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Navegar las discusiones en la nueva normalidad

Las condiciones en que se dio la convivencia obligada -por la pandemia- derivaron en dificultades y problemas de comunicación en el núcleo familiar afectando las relaciones. Estrategias asertivas, la clave para construir puentes de intercambio y conversaciones sanas

domingo 06 de junio de 2021 | 6:00hs.
Navegar las discusiones en la nueva normalidad

La pandemia nos frenó en seco y puso al núcleo familiar (parejas, hermanos, padres e hijos, etc.) en una situación excepcional: la de pasar las 24 horas del día juntos, los siete días de la semana, durante muchos meses; algo a lo que no estábamos acostumbrados ni siquiera en tiempos de vacaciones.

Entre las actividades propias del hogar, la convivencia en la pareja, las responsabilidades académicas de los hijos y las tareas laborales que no se detienen, la dinámica familiar cambió frenéticamente y también aumentó el nivel de estrés y los conflictos por las condiciones en las que se dio esa convivencia obligada.

Como consecuencia, el resultado derivó en lamentables cifras de violencia, separaciones de pareja, divorcios, y un sinfín de problemas que afloraron en medio del contexto que actuó como catalizador.

En ese marco, los especialistas señalan que el diálogo asertivo, la mediación, la comunicación fluida y concreta y llegar a acuerdos específicos se potencian como la clave para sobrellevar la compleja situación que aún enfrentamos.

“Si bien, el aumento de tiempo en la convivencia en espacios comunes puede fortalecer la unión familiar, también ha aumentado el estrés y el conflicto por las condiciones en las que se da”, resumió Valeria Fiore, abogada y mediadora, en diálogo con Radioactiva.

“Desde que comenzó la pandemia hubo muchas consultas al respecto. Y el problema es la falta de comunicación, porque antes, las personas estaba cada una enfocadas en sus respectivas actividades y el punto de encuentro era el almuerzo, la cena o los fines de semana. Ello, generó otro estilo o manera de comunicarse. Y ahora, que debieron compartir mucho tiempo juntos se reflejó un espejo de lo que ya se estaba viendo antes sólo que no lo veíamos”, coincidió por su parte Beatriz Martínez, especialista en coach y mentoring.

Por empezar, porque es un aislamiento impuesto. Entonces, “había cosas en la pareja o en la familia que se disimulaban porque uno se veía menos”, explicó la especialista.

Y si a eso le sumamos la intensidad de la emocionalidad propia de estar en pandemia (que nos afecta a todos), la preocupación, la angustia y el humor social, entre otros factores, nos vemos desbordados: “La gente viene con una intensidad emocional exacerbada. Cualquier cuestión externa gatilla estas emociones internas que hacen que des el portazo que no querías dar, el grito que no querías pegar. Generalmente, las personas tratan de hacerlo bien, no hay intención de hablar mal. Pero esta angustia, este estrés, este desborde emocional produce este tipo de reacciones”, señaló la abogada.

Entonces, lo que antes quizás se disimulaba, hoy salta a la luz con mayor frecuencia. Y así surgen los conflictos.

Anteriormente, todo estaba establecido en las familias: las rutinas, las actividades, el tiempo libre, las horas de trabajo. De la misma forma, cada uno tenía asumido su rol y responsabilidad.

Sin embargo, a partir de la pandemia, esto cambia y “debimos emplear muchas más conversaciones para tomar acciones. Y como no sabemos conversar, se requiere de todo un esfuerzo que afecta a la convivencia”, apuntó la especialista.

En ese sentido, la mediación y la comunicación asertiva se potencian como la clave para canalizar cuestiones, expresarnos y solucionar los conflictos.

“La mediación les permite a las personas generar este espacio en el que pueden ordenar todo este caos y desborde con el que llegan”, destacó Fiore haciendo hincapié en que en lugar de mirar hacia atrás y siempre buscar un culpable, la mediación mira hacia adelante y busca soluciones concretas.

Una alternativa viable sería centrarse en uno mismo e identificar cuáles son las emociones que se sienten, cuál es la situación específica que despierta esa emoción y qué consecuencias trae de forma real y permanente a nuestra realidad nos ayuda a encarar una reflexión profunda acerca de qué queremos y qué decisión podemos tomar para luego comunicarla de manera constructiva.

El foco entonces -luego de saber qué queremos expresar- está en cómo lo vamos a comunicar.

Para ello, emplear estrategias para mejorar la comunicación es fundamental. Pensar antes de decirlo; comunicar apreciaciones, disgustos o enojos de manera constructiva; cuidar y moderar los tonos; escuchar al otro; y buscar un lugar y momento adecuado para conversar son algunas recomendaciones a tener en cuenta.

“No es fácil, pero si entreno estos hábitos podemos deshaprenderlos para comunicar”, apuntó Martínez.

“A veces, uno solo se enreda en su propia cabeza y proyecta los problemas sobre los demás. Por eso, poder hablarlo con alguien, poder tomarse el tiempo de pensar que quiere uno y no tomar decisiones desde la premura, desde ese lugar de enojo o molestia y pensar también en cómo nos relacionamos con el otro también es importante”, concluyó por su parte Fiore.

 

Estrategias para mejorar la comunicación

Crítica constructiva
Observar sin juzgar, transmitir a la otra persona lo que no nos gusta sin juzgar, sin criticar destructivamente. Es importante que nos mantengamos fieles a los hechos.

Escuchar
Aprender a escuchar es esencial para comprender a un ser querido. Es importante tomarse un momento, elegir el espacio y lugar adecuado para hablar y escuchar detenidamente.

Pensar antes
Elegir las palabras a emplear es muy importante. Si hay enojo o se necesita transmitir emociones que puedan estimular conflictos, es necesario pensar primero antes de decir algo.

Moderar los tonos
Es importante cuidar el tono de voz. Prestar atención no sólo a lo que se dice, sino también a cómo se dice y expresa, es clave al momento de entablar una conversación.

Fomentar el díalogo
Otra forma de fomentar el diálogo con todos los miembros de la familia es crear algunas rutinas familiares. Ayudan a crear una sensación de estabilidad y confianza en el núcleo familiar.

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