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Pinceladas de historia

El artiguismo y la destrucción de los pueblos misioneros

domingo 11 de julio de 2021 | 6:00hs.
El artiguismo y la destrucción de  los pueblos misioneros

E
l distrito virreinal de Misiones fue uno de los principales escenarios bélicos de los tiempos posteriores a la revolución de Mayo. La inconsistencia política del territorio determinará que concluya repartido entre los estados limítrofes y, dentro del espacio argentino, absorbido por la provincia de Corrientes. Misiones se transformó en esos tiempos en un pueblo militarizado y sus componentes, los indios guaraníes, muchos de ellos ya mestizados con la población criolla, se transformaran en ciudadanos-soldados, sometidos a permanentes movilizaciones militares.

La popularidad de José Artigas que deslumbró a los indios misioneros tuvo su sustento en la política antilusitana del líder oriental. Abandonado por los poderosos comerciantes, leales en un principio, el caudillo quedó sólo con los que poco o nada tenían: los gauchos encolumnados en su caballería y los modestos naturales de las Misiones, sobre todo a partir de la designación de Andrés Guacurarí como Comandante General. 

El complejo lustro de 1815 a 1820 afortunadamente para la historia regional ha sido meticulosamente estudiado en los últimos años por historiadores misioneros, correntinos y orientales. Ha sido fundamental para ello el aporte que ha significado la publicación de diferentes gobiernos uruguayos del “Archivo Artigas”, ordenado corpus documental de la historia de José Artigas en el litoral.

Andrés Guacurarí había sido un valiente soldado de Artigas que tuvo una ilustración poco común para la época. Cumplió rigurosamente con cada campaña solicitada por Artigas, hipotecando su propia vida y la de toda su soldadesca, tan fiel a él como él mismo con el jefe oriental. Su primera campaña consistió en la recuperación del departamento de Candelaria, que había quedado en manos del Paraguay como consecuencia de la derrota de Belgrano. Fue la más simple y sin derramamiento de sangre. Pero a partir de 1816 comenzó la sangría militar en las luchas contra los luso-brasileños. José Artigas había decidido distraer las fuerzas invasoras portuguesas a la Banda Oriental, mediante el ataque a las Misiones Orientales, tarea que le encomendó a Andresito. La proclama de Guacurarí a sus hermanos del lado brasileño, cuando se dispuso a cumplir con la estrategia del Protector,  fue muy significativa. Decía allí, “…vengo a ampararos…vengo a buscaros porque sois mis semejantes y hermanos. Vengo a romper la cadena de la tiranía portuguesa. Vengo a daros lo que los portugueses os han quitado en 1801…”. A partir de allí fueron tres años de guerras constantes, donde se combinaron algunos triunfos y muchas derrotas, hasta mayo de 1819 cuando el comandante guaraní es apresado y remitido a prisión en la Ilha das Cobras, en Río de Janeiro, donde muere en fecha incierta.

El resultado de este trienio de luchas permanentes fue gravísimo para la sociedad guaraní-misionera. Mientras la mayoría de la población activa murió en estos largos años de guerra, los ancianos, mujeres y niños debieron abandonar sus aldeas y fundar pequeños poblados, que más que entidades urbanas se constituían en albergues temporarios o refugios improvisados.  Esta población trashumante pasó de ser pueblerina a campamentera.  Los más importantes fueron San Roquito y Cambay, en el extremo sur del Iberá, de efímera duración, y San Miguel y Yatebú que sobrevivieron en el sector norte de este humedal.

En general,  durante las guerras artiguistas, 1815-1819, la región mostró dos escenarios. Uno, sobre la frontera del río Uruguay con el Imperio portugués,  donde los ejércitos guaraníes se desangraban en interminables combates con las fuerzas luso-brasileñas de Chagas Santos. Los contrastes fueron más que los éxitos obtenidos, pero se consolidó una geopolítica permanente, a partir de allí, que impidió el pretendido avance del Brasil sobre el territorio mesopotámico.  El otro escenario fue el del río Paraná, donde, si bien no hubo importantes sucesos militares, los misioneros debieron lidiar con las pretensiones paraguayas sobre ese territorio.

La mayor parte de los quince pueblos que quedaron en territorio argentino al final de las guerras artiguistas quedaron destruidos e incendiados, culminándose con ello el ciclo de la diáspora del pueblo guaraní, iniciada a fines del siglo XVIII, y perdiéndose poco a poco los rasgos de su etnia a través del mestizaje.

Respecto a las razones que llevaron a los guaraní-misioneros a ofrendar su vida por el federalismo artiguista, muchas no se saben. Desconocemos, por ejemplo, si el soldado guaraní-misionero fue compelido a actuar a favor del artiguismo o fue una decisión voluntaria de la comunidad, impulsada por sus principales caudillos. Recién se están empezando a descifrar los escasísimos testimonios en lengua guaraní que existen en los archivos oficiales, como el de Corrientes o el de Asunción. Preguntas como cuánto conocía este soldado de las ideas federales, nacidas en pensamientos tan lejanos como los de Jefferson o Hamilton, de ideas de oposición al centralismo y a la burguesía porteña, de ideas que hablaban de una Liga de Pueblos Libres, quizás no las podamos responder jamás. Sólo serán suposiciones desde una información parcial, emanada de mensajes, partes de guerras, disposiciones militares, nacidos en la oficialidad artiguista u opositora.

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