sábado 24 de julio de 2021
Cielo claro 29ºc | Posadas

Conociendo a la arrogante

domingo 13 de junio de 2021 | 6:00hs.
Conociendo  a la arrogante

Tarde acalorada, corría para hacer actividad y estar en forma, si bien caracterizada por mi ego nunca necesité esforzarme mucho para lucir radiante, siempre es bueno descargar las malas energías y fortalecer el corazón, que no estaba enterado del paro que sufriría. A 30 minutos de sudar, me detuve a elongar por el barral de la costanera sur, aparece un hombre rubio.

—Hola, ¿cómo estás?, !¡Qué calor!— dice el rubio lanzando una mirada sensual.

Muy asquerosa como de costumbre le miré con mala cara, entonces un hombre morocho que pasaba corriendo, asomó su estrategia.

—Señorita ¿está bien? ¿acaso la están molestando?— me preguntó con una voz potente.

Rápidamente como símbolo de cobardía el rubio se apartó del lugar.

— Gracias— le dije con una sonrisa fácil.

Seguí mi camino, no hice dos pasos y me preguntó mi nombre, intercambiamos nombres, el tan encantador morocho había entrado en conversación. Después de unos 10 minutos me acompañó al auto, en eso me enteré que trabajaba en Emsa, que era soltero, observé atentamente su dedo, no había anillo, también dijo que vivía solo en el centro y le faltaban dos materias para recibirse de psicólogo. Presté mucha atención a su carrera, los psicólogos reconocen una enamorada empedernida, acostumbrada a que se enamoren por mi físico y personalidad, pero que se vayan por miedo a que esté con otro. Debo admitir tengo una debilidad, cuando me enamoro y tengo celos, hasta el día de la fecha ninguno sin fundamento fehaciente, suelo preparar el camino para otra relación, ya que de confirmar mis sospechas, tengo a otra persona que me consuele. Es que la tentación es tan grande que termino infringiendo y adelantando el consuelo, perdiendo el amor anterior. Vuelvo a quedarme sola por un tiempo, ya que todas las veces que busqué un consuelo, eran solo consuelos, y pienso que ya vendrá el que no me provoque celos.

Este morocho me gusto, sentí cosquillas en mi estómago, y habiendo pasado dos meses de mi última ruptura, era el indicado para obtener mi número celular.

Al día siguiente, su mensaje de cómo amaneciste no se hizo esperar, un lenguaje de búsqueda bastante vulgar, pero aceptable para lo que yo quería, una noche nada más. Nos mantuvimos en contacto por varios días, y llegó la cita, como siempre no me gusta salir al público, que mal si alguien nos viera, con lo chismoso que es la ciudad, ya saben un pueblo chico, en plena actividad electoral, se puede hablar de una invasión ocular.

—Ven a mi casa y vemos que pedir— le escribí por mensaje.

— Yendo— me respondió velozmente, luego de alistarse.

Al llegar pedimos una pizza y abrí para degustar el exquisito vino tinto que trajo, me contó que era hijo de una familia muy acaudalada de la ciudad, que quiso estudiar y trabajar para despegarse de sus padres, que había salido con una chica 6 años, estaba solo hace 1 año y buscaba un amor.

—¿Vos que buscás?— me pregunta con mirada cautivadora.

— Estoy en la etapa de conocer a alguien y ver qué pasa, que fluya— le respondí mientras pensaba que pregunta apresurada, y con una sonrisa picarona busque una respuesta de salvavidas.

Esa noche fui a dormir feliz, ya que me gustó todo, hasta el aroma de su piel que pude percibir al acercarse para ese saludo de buenas noches, todo me decía que otra cita iba a pasar.

Luego de las elecciones tuvimos otro encuentro, coincidimos en un día, él me dijo que no podía esperar otro día más de mensajes sin verme. Esa noche hubo acción en la habitación, vimos películas y comimos pochoclos, nos besamos y como una película romántica dormimos abrazados. Sonó la alarma y rápido me levanté y lo despaché, se me hacía tarde para el trabajo. Quedamos en vernos esa noche en su apartamento.

Siendo las 20 toqué su timbre, me esperaba con una sonrisa y su perro Toby, ese día intimamos, escuchando música erotizante que detectaba la calefacción de mi cuerpo, el cual ardía.

Fueron pasando los días, y nos veíamos con frecuencia para desplegar entre las sábanas, nuestras obras de amor, pasión y lujuria.

Luego de dos meses viéndonos, me pidió que probemos salir a cenar afuera, accedí con la condición que sea en el interior de la provincia. No nos fuimos muy lejos de la capital, llegando a un casino de la ciudad de Apóstoles de donde él era natal.

El tiempo pasó y él quería más, ser novios y planificar. Me asusté. Siempre lo vi como el morocho para una noche que se extendió más, entró a mi corazón sin necesidad y vino a retorcerlo más.

Le dije que esperemos más, cuando pasó seis meses de relación, cansado de no oficializar y viendo mi celular, nada para reclamar más que unos mensajes sin importar con otros hombres, me dejó.

Empezó a salir con otra chica a la semana de terminar, me enfurecí sin dudar, quise volver, y un iceberg me golpeó.

Típico de mis locuras, bajo la luz de la luna, lo intercepté en el estacionamiento del edificio, queriendo hablar por última vez, en eso me dijo que conmigo experimentó sensaciones y un afecto que nunca había sentido, me pidió volver sin importar el ayer. Al escucharlo solo pensaba que lo amaba, y el miedo a ver mi alma desequilibrarse como antes, rompiendo arterias en ese corazón que ya no es mío. Soy prisionera de su aliento, de su rostro en mis sueños, de su amarre con su brujo y de mil suspiros con su nombre.

Volvimos con promesas de que aceptaría oficializar. Pasaron los días y él me quería, lo sentía, pero estaba ofendido, hice lo posible por demostrar mi amor. Fue inútil, se volvió grosero, empezó a salir con varias mujeres, como una venganza de cazadores de brujas.

Traté de mirar a otro lado, comprender y revertir la situación, pero había llegado muy lejos, mis amigas lo vieron salir de la ciudad con otra, debía terminar, no me merecía.

Llegó el día que me culpé por hacer mal las cosas, tanto lo quería y lo perdí por mi arrogancia. Pero mi arrogancia es justificación de su actuar tan grosero y vengativo.

En una noche maldecida, mi pecho se partiría, al escuchar sus razones de que no lo condicione y él tampoco lo hará, mostrando total indiferencia por acostarnos con otros. Ese día dije debo parar, mis malos actos del pasado fueron una condena a este amor tóxico que duele.

Después él se fue, me bañé en lágrimas, por las dudas y para no inundar la casa, tomé un baño de agua caliente para relajarme junto con un té de manzanilla, queriendo un profundo descanso que me impida pensar.

Pero como siempre digo, todo es un proceso que hay que vivirlo, pasaron tres meses y aún está en mis pensamientos, lo imagino pernoctando en el interior con otra, aunque los sentimientos se fueron apagando y la confianza fue volviendo, esta relación me dejó una enseñanza, perdonar es querer y dejar es tranquilidad, y de ahí mi felicidad. Ahora no sé si él, por no perdonar, vivirá en paz al recordarme en la soledad.

El relato es parte de un próximo libro . Cabaña integra la Sociedad de Escritores filial Misiones, es Presidenta del Capítulo Argentina Norte del Consejo Internacional Todas las Sangres sede Perú.

 

Tatiana Yanina Cabaña

¿Que opinión tenés sobre esta nota?


Me gusta 0%
No me gusta 0%
Me da tristeza 0%
Me da alegría 0%
Me da bronca 0%
Te puede interesar
Ultimas noticias