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La República de los Loros

domingo 11 de julio de 2021 | 6:00hs.
La República de los Loros

Pues, han de saber que a raíz de una grave epidemia de psitacosis que asoló la Argentina, al Paraguay y al Brasil, los humanos declararon una guerra a muerte a los loros.

Muchos recordarán que en las plazas de Buenos Aires, Asunción y Río de Janeiro, por no señalar nada más que las más importantes, por ser capitales de sus respectivos países, los loros, cotorras y cacatúas gritaban rabiosamente pidiendo –La papa para Pedro!...La papita para Juanita!...Brrrr!... frases características de los loros amaestrados por los humanaos a hablar y, con escasas frases, otras que por soeces, prefiero no repetirlas.

Muchos, la mayoría, murieron de hambre o en el estómago de los gatos, que así se vengaron de las pullas y chacotas que éstos, hasta ayer mimados habitantes de la fauna hogareña, les hicieron trepados en los clásicos palos que todos conocemos y en donde gozaban de la mayor impunidad, amén del afecto de sus patrones, más cariñosos cuanto más palabras de grueso calibre sabían y repetían.

Sus dueños, como buenos humanos, prefirieron dejarlos abandonados a su suerte, antes que asesinarlos despiadadamente. No nos toca a nosotros analizar si la medida aquella o la última era la más piadosa, que a los hombres no les gusta que les juzguen sus maldades y a veces desean que éstas sean reconocida como decentísimas soluciones, como en el caso presente.

Entre todos aquellos loros, loritos, cotorras y cacatúas, sobrevivió a la hecatombe un loro barranquero llamado Pablo, muy conversador, inteligente y mal hablado, el que por suerte había conservado el poder de sus alas y un día cansado de mendigar la comida que, entre paréntesis, nadie le otorgaba huyendo de él como de un verdadero demonio, levantó vuelo en la Plaza del  Congreso de Buenos Aires y batiendo alas dirigió su rumbo en dirección a Entre Ríos y Corrientes.

Grande era su indignación por el proceder de sus amos, por lo que en cuanto bosque paraba, llamaba a sus hermanos y demás miembros de la colectividad lorenzana y en cálidos discursos en donde el BRRR! …por lo enjundioso y fuerte convencía a los más reacios, pidió la unión de la colectividad y la formación de un país de loros y, por supuesto, solicitando ser nombrado presidente, cosa que no nos extraña desde el momento que había convivido con los humanos y como ya lo sabemos, cada uno de nosotros prefiere ser cabeza y no pie. De ahí las múltiples peleas que se originan entre los políticos, sindicalistas, oficinistas y demás miembros de la comunidad.

Nombrado presidente por unanimidad –al que se negaba, como tenía un fuerte pico y no menos fuerza en sus poderosas patas, lo deshacía en un quítame esas pajas- prosiguió su raudo vuelo seguido por miles y miles de loros, loras, cotorras, cotorritas, cacatúas, etc., tantos y tantos que las poblaciones se sorprendieron al ver en pleno vuelo tan sorprendente cantidad y variedad de verdes aves, en dirección al norte.

Jefe supremo, Pablo despachó mensajeros al Paraguay y al Brasil y de ambas repúblicas hermanas, sendas nubes de loros cubrieron el cielo con el verde de sus alas, oscureciendo la luz del sol.

Los loros a su paso, asolaron los sembrados engulléndose los maizales, trigales y frutales que encontraron en su largo viaje, dejando no pocos su vida, muertos a tiros por los humanos que así vengaban sus depredaciones.

Y un buen día llegaron al lugar de cita, en Ituzaingó, Corrientes, donde formaron campamento conjuntamente con los argentinos, los guaraníes y brasileños loros guiados por los emisarios y cada hueste con su respectivo jefe.

Extenso sería enumerar los discursos por las malas palabras, cantos, rezos y Brrrr!...Brrr!...de distinto calibre, de los distintos loros y loras en castellano, guaraní, brasileño y aun en alemán, polaco y ucraniano, que muchos había venido desde Misiones y es sabido que en nuestra provincia, se habla las más diversas lenguas de la tierra, transformándose la reunión en una verdadera Babel de loros.

Pero entre ellos merecen algunos transcribirse y así lo hacemos en la seguridad de que los lectores, encontrarán interesantes sus pensamientos.

El jefe de los loros brasileños era natural de Santo Ángelo y hablaba el portugués mezclado con castellano, por lo que sus palabras pudieron ser apreciadas y entendidas por la mayoría de la concurrencia, no así en sus locuciones latinas, las que nadie comprendió un bledo, pero que respetuosos de la verdad nos vemos precisados a llevarlas al papel.

Había vivido durante muchos años en una iglesia de donde escapó ante el llamado de Pablo. Veamos pues, el tenor de su disertación, lo que iniciara previo un Gloria in excelsus Deo, seguido de un padrenuestro y la bendición a los oyentes.

Eu protesto –dijo- contra todos los humanos e principalmente contra meu amo, vade retro!...En meu nome e los de meus hermanos, eu voto por la constitución de la República de los Loros. Sursum corda, compañeros e guerra os malditos humanos! Eu me lembro da forma desgraciada que el Sacristán me obligó a falar. Tínia éste un grosso bastón e me golpeaba por mia cabeza, repitiendo: “Ayudad a la iglesia si vocé non quisé ir al inferno!...Cuando eu aprendí, me ponía a la porta del templo y a medida que los feligreses entraban, ele desde la distancia, me mostraba el bastón ¡entón eu gritaba a pleno pulmón: Ayudad a la iglesia, si vocé non quisé ir al inferno!...Ayudad a la iglesia si vocé non quisé ir al inferno…pues tinia medo que ele me golpeara.

Ello le reportaba muito dinero, pues os filigreses interpretaban mías palabras como aviso de Deus, mas en vez de pagarme mia gauchada, me mataba de fome, so pretexto de que la abstinencia era gustosa para el corpo.

Eu sufrí una verdadera via crucis, por lo que declaro solemnemente la guerra a los humanos e voto por la República.

Así habló el loro brasileño y vánitas vanitatun, propuso su candidatura para presidente, “pro domo sua”.

Sus compatriotas lo aplaudieron a rabiar, festejando su discurso con explosión de cohetes, petardos y cañitas voladoras, costumbre adquirida en su país, y provocando un verdadero desbande entre los loros amén del desmayo de más de una lora sentimental.

Renacida la calma habló el jefe paraguayo el que inició el discurso completamente “caú” y abrazado a una botella de caña. Manifestó que sus amos lo habían acostumbrado a la bebida, dándole pan con caña para que aprendiera a hablar. Los llamó de Añamembuís y yaguás, es decir de hijos del diablo y perros y sacando su lengua mutilada, dijo que le habían cortado la punta pues según los humanos, así podría hablar con mayor facilidad. Votó por la formación de la República y la guerra a los hombres, finalizando su exposición con tres sapucáis, que fueron coreados por sus coterráneos, y solicitando ser, como los demás, presidente.

Prosiguieron los discursos y como todo el mundo deseaba ser jefe, en un momento dado la Babel de loros, se transformó en un campo de Agramante y allí ardió Troya, con destrozo de cabezas, volar de plumas y más de uno de ellos quedó lisiado para toda la vida después del combate.

La habilidad de Pablo, terminó la batalla. Propuso casarse con las hijas de los jefes brasileño y paraguayo, nombrando al primero Ministro de Relaciones Exteriores y Culto y al segundo Ministro de Moral y Buenas Costumbres, lo que aceptaron complacidos, máxime que Pablo había dado a ambos sendas palizas.

Tal es la narración sobre los hechos que dan lugar a esta historia. Cabe preguntar ahora si existe la República de los Loros, a lo que contestamos solemnemente: Sí, existe!...

En el kilómetro número 1474 del Río Paraná, se encuentra la isla Las Tres Fronteras, ubicada exactamente entre el Paraguay y la Argentina, sitio escogido por Pablo para establecer la República.

Allí se reúnen al caer la tarde, miles y miles de loros, loras, cotarras y cacatúas quienes viven en la mayor armonía bajo la presidencia de Pablo, loro barranquero natural de la Argentina fundador de la República según lo podemos comprobar a través de la lectura de nuestra historia y que me fuera contada por el capitán del barco Iguazú, por lo que sugiero a los que duden, que como amantes de las bellezas de nuestra tierra hagan un viaje por barco hasta las Cataratas del Iguazú y, al pasar frente a la isla Las Tres Fronteras, pregunten al capitán del barco sobre la veracidad de esta historia.

De l libro“Cuentos y Leyendas de la Tierra Misionera” Córdoba 1970 – Establecimiento Gráfico LA DOCTA.

José Antonio Cecilio Ramallo

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