sábado 24 de julio de 2021
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Rockollaski

domingo 20 de junio de 2021 | 6:00hs.
Rockollaski

icardo Rockollaski era melómano. En lugar de un llanto estruendoso, al nacer, ofreció un sapucai que estremeció al hospital.

Cuando fue creciendo se acostumbró a responder a las preguntas que le hacían utilizando letras de canciones.

- ¡¿Ricardo cuándo vas a lavar tus zapatillas?! Gritaba su madre tomándose de los pelos.

- Tal vez mañana brille el sol y su calor permita que en mi existir vuelva la ilusión, de nuevo junto a mi… Contestaba Ricardo haciendo mímicas a la altura de su panza, como si tocara igual a JAF.



Con una infancia aislada de los deportes, juegos de mesa y horas frente al televisor, “Ricke” (como le decía su hermana) solía sentarse horas frente a la radio, escuchando música y anotando frases, intérpretes, datos churriguerescos sobre las bandas.

- Ricke tus amigos están afuera esperando que vayas a jugar con ellos, dejá esa radio y andá por favor…

- Me quieren agitar, me incitan a gritar, soy como una roca palabras no me tocan, adentro hay un volcán, que pronto va a estallar, yo quiero estar tranquilo… Decía por lo bajo quedando enano y verde de la bronca.



En la secundaria fue uno de los primeros de la clase, pero con su originalidad también lograba sacar de las casillas a los profesores más estrictos.

- Rockollaski ¿trajo su trabajo práctico? Decía el profesor de Ética y Ciudadana mientras acomodaba sus bifocales en el centro de la nariz.

- Basta, basta de llamarme así, ya voy a ir, voy a subir… Cuando me toque a mi… Contestaba Ricke parafraseando a los Cadillacs.

- ¡Usted siempre el mismo, a donde piensa llegar con esa actitud!! Replicaba el profe.

- Más allá del mar habrá un lugar donde el sol cada mañana brille más. Forjarán mi destino las piedras del camino. Con voz de un bravo trueno Ricardo hacía temblar el aula.



Tendría unos 14 años cuando conoció al viejo tanguero de la cuadra más empedrada de Posadas, Martino Pastaricatti, quién lo aconsejó que busque un instrumento y aprenda a tocarlo.

- Vos pibe que andás cantando todo el día, deberías estudiar música, canto, algún instrumento. Comentaba Martino mientras su perro “el Laucha” le mordía la bocamanga del pantalón.

- Yo que soy apenas lo que puedo y no he sido todavía en esta vida lo que quiero… Tarareaba Ricardo traficando ilusiones de Cacho Castaña.

- En serio te digo, tampoco pienses que podés tocar de oído toda la vida. Comenzaba a enojarse el viejo y con la mano sobre la espalda de Ricke lo acompañaba a la salida.

- A dónde voy no llego, a donde estoy resbalo, no es porque sea bueno, tampoco soy tan malo… se decía a sí mismo Ricardo esperando le crezca un bigote bicolor.



A los 16 se enamoró por primera vez.

- ¿Qué le ves a la polaca esa que tanto te gusta? Le preguntaba su madre.

- ¡¡Las piernas más bonitas, las más lindas piernas que vi!! Suspiraba Ricke mientras se deglutía una porción de pan con ricota.



Susanita había eclipsado el corazón de Ricardo y le preguntaba

- ¿Me querés Ricky?

- ¡Yo te amo, yo te amo! Tus labios de rubí de rojo carmesí parecen murmurar mil cosas sin hablar… Esbozaba Rockollaski con ojos de gitano.



Pero como todo primer amor, se esfumó. Una tarde que el cielo se partía en lluvia, Susi decidió que no quería escuchar más la música de su amado y entre lágrimas confesó…

- Ricardo, siento que no te conozco, tus palabras parecen ser siempre de otro… no puedo más así… Tartamudeaba Susi.

- Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina.

- ¡Pero no me escuchás lo que te digo!!

- Creía que el amor no tenía medidas o dejas de querer, tal vez otra mujer… Se fue cantando Ricardo, sin mirar atrás, una joya de Vox Dei.



Pasaron los años y el melómano volvió a enamorarse, que otra cosa hace un pseudoartista que no sea engañarse con los descoloridos tonos de la música romántica.

- ¿Qué te anda pasando? Le preguntaba su fiel amigo el DJ José Marcé.

- Un señuelo, hay algo oculto en cada sensación. Ella parece sospechar, parece descubrir en mi debilidad, los vestigios de una hoguera. Mi corazón se vuelve delator… Se preocupaba Ricardo mientras asustaba con soda un tinto picado cómo clásico de barrio.

- ¡¡Te volviste a enamorar amigo!! Le dijo José Marcé.

- El amor, es una gota de agua en el cristal, es un paseo largo sin hablar, es una fruta para dos… juntaba sabiduría de Perales.



Se casaron una mañana en una capilla modesta pero que daba la nota.

Cuando el párroco le preguntó a Ricardo si aceptaba por esposa a su novia, él contestó…

- No puede haber, donde la encontraría, otra mujer, ¡igual que tú! La nariz congestionada de emoción italiana.



Tuvieron dos hijos. David y Roger, dos diamantes locos que no dejaban de admirarse por el rock sinfónico, las estrellas y el fútbol.

- ¿Papi podemos ir a la cancha? Pedían a los saltos Roger y David con sus remeras de Pink Floyd.

- Depende, todo depende… Contestaba Ricke.

- ¡Dale viejo! Gritaban los mellis que se peleaban por los derechos de abrazos de su padre.

- ¡Salgan al sol! ¡¡Revienten!! Explotó en emoción el melómano haciéndose el pesado del rock and roll.



Hoy, con sus hijos ya grandes Ricardo pasa sus días junto a su esposa, que trata de no preguntarle mucho, para no escuchar siempre la misma cantaleta.

Eligen música instrumental para no dañar (aún más) el cerebro de Rockollaman.

Un periodista de este prestigioso diario fue a entrevistarlo ayer sábado y anotó un diálogo imperdible.



- Ricardo ¿qué querés almorzar mi amor? dijo Amanda esperando con ansias la respuesta.

- Moscato, pizza y fainá, moscato y pizza!

El cuento es parte del libro De la pieza oscura. El autor es oriundo de Oberá y reside en Posadas. Fue seleccionado por la Editorial Dunken para una antología

Alejandro Joves

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