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Ningo y Zulma hacen azúcar mascabo en Aristóbulo del Valle

De Picada Propaganda a los centros urbanos argentinos

El matrimonio tiene en su chacra un establecimiento en el que elaboran el producto, que luego es comercializado en ciudades de otras provincias, como Rosario.

domingo 20 de junio de 2021 | 6:04hs.
De Picada Propaganda a los centros urbanos argentinos
Zulma y Ningo trabajan con la red cañera misionera. Foto: Natalia Guerrero
Zulma y Ningo trabajan con la red cañera misionera. Foto: Natalia Guerrero

Un sinuoso camino de tierra lleva a la chacra de Ningo, un agricultor misionero que dedica su vida al trabajo. En Picada Propaganda –inmediaciones de Aristóbulo del Valle- queda el lugar donde reside con su esposa Zulma y sus hijos.

Allí Carlos Sobovoi, mejor conocido como Ningo, tiene animales y cultivos de todo tipo. Yerba, tabaco, mandioca, hortalizas, se mezclan con las cañas de azúcar que tiene plantado en sus hectáreas de producción.

En ese terreno, con la ayuda del proyecto financiado por el Plan Nacional de la Economía Social “Creer y Crear” pudo construir un establecimiento azucarero, donde elabora azúcar mascabo. En paquetes de 20 y diez kilos, los productos son enviados a centros urbanos como Córdoba o Santa Fe, bajo la marca de la Red Cañera Misionera.

El Territorio llegó hasta Picada Propaganda, desde donde Ningo relató cómo se realiza el trabajo de zafra, trapiche, cocción y zaranda.

“Si plantás la caña ahora, para el año que viene ya tenés producción. Podés plantar también en octubre, noviembre pero tenés que esperar no al siguiente invierno, sino al otro recién. Siempre se hace en invierno, en esta época, porque ahí está bien dulce la caña. Y el proceso se va haciendo mientras haya caña madura”, explicó Ningo y calculó que de cada hectárea de caña, salen alrededor de cuatro mil kilos de azúcar.

Mencionó que los restos que van quedando de la caña que no se utiliza, los lleva a modo de abono a los demás cultivos, para que se conviertan nuevamente en tierra fértil.

Proceso
El sistema que posee Ningo en su chacra es mecanizado, aunque requiere de trabajo a atención manual. Un día antes, se hace la zafra y se deja la caña a la espera, al lado del trapiche, donde se hace la molienda. A la madrugada, a eso de las 2 de la mañana, comienzan a trapichar en una máquina que va largando el jugo de la caña o “guarapa”, como denominó Ningo.

Ese jugo va a través de una cañería especial hasta el local donde están instalados los quemadores, a base de leña. Allí, dos grandes tachos cuadrados albergan el jugo que se hierve y espesa, mientras se revuelve constantemente.

Ese producto pasa luego a una mezcladora grande, donde se va enfriando, mezclando y solidificando. De allí, a la zaranda donde termina de desarmarse y se convierte en las pequeñas partículas que son pesadas, selladas y embolsadas.

Allí esperan a que haya pedido. La venta mayoritaria no se hace en Misiones, sino a otros lugares como Rosario o Córdoba. Las bolsas se empacan de a veinte y diez kilos, aunque también se preparan algunas más chicas, incluso de medio kilo.

Tiempo, fuerza, dedicación y atención completa son las características de este proceso, ya aceitado en la familia de Ningo, que posee dos hijos. Con constancia y sin bajar los brazos, siguen posicionando la marca Misiones con la producción bien local, un trabajo artesanal y de calidad.

 

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