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No basta con ser positivo

jueves 17 de junio de 2021 | 6:00hs.
No basta con ser positivo

Bárbara Ehrenreich escribió un libro titulado ‘Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo’, donde analiza la centralidad del imperativo de felicidad que tiene nuestra sociedad actual. Ser positivo es una construcción ideológica aunque no tendría como consecuencia directa la felicidad; se cree que si las cosas van bien pueden ir todavía mejor, y “si uno espera que el futuro le sonría, le sonreirá”. El capitalismo está ligado al pensamiento positivo, en la sociedad de consumo es ideal la difusión de estas ideas, ya que la cultura consumista genera que las personas deseen todo tipo de bienes todo el tiempo. Allí está el pensamiento positivo para decir que lo que se desea y quiere es lo que merece; que puede conseguirlo con sólo desearlo y estar dispuesto a hacer el esfuerzo por alcanzarlo. De este modo se adhiere a la economía de mercado, el optimismo se convierte en la clave para alcanzar el éxito material; ya no habría excusas para el fracaso, basta ser optimista y trabajar en consecuencia.

Es en esta creencia donde se esconde la tozuda insistencia de los beneficios de la responsabilidad individual. La gente debe mostrar un ánimo positivo incluso con enfermedades terminales, lo que fue creando una tiranía de este pensamiento que hace sentir culpables a pacientes que pasan por momentos de angustia. La exhortación al pensamiento positivo avanza sobre el plano social, por ejemplo en los desempleados que son impulsados a buscar redes de contacto, seminarios de motivación, etcétera. Se les dice que su situación es una oportunidad. Este tipo de pensamiento tiene sus profetas, coachs que pregonan que todos los retos son internos, ser positivo para atraer dinero es central.

El actuar de forma positiva se transformó en un imperativo, ir en contra se paga caro, desde perder el trabajo hasta quedarte aislado, ya que “hay que deshacerse de las personas negativas” porque nos chupan la energía. Según esta corriente, los demás están allí para animarnos, aplaudirnos y reafirmarnos. Esto produce un déficit masivo de empatía hacia aquellos que tienen problemas, porque no son mi problema. Por lo cual nuestra respuestas es retirarnos a un mundo interior donde todo sea aprobación, afirmación, buenas noticias y gente que sonríe. Pero en un mundo donde cada uno decide lo que es verdad, ¿qué tipo de conexiones puede desarrollar la gente entre sí?

Un mundo perfecto se va convirtiendo en una jaula de soledad espantosa. Podes tener todo lo que ves en el shopping, basta con creer que se puede, que va acompañado de si no tienes lo que deseas la culpa es solo tuya, que culmina en un mundo sin trascendencia, sin belleza y sin piedad.

La felicidad no vamos a hallarla en un viaje interior, porque enfrente nuestro tenemos problemas reales; solo podemos enfrentarlos si pensamos en nosotros dentro del mundo que nos rodea para poder modificarlo, lo que significa combatir la miseria, llevar comida a los hambrientos, dotar adecuadamente al personal sanitario, ayudar al otro, al necesitado. Quizá no todo salga bien, pero podemos pasarlo muy bien mientras lo intentamos y quizá sea ese el verdadero camino hacia la felicidad.

Pablo Martín Gallero
Puerto Rico

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