública del país, fundada en 1816. Es el resultado del análisis lógico de tradición histórica y de simbiosis libro y biblioteca. En cambio, en nuestra Argentina, los iluminados intelectuales del país central ignoraron, y aún ignoran, que el primer libro en nuestro país se escribió el 18 de septiembre del año 1700 en Misiones; por consiguiente, y por historia, ese día debe ser la fecha real y efectiva del Día de Libro, no por recordar un certamen literario con premios. Asimismo, nuestros representantes en el Congreso de la Nación, tienen la oportunidad de revertir por ley esta engañifa histórica.

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