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La araña de las nueve patas

domingo 23 de mayo de 2021 | 6:00hs.
La araña de las nueve patas

El ejército marchaba rítmicamente. El silicio arenoso parecía un virus pegajoso y letal. Hace días había comenzado esta peregrinación a lo desconocido huyendo de los temblores despiadados de la tierra y con el fantasma de la radioactividad persiguiendo sus genes.

Eran arañas. Arañas. Enormes, velludas, sin un hálito de simpatía. A su paso, dejaban sobre la arena la huella de la tragedia. Al frente iba Stronges, el especimen único de la raza. Sobresalió en la lucha por la supervivencia. La humanidad se había extinguido después del último estertor del volcán Tartania, lugar donde habían quedado los últimos sobrevivientes de una raza perdida. Sin duda toda su historia había resultado un fracaso. Pero ya no importaba. Lejos quedaban las guerras y los odios, ahora importaba que ellas, las arañas gigantes, sobreviviesen.

Más allá del desierto, existía una ciudad devastada por los infames terrícolas, pero que durante diez años estuvo completamente deshabitada debido a una intensa ola de frío e hielo que asoló completamente la ciudad. Ahora, según informes secretos, el sol brillaba difusamente entre el dióxido y la neblina: era el presagio de un nuevo pueblo.

Incontables días después Stronges y sus compañeros llegaron a la tierra prometida. Sólo había ruinas y escombros, pero podría resultar un buen hábitat después de todo, pensaron ellas.

Stronges, la araña de las nueve patas, se erigió sobre una columna destrozada y dirigió las primeras palabras a su pueblo. Hubo júbilo y exclamaciones.

Culminó su discurso con las siguientes palabras: “A partir de hoy, de este momento crucial, nosotras, las arañas, antigua pesadilla de la humanidad, seremos sus sucesores. Pero alentaremos nuestro paso con el respeto y la obediencia. En este punto perdido del planeta, comienza nuestra historia. En todas nosotras queda la huella implacable y la herida mortificante de las lides terrestres, mas también queda el entusiasmo y la valentía de un pueblo que jamás se rindió . Muchos creen que soy especial por esta pata que me sobra: yo les digo que no. Me siento un monstruo. Un mutante de la gran guerra. Pero el destino quiso que sea yo el caudillo, de modo que como ejemplo vivo de la masacre humana proclamo: igualdad de derechos...para siempre!!”.

Terminado de decir esto, Stronges colocó su pata mutante sobre una piedra, tomó una espada y de un movimiento seco se la cortó, ante el estupor de la multitud.

Así es como la araña de las nueve patas pasó a la historia. Pero a la nueva historia, aquella que sólo conocen quienes luchan por la nueva civilización.

Silvero es un escritor misionero con varios premios literarios. “La araña de las nueve patas” es un relato extraído del libro “Cuentos sin fronteras”, publicado por la Editorial Club Universitario de Alicante, España

Anibal Silvero

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