lunes 06 de diciembre de 2021
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El caso ocurrió el año pasado y el imputado pretendió instalar la teoría del Covid-19

Preventiva para el cacique acusado de asesinar y cremar a su concubina

Marcelo Núñez fue procesado por el femicidio de María Diniz Rabela. La resolución fue dispuesta ayer por la Justicia de San Vicente. El hombre será alojado en la UP VII

viernes 28 de mayo de 2021 | 4:30hs.
Escena
La comunidad Taruma Poty está ubicada a unos 30 kilómetros del casco urbano de San Vicente. FOTO: Archivo Natalia Guerrero
La comunidad Taruma Poty está ubicada a unos 30 kilómetros del casco urbano de San Vicente. FOTO: Archivo Natalia Guerrero

Marcelo Núñez (37), el cacique detenido el año pasado acusado de asesinar e incinerar los restos de su concubina María Diniz Rabela (22) en una comunidad mbya guaraní de San Vicente, fue procesado con prisión preventiva por el delito de femicidio y será trasladado a una unidad penitenciaria.

De acuerdo a lo consignado por altas fuentes consultadas por El Territorio, la resolución fue firmada y notificada ayer a la mañana por las autoridades del Juzgado de Instrucción Tres de San Vicente, a cargo del magistrado Gerardo Casco, quienes además dispusieron el inmediato traslado del hombre hacia la Unidad Penal VII de Puerto Rico, que podría ser el lugar donde pase los próximos 35 años si es que lo terminan condenando por el hecho que le imputan.

El femicidio de Diniz Rabela fue descubierto entre la noche del 16 de abril del año pasado y la madrugada del día siguiente, luego de unos procedimientos policiales realizados en la aldea mbya guaraní Taruma Poty -ubicado a unos 30 kilómetros del casco urbano de San Vicente-, donde la joven convivía junto a Núñez, que además de su concubino era el cacique comunidad.

Hasta allí llegó la Policía después de varios pedidos de ayuda por parte de los familiares de la víctima, quienes sabían que la muchacha se encontraba sin vida desde el domingo de Pascuas, pero no conocían en qué circunstancias se produjo el deceso, al tiempo que desconfiaban del hombre por recientes antecedentes de maltrato.

La investigación realizada terminó develando una sombría trama detrás de la muerte de la muchacha y obligó a las autoridades judiciales a instruir las actuaciones del caso como posible hecho de femicidio en el cual el cacique y pareja de la víctima apareció como principal sospechoso desde el primer minuto.

La coartada del Covid

Es que previo a esos procedimientos, el cacique puesto bajo sospecha había asegurado que la muerte de su pareja fue consecuencia de la pandemia de coronavirus, que por ese entonces recién comenzaba a golpear en el país, y que por recomendación de los médicos que visitaban la comunidad decidió cremar y sepultar el cuerpo.

“Ella tuvo fiebre y tos, como se escucha en la radio. Hicieron una acusación sobre mí, pero yo jamás le haría mal a la gente de mi aldea. Murió de enfermedad”, se oyó decir al cacique en un audio enviado durante esos días de incertidumbre a un funcionario municipal dedicado a atender cuestiones mbya en la zona, al tiempo que sobre la incineración del cuerpo agregó: “Eso yo hice por orden del médico, él me dijo que habló con el jefe de la Policía y no se podía trasladar el cuerpo a ningún lado”.

Esa misma teoría el hombre se encargó de expandirla dentro de su propia comunidad, aunque varios habitantes del lugar luego declararon y pusieron en jaque la versión del acusado.
Según lo que pudo saber este diario en ese momento, los primeros testimonios recogidos por los pesquisas dentro de la aldea indicaban que ellos supieron de la muerte de Rabela el domingo 12 de abril y además señalaron que ese mismo día el hombre quemó y enterró los restos de la muchacha.

A 200 metros de la comunidad la Policía encontró una cama calcinada y restos óseos.

Con la información recogida, los uniformados realizaron un allanamiento que arrojó resultados espeluznantes. En la casa del cacique dieron con un serrucho y dos mantas con manchas presumiblemente de sangre, mientras que a unos 200 metros del asentamiento encontraron una cama con signos de combustión y restos óseos, posiblemente humanos.

Pero, como si fuera poco, eso no fue lo único hallado en la macabra escena, dado a que un costado de la cama constataron que había tierra removida y tras una pequeña excavación dieron con más restos humanos.

Altas fuentes de la investigación detallaron que prácticamente la totalidad del cuerpo estaba carbonizado, a excepción de una mano que aún prestaba vestigios de piel y otras extremidades superiores que al no ser consumidas por el fuego fueron sepultadas por el cacique.
Debido a la acción del fuego sobre el cadáver, la autopsia no pudo establecer la causal de muerte, aunque todos los elementos recogidos hacen presumir que la joven padeció una muerte violenta previo a la incineración de sus restos.

Al momento de ser comparecer en audiencia de declaración indagatoria, el cacique Núñez, también conocido como Claudio, tomó la palabra y volvió a insistir en la teoría de una muerte relacionada con el Covid-19 y que la quema del cuerpo fue para evitar la propagación del virus, como presuntamente indicaba el código de procedimiento dentro de la comunidad para casos de enfermedad contagiosa.

Elementos en contra

Sin embargo, la coartada expuesta por el acusado no encontró ningún sustento probatorio y los testimonios recogidos durante la instrucción de la causa lo complicaron severamente, principalmente el de otros integrantes de la aldea quienes indicaron que la quema de cuerpos no se correspondía a una práctica habitual en sus creencias.

En la casa del cacique los pesquisas dieron con un serrucho y prendas con manchas, presumiblemente, de sangre. FOTO: Archivo Natalia Guerrero

Además, otros testimonios marcaron los antecedentes de violencia que existían de parte de Núñez hacia la muchacha, que no era integrante de la comunidad, tenía dos niños producto de una relación anterior y hacía unos siete meses había comenzado la convivencia con el cacique tras dejar la casa de su familia en el barrio Gauchito Gil.
Incluso, se le tomó declaración en Cámara Gesell a uno de los hijos de Rabela y el niño recordó episodios de violencia de parte del hombre hacia su madre, como así también en perjuicio suyo y de su hermanito.

“Él golpeaba a mi hija, hasta con machete dice que le golpeaba a ella. Tengo mi nieto que es testigo”, lanzó a medios locales en ese momento Miguela, la madre de la víctima, cuyas sospechas iniciales permitieron develar el horrendo final al que había sido sometida su hija.
“El tío de ella vino el domingo a decirme ‘tu hija falleció’. A mí me dio un gran shock. Nadie pudo ir, en una cosa así él -por el cacique- tenía que avisar a los padres primero, yo por eso primero no creí. A mi cuñado le dijo que era de coronavirus que ella murió, que tuvo dolor de barriga y fiebre y al otro día apareció muerta, que amaneció con el cuello hinchado y azul”, recordó.

La Justicia además dispuso varias medidas para confirmar o desestimar esa teoría planteada por el acusado. Fue así que durante la instrucción de la causa también fueron citados a declarar como testigos tanto una médica como un ambulanciero que acudían asiduamente a la aldea y ambos desestimaron los dichos del cacique.

La médica expresó que efectivamente ese día acudió a la aldea, pero nunca llegó a ver a la fallecida y, por consiguiente, negó de plano que le haya asesorado de una forma tal como para que el detenido proceda como finalmente lo hizo con el cadáver de la joven.

Con todos estos elementos sobre la mesa y después de un extenso análisis, ahora las autoridades al frente de la causa resolvieron el dictado de la prisión preventiva en perjuicio del imputado como autor del delito de femicidio, que prevé una pena de prisión perpetua en caso de ser hallado culpable en un futuro debate oral.

Las fuentes añadieron que para completar el expediente se aguarda el resultado de una pericia de cotejo genético ordenado a realizar entre las manchas de sangre recolectadas de una toalla encontrada en la posible escena del crimen y el patrón genético de la víctima.

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