jueves 17 de junio de 2021
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Entrevista exclusiva a Yénifer Guayaré tras la sentencia a su agresor

“Siempre tuve la verdad de mi lado y eso nunca me lo pudo sacar nadie”

Javier Batista fue condenado a nueve años de cárcel por dejar cuadripléjica a su ex. “Lo mejor es que lo encerraron para que no haga daño a otra persona”, dijo la víctima

domingo 23 de mayo de 2021 | 0:15hs.
Víctima
Yénifer tiene 29 años y un hijo de 8, que también sufrió y sufre la situación. FOTO: Macarena Bordón.
Yénifer tiene 29 años y un hijo de 8, que también sufrió y sufre la situación. FOTO: Macarena Bordón.

“Ese mediodía vine acá y le planché una camisa. La puse en una bolsa, la colgué en una percha y me fui caminando a mi casa con la camisa planchada para la cena de la noche”. Así recordó Yénifer Guayaré (29) su rutina en las horas previas a la madrugada del 15 de diciembre del 2016, cuando fue brutalmente agredida por el fisicoculturista Javier Orlando Batista (41), quien entonces era su pareja.

Hacía poco que se habían mudado cerca de donde viven los padres de la joven, en Oberá, al punto que todavía no habían comprado una plancha, por lo que aquel día se dirigió a la casa paterna para planchar la camisa de su concubino.

La misma vivienda en cuyo comedor desde hace cuatro años y medio se ubica la cama ortopédica de Yénifer, quien a consecuencia de la agresión de Batista quedó cuadripléjica por una grave lesión en la columna cervical.

Y recordó como si fuera ayer ese mediodía en que planchó la camisa, porque fue la última vez que sus padres y su hijo la vieron caminar. Después, una sucesión de lágrimas, dolor, impotencia, bronca.

Una larga rehabilitación, con limitaciones por la falta de recursos; relegar sueños y proyectos; aprender a vivir sin la autonomía de antes y, como si todo eso fuera poco, el temor latente ante posibles represalias por parte del agresor que llegó al juicio en libertad.

Paradojas del sistema, durante tres años la víctima dispuso de custodia policial permanente, servicio que se extenderá por una semana más, tras la condena a nueve años de cárcel para Batista que el Tribunal Penal Uno de Oberá dispuso el último jueves.

“Estoy conforme con la sentencia. Quizá esperaba más años, pero en conclusión lo condenaron y va pagar lo que me hizo”, reflexionó.

“Nunca perdí la esperanza”
El Territorio entrevistó a Yénifer Guayaré a 24 horas del veredicto contra su ex pareja, quien por disposición del Tribunal actuante cumplirá su pena en la Unidad Penal II de Oberá.

El debate oral constó de cuatro audiencias y la víctima sólo participó de la primera, donde testificó y ratificó la grave acusación sobre el imputado.

Luego, de regreso en la casa de sus padres, sufrió una descompensación por le tensión del momento, a pesar que previamente solicitó que Batista no esté presente en la sala. Su sola presencia le infundía temor.

Además, por la falta de medios económicos no pudo constituirse como querellante particular, por lo que la acusación dependió exclusivamente del ministerio fiscal a cargo de Estela Salguero, quien en su alegato plasmó una serie de pruebas en contra del acusado y solicitó la pena que luego impuso el Tribunal.

“Esperaba que lo condenen, pero la verdad que me sorprendió porque estuve sin abogado y bastante indefensa con relación a la defensa que tenía él. Para mí la sentencia fue increíble, muy bueno que por fin se haga justicia después de esperar tantos años. Lo mejor es que lo encerraron para que no haga más daño a otra persona”, remarcó Yénifer.

En el debate oral quedó plasmada la disparidad de recursos económicos entre las partes, ya que mientras la damnificada participó sólo de la primera audiencia, el acusado estuvo asistido por dos abogados de un conocido estudio local.

“Igual nunca perdí la esperanza porque siempre tuve la verdad de mi lado y eso nunca me lo pudo sacar nadie. Lo que sí es complicado entender cómo funciona el sistema, pero por suerte al final se hizo justicia”, subrayó.

El dolor más grande
La condena impuesta al agresor significó un cierre para la víctima, su familia y amigos. A partir de ahora empieza otra etapa, aseguró Yénifer.

En tal sentido, señaló la necesidad de “concentrarme en mi recuperación, que es lo que más quiero para salir adelante y dejar esto atrás. Durante muchos años cargué un peso muy grande, sin saber qué iba a pasar. Pero ahora puedo concentrarme cien por ciento en mi rehabilitación y recuperación”.

Además, tuvo palabras de agradecimiento para todas las personas que estuvieron en los peores momentos, al tiempo que mencionó lo que significó el caso para su hijo, hoy de ocho años.

“Para él no fue nada fácil asumir. Lo tuve que mandar al psicólogo. Ahora es muy consciente de todo, sabe bien qué pasó. Tiene como un enojo, se le nota cada vez que hablamos del tema, porque él quiere a su mamá de vuelta. Quiere salir con la mamá, quiere ir a tomar un helado, que lo lleve a la plaza, a la escuela. Hasta ahora nunca pude llevarlo a la escuela ni estuve en su primer día de clases. Son cosas que me perdí todos estos años y que él siente. Para él y para mí es durísimo no poder compartir esos momentos tan lindos”, reflexionó emocionada.

“Sin mi familia no hubiera tenido la fuerza que tuve en todos estos años, no iba poder con todo. Fue muy duro, muy difícil. Y mi familia estuvo siempre”, destacó.

Respecto a su recuperación, mencionó que es un proceso muy lento y doloroso.

“Los ejercicios duelen mucho, la verdad. Por el momento no tengo mucha rehabilitación por el tema económico. Pero aprovecho todo lo que aprendí en estos años con las kinesiólogas y lo implemento acá en casa para no dejar del todo y que no se me atrofien los músculos”, precisó.

Batista cumplirá su pena alojado en la UP II de Oberá. FOTO: Macarena Bordón.

Control y manipulación
Yénifer reconoció que durante la convivencia Batista evidenció actitudes violentas: “Tuvo muchas reacciones feas.

En el lapso de un año lo dejé varias veces y después volvía creyendo que iba a cambiar, que reaccionaba así por los celos y que podría cambiar. Fue una relación muy complicada”
Pero hasta entonces nunca había escuchado ninguna acusación por parte de una ex del implicado, aunque los celos eran un problema.

“Yo trabajaba en una boutique y él me llevó a trabajar con él en el gimnasio porque no le gustaba mi trabajo.

Después surgió una posibilidad en el hospital, pero tampoco quería saber nada. Me decía que allá iba a andar con todos. Yo quería independizarme, pero él no quería saber nada”, indicó.

En tanto, valoró y agradeció el testimonio brindado en el juicio por la ingeniera Paola Ramírez (36), ex pareja de Batista, quien relató una verdadera pesadilla.

Consultada al respecto, Yenifer recordó que “ella declaró en la instrucción pero yo no sabía si se iba a presentar en el juicio. Su relato fue muy coincidente en muchas cosas con lo que me pasó a mí. Fue muy valedero lo que hizo porque es muy difícil exponerse. Incluso ella no lo denunció, por eso habrá sido difícil hablar ahora. Estoy muy agradecida con ella por la valentía que tuvo para contar lo que padeció”.

Además, aprovechó para enviar un mensaje a otras personas que tal vez estén padeciendo situaciones de violencia a manos de sus parejas.

“Uno por ahí no se desprende, como me pasó, y piensa que la otra persona va a cambiar; o te manipulan tanto que llegás a pensar que vos tuviste la culpa o que hiciste algo mal. Por eso busquen personas que las apoyen y hablen de lo que les pasa con sus parejas, por ahí se dan cuanta a tiempo y evitan males mayores, como me pasó a mí”, reflexionó.

El relato de la agresión en primera persona

Ante el Tribunal que juzgó a Batista, la víctima contó que la relación duró un año, incluido un mes de convivencia. Sobre la noche del hecho detalló que trabajaron en el gimnasio y alrededor de las 23 salieron hacia el Club Cooperativa, de Oberá, donde se desarrolló una cena de fin del año de la empresa donde trabaja el padrastro del fisicoculturista.

Se sentaron y atrás suyo estaba una amiga a la que Yenifer no veía desde hacía años. Después de cenar se pusieron a charlar.

“Mi amiga estaba con su pareja y yo le cargué con la época que salíamos entre amigas. Al rato me di vuelta y vi que mi pareja estaba enojado. Ahí empezó una discusión y me trató de puta, que yo vivía de joda”, recordó.

La discusión fue en aumento y ella se quiso ir, pero no tenía las llaves de la casa. Era alrededor de la una cuando salieron.

“Fui atrás de él y le pedí la lleva. Se dio vuelta y me agarró de los cabellos, de frente con las dos manos. Ahí ya no me acuerdo más. Después sentía mucho dolor en el cuello, y la sensación de no poder moverme”, detalló.

Luego la subieron al auto del padrastro del acusado y la trasladaron al hospital, donde su pareja habló con el médico de guardia y le dijo que estaba borracha y se cayó. Después se fue del hospital, dejó sola a la víctima y ni siquiera avisó a su familia.

Incluso, en su alegato la fiscal Salguero cuestionó las actitudes de Batista después del hecho.
“Hay una situación muy llamativa en la actitud de Javier, que en todo momento dijo que la ayudó y que la llevó al hospital, lo que es verdad, pero en el hospital quedó sola. Llamativamente Javier se fue y no llamó a ningún familiar (...) Tomó esa decisión porque a él le beneficiaba. Todo esto proviene de una persona agresiva y violenta”, remarcó la fiscal.

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