domingo 25 de julio de 2021
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Los bailes de Radio Encarnación

lunes 28 de junio de 2021 | 6:00hs.
Los bailes de Radio Encarnación

E
n la noche de un viernes, José Antonio, un amigo nuestro festejó su cumpleaños. Nos invitó a su casa. “Algo tranquilo, sencillo”, nos comentó. Una fiesta agradable, amena, escuchando los discos de ‘Sótano Beat’ y su inconfundible vinilo multicolor. Entre los invitados se encontraba La Raela, a quien yo conocía de vista, pero nunca estuve con ella en una reunión social. Mientras degustábamos los alimentos que con esmero prepararon los padres del anfitrión, comenzaron las discusiones filosóficas de jóvenes de nuestra edad.

Arrancó José Luis:

–Dicen que nosotros somos el futuro, pero cuando opinamos o iniciamos algo nos responden: “¡Los jóvenes no saben lo que quieren!”.

–Es un razonamiento muy marcado en la sociedad que entiende que el conocimiento se aprende con la experiencia -agregó Juan.

El espíritu de libertad empezaba a caracterizar esos tiempos, luego de la iniciación en los años 60 del movimiento hippie. El desenfado, la ropa informal y el cabello largo en los varones no tenían la aprobación definitiva de nuestros mayores.

Los pantalones palazzo, minifaldas muy cortas, plataformas y camisas entalladas en los varones hacían furor en la moda; como una provocación a la vestimenta formal que predominaba anteriormente.

Hablamos de proyectos de vida, de carreras universitaria, hasta que Ana María tiró al vuelo a sus amigas:

–¿Qué tipo de hombres les gusta?

Se hizo un silencio prolongado provocado precisamente por la presencia en la fiesta de las personas a que podrían ir aludidas las respuestas.

–Yo desdramatizo el tema, a mí gusta el hombre con tacto,con educación y con un proyecto de vida -tiró.

Se hicieron comentarios de lo más variados sobre el aspecto físico del hombre. Una sostuvo: “¡A mí me gustan los rubios, altos y de ojos claros!”.

La Raela, sin comprometerse demasiado:

–¡Lo importante es que el chico sea buena gente!

Los vagos opinaron respecto a las chicas, hasta que me preguntaron:

–¿Vos que pensás?

–Para mí la mujer tiene que tener, azúcar, pimienta y sal.

–¿Qué querés decir?

–¡Debe ser dulce, picante cuando sea necesario y tener salero en la cabeza!

La Raela me cruzó una mirada penetrante que no pasó desapercibida.

Se habló de los nuevos discos de moda, el éxito de la balada romántica y de cuestiones personales de los presentes. Valeria Franco nos dice:

–Chicos, si les parece nos juntamos el domingo en casa para bailar un poco y escuchar ‘Los bailables de Radio Encarnación’.

El 80 % se anotó y quedamos en encontrarnos en su casa el domingo a las siete y media de la tarde. Mientras nos retirábamos le pregunto a Raela:

–¿Vas a ir?

-¡Sí, claro!

Los temas musicales que se ponían de moda los escuchábamos en LT4 Radio Misiones, o en ZP5 y ZTPA5 la radio de Encarnación. Valeria vivía en las inmediaciones del Colegio Cristo Rey y su padre le prestó la radio Tonomac seis bandas para que pudiésemos disfrutar de la música. A nosotros nos interesaba la música lenta del programa: Los Galos, Los Ángeles Negros, Los Golpes, para poder bailar pegados con las chicas.

Ellas tenían el mismo pensamiento, pero no lo manifestaban por cierto pudor que imperaba por entonces.

El blue jean de moda del pantalón palazzo era el de la marca Lee, que costaba como el Iphone de Apple, 999 dólares y no era alcanzable para cualquiera. Yo compré un alternativo, me puse una camisa entallada a cuadros roja y amarilla -como para llamar la atención- y un colgante con cordón negro con una esfera redonda como usaban Los Beatles. El programa en la radio empezaba a las 20 y terminaba a las 22, tocaban cuatro canciones y hacían 10 minutos de publicidad, por lo qué la música sólo alcanzaba la mitad. De los cuatro temas que ponían al aire, uno debía ser de música folclórica del Paraguay, por una disposición legal que exigía que el 25% de la música debía ser nacional. Como éramos amigos, las parejas de baile se cambiaban, yo le invité a Raela y se armó la ronda. Mientras bailábamos apreciamos la química que nos unía y fluyen esas preguntas tontas que se hacen; empieza ella:

–¿Qué perfume usás?

–¡Chanel N° 5!

-¿Dónde lo conseguís?

-¡En la perfumería en Posadas!

No le podía contar la verdad: que lo había comprado en La Placita y que seguramente ese pequeño frasco amarillo había sido reducido en algunas de las casas de madera de las inmediaciones.

–¡Qué lindo aroma! -me dice.

Metieron seguido ‘Y volveré’, de Los Ángeles Negros, y ‘Cómo deseo ser tu Amor’, de Los Galos. Nuestros cuerpos apretados nos aislaron del resto, hasta que llegó la tanda publicitaria: ”Casa Nico, sopa paraguaya, ¡mbeyú y la mejor chipa de Encarnación te esperan en Capitán Molas y Mariscal Estigarribia”; ”La mejor es Yamaha, peteí patada y ya raja, la encontrás en el distribuidor oficial del Paraguay”; sumado a ello la infaltable publicidad del Partido Colorado.

Entre charlas en las tandas comerciales y baile con las canciones se terminó el programa, en un ambiente de agradable camaradería. La Raela estaba impecable esa noche, vestida al mejor estilo de Los Ángeles de Charlie, desplegando toda su gracia cautivante.

–Me gustó eso de azúcar, pimienta y sal -me susurró.

–Yo creo que vos tenés todo eso -le contesto y aprecio una sonrisa en sus labios.

Se terminó el bailable y cada cuál para su casa; Manuel se ofreció para acompañar a Pilar y yo a La Raela, que vivía cerca de la casa de Cocoy Sánchez. Doblamos en la esquina, con prudencia le tomo de la mano, ella me responde con fuerza. Fue como ponernos de novio sin decirnos nada sobre eso.

Caminamos así hasta la plaza San Martín en semipenumbra, pasamos por la plataforma que hacía de escenario en el anfiteatro los 25 de mayo y nos dirigimos hasta las hamacas a jugar a ser niños un rato.  Se hizo tarde, nos besamos con pasión, y ella me dice:

–¡Vamos, Negro, ya nos veremos de nuevo!

 La acompañé por la 9 de Julio hasta la esquina donde hay está la escuela Normal y nos despedimos con un beso dulce.

– ¡Chau, linda!

– ¡Lo mismo para vos!

Caminé hasta mi casa en la calle General Paz, en una noche “llena de duendes”. Me dormí con el sabor de sus labios húmedos.

 

Publicado en ideasdelnorte.com.ar

Por Ramón Claudio Chávez
Ex juez federal

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