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Anhela enseñar esta expresión artística en todo Misiones

Martín Gutiérrez siembra tango en la Tierra Colorada

El bailarín e instructor oriundo de La Plata recorrió 30 países y trabajó junto a reconocidos artistas. Ahora reside en Capioví y brinda talleres allí y en otras ciudades

lunes 31 de mayo de 2021 | 6:00hs.
Martín Gutiérrez siembra tango en la Tierra Colorada

A Martín Gutiérrez (47) el arte de bailar lo llevó a viajar por distintas partes del mundo y vivir experiencias únicas. El bailarín y coreógrafo, cual embajador de la danza, se encarga de difundir y enseñar la expresión que lleva arraigada: el tango. Una danza que, como él define, es el lenguaje del cuerpo, “una poesía única en la que hay un encuentro respetuoso, social y creativo”.

El instructor, oriundo de La Plata, recorrió no sólo rincones de su ciudad natal con su arte, sino también Capital Federal y diversos lugares del mundo. Así, un día se asentó en la Tierra Colorada y comenzó con un ambicioso proyecto.

Primero, dando clases en Ruiz de Montoya y con el correr de los meses, también habilitó talleres en Capioví. Actualmente comparte también su talento y destreza en Puerto Rico, aunque su mayor proyecto en Misiones es enseñar esta expresión artística en distintos rincones de la provincia.

“Conocí más de 30 países, he bailado hasta en Japón”, expresó Martín, en diálogo con El Territorio, señalando que antes de elegir asentarse en Misiones recorrió gran parte del mundo.

El amor por el baile, la pasión y el talento que trabajó durante años lo llevaron también a entrelazar su danza con reconocidos artistas del ambiente. “Gracias al tango pude bailar una milonga -en el barrio porteño de Palermo- con Nacha Guevara; y en la Plata le enseñé a bailar tango a Iñaki Urlezaga. Ahí mismo hice de coreógrafo en una obra para todo su ballet, eran seis parejas además de él y su compañera”, contó orgulloso, destacando algunas de las grandiosas experiencias que vivió con la danza. En aquella oportunidad, Martín estuvo trabajando ocho meses continuos con ese grupo de ballet, preparando una obra –de 45 minutos- que Iñaki y su elenco presentaron al mundo.

Y después de varios años de recorrer lugares y conocer culturas, el instructor arribó a Misiones. Su llegada fue en marzo y uno de los motivos por los que eligió la provincia fue la exuberante belleza de la naturaleza autóctona.

Es que Martín, además de ser un renombrado instructor en el ambiente tanguero, se define a sí mismo como un amante de la ecología y como una persona que siempre obedece a su instinto y emociones. Esos factores fueron los que empujaron a eligir Misiones para asentarse y actualmente, reside en Capioví.

“Llegué primero a casa de un amigo hasta que conseguí un lugar para alquilar y pude vivir sólo”, contó sobre sus primeras semanas de estadía. Con el tiempo, se fue acomodando y conociendo la ciudad.

Y además del ritmo del 2x4, el bailarín trajo a estos pagos nuevos sueños y desafíos. Así comenzó con su proyecto de enseñar y difundir el tango. Su anhelo es recorrer la provincia y extender sus talleres a más localidades, de modo que todos los que deseen puedan tener acceso a esa expresión tan característica de la región del Río de la Plata.

“Cuando ofrecí el proyecto en Ruiz de Montoya me abrieron cálidamente las puertas. Solamente ajustamos las clases a los protocolos y cuidados específicos y así comenzamos”, resumió el platense. “Hace poco llegué a Misiones pero me emociona ver que el tango también tiene participación acá. Encontré grupos de Facebook y gente que baila y participa”, agregó reflejando que, pese a no ser una danza y género musical típicos de la región litoraleña, hay una gran movida tanguera en la provincia.

Un lenguaje que se aprende
En épocas de pandemia, la danza- al igual que todo lo demás- debió resignificar su práctica. Es por eso que el instructor readaptó sus clases a los tiempos que corren.

“El tango es un lenguaje que se incorpora al cuerpo. Una vez que la persona (individualmente) lo tiene aprendido e incorporado se puede compartir. Esa es la idea en mis clases, lograr que ese lenguaje aprendido sea compartido con la pareja”, destacó Martín, aludiendo que en sus clases hay un espacio en el que cada bailarín practica personalmente el ritmo, el equilibrio y la emoción, para luego poder compartir lo aprendido con la pareja. A ello, se suma la estrategia de enseñar a parejas del mismo núcleo conviviente, así como también extremar los cuidados, todo para seguir brindando sus talleres respetando los protocolos sanitarios.

Una pasión que se contagia
Con sus talleres, Martín no sólo siembra esa expresión que tanto ama en nuevas tierras, sino también habilita a otros la posibilidad de conocer lo que el tango representa, practicarlo y descubrir así, quizás, una nueva pasión.

“Así como en cualquier rubro, el tango también requiere de práctica y paciencia, la constancia es muy importante”, aseguró destacando que no es una danza sencilla. Sin embargo, todo recae en la persistencia y la pasión por aprender: “Cuando aprendés a bailar adquirís una habilidad, un conocimiento. Y una vez que aprendiste eso nadie te lo puede quitar, es tuyo. Cada uno tiene una pasión y las pasiones se pueden descubrir en cualquier etapa de la vida. Sólo hay que abrirse y permitirse avanzar”.

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