sábado 31 de julio de 2021
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Malvinas: una carta mantiene vivo el recuerdo

Santiago Giglio, por ese entonces de 13 años, le escribió al soldado santotomeño Ramón Alfredo Benítez, quien estaba en Bahía Blanca aguardando la orden para viajar a Malvinas, a la guerra.

viernes 09 de julio de 2021 | 3:00hs.
 Benítez trabaja y vive en San Ignacio, Misiones. Foto: Mercedes BERÓN

“Junín, 29 de abril de 1982. Querido amigo soldado”. Así arrancaba la carta que envió Santiago Giglio, por ese entonces de 13 años, al soldado santotomeño Ramón Alfredo Benítez, quien estaba en Bahía Blanca aguardando la orden para viajar a Malvinas, a la guerra.
Esa orden nunca llegó y Benítez permaneció en el continente. Pero la carta mantiene viva la llama malvinense y con ella insta a las nuevas generaciones a mantener viva la gesta.
Ramón Alfredo Benítez es santotomeño, profesor de Matemáticas y trabaja en Misiones hace más de 30 años. Santiago hoy tiene 52 años, y sigue viviendo en Mendoza.
“Mi historia comienza cuando llega el sorteo para el servicio militar y me toca el Regimiento Grupo de Artillería III de Paso de los Libres. Fuimos incorporados el 2 de febrero de 1982. Me tocó ir con Andrés Rodríguez Guillén, mi amigo, de quien conozco a toda su familia. Con él fuimos a incorporarnos a Corrientes. Él tuvo como destino Curuzú Cuatiá y yo Santo Tomé. Lo primero que recuerdo es que viajamos en el mismo tren”, relató a El Territorio.
“Cuando llegamos a Curuzú Cuatiá, él baja corriendo de su vagón y viene hasta la ventanilla donde estaba y me dice ‘ché, Ramón, cuando escribas a tu casa avisá que a mí me tocó Curuzú Cuatiá’, y esa fue la última vez que lo vi. Los tres días que pasamos en Corrientes estuvimos juntos”, agregó.
Benítez recordó que cuando los movilizaron hasta Bahía Blanca, “empezaron a llegar cartas, ropa, cosas que mandaba la gente. Como la guerra estaba finalizando, nos hacen regresar. A mí me tocó la carta de un chico de 13 años de Junín, Mendoza. Y la conservo hasta hoy porque Malvinas siempre duele. Y como soy docente esa carta la mostraba a mis alumnos, la leíamos en los actos, y estos dos últimos años de pandemia, como no hubo actos, por lo menos la sacaba y la leía yo”, señaló.
El último 2 de abril Benítez estuvo en Santo Tomé y llevó consigo la carta. “Ese día la saqué para leerla, y estaba un sobrino conmigo, y me dice: ‘Tío, ¿nunca te contactaste con esa persona?’, y me propone buscarlo. Lo ubicamos en Facebook, le escribí y le mandé foto de la carta. Y no tuve ninguna respuesta desde abril, hasta que en esta semana me llegó una respuesta, pude conversar con esa persona”, explicó.
Recuerdos
La primera vez que Benítez tuvo la misiva en sus manos, la vio como una simple carta. “Nos sentábamos en ronda y la leíamos entre todos. Era una carta común, donde nos daban fuerzas, nos alentaban. Ahí este niño Santiago decía que ojalá tengamos la oportunidad de vernos y darnos un gran abrazo. Y con el paso del tiempo uno va dimensionando eso, el valor que tiene. Ahora sí esperamos el momento de darnos ese abrazo. Ya me contacté con él, con autoridades de allá, se va a dar ese encuentro, estoy seguro”, dijo.
Santiago Giglio tiene hoy 52 años, y en una de las charlas que tuvo con el destinatario de su carta, tuvo la oportunidad de contarle que “los chicos mandaban chocolates, mantas, nosotros chocolates nunca recibimos, sí recibimos bufandas y medias. Tengo un grupo de excombatientes, soldados que hicimos la colimba, y ellos me comentaban que sí, que habían recibido cartas y chocolates, pero no recibieron bufandas y medias”.
El después
Cuando Benítez se incorporó al Servicio Militar ya tenía hecho el primer año del profesorado. Así que una vez que salió, el 28 de enero de 1983, regresó a Santo Tomé y terminó sus estudios en diciembre del 85. “Desde marzo de 1986 estoy trabajando en la Escuela Normal 5 de San Ignacio, Misiones. Llevo 35 años como docente”, comentó. “Cuando salimos de allá, seguimos siendo como un ciudadano cualquiera. Quizá valoramos mucho esa gesta y la mencionamos más para las nuevas generaciones, porque ellos no la vivieron, y nosotros sí, estuvimos ahí muy cerca, para nosotros recordar a Malvinas toma otra dimensión”, aseguró.
Benítez tiene un hijo de 25 años y una nieta de 5 años y sueña con regresar a Santo Tomé después que se retire de la docencia. “Siempre es lindo volver a Santo Tomé, acá está mi mamá, mi hermano, mis sobrinos, crecí acá”. 

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