lunes 14 de junio de 2021
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Duro testimonio de una ex pareja en el juicio a fisicoculturista obereño

“Por favor, no lo subestimen porque este sujeto es un peligro latente”

Una ex pareja de Javier Batista describió que sufrió violencia. “Era totalmente dominante y absorbente. Todo el tiempo me decía: ‘Si me engañás te mato’”, declaró Paola Ramírez

jueves 20 de mayo de 2021 | 7:46hs.
“Por favor, no lo subestimen porque este sujeto es un peligro latente”
Ramírez dijo que se refugió de Batista en Virasoro. Fotos: Macarena Bordón
Ramírez dijo que se refugió de Batista en Virasoro. Fotos: Macarena Bordón

Un testimonio descarnado, repleto de recuerdos dolorosos y temor latente, síntesis de una convivencia de ocho meses que dejó secuelas por un combo de desconfianza, control, manipulación, insultos, daños y amenazas. 

“En base a mi experiencia, porque lo conozco, sé que puede haber represalias, pero igual estoy acá”, reflexionó Paola Ramírez (36), ingeniera industrial que también fue pareja del fisicoculturista Javier Orlando Batista (41), quien está siendo juzgado por las lesiones padecidas por Yenifer Guayaré (29).

Ayer, en la tercera audiencia del debate oral a cargo del Tribunal Penal Uno de Oberá, Ramírez precisó que mantuvo una relación con el imputado desde septiembre de 2010 a mayo de 2011, cuando decidió separarse “después de un incidente extremadamente violento”, como describió.

En ese entonces la pareja residía en la localidad de Wanda y la mujer tuvo que viajar y refugiarse en la casa de sus padres, en Gobernador Virasoro, Corrientes, desde donde le comunicó a Batista que quería que abandone la casa que compartían o acudiría a la Policía.

Antes de entrar en detalles sobre el hecho en sí que derivó en su separación, la testigo describió la personalidad de Batista, mencionó varios episodios de violencia y coincidió con aspectos que ya había mencionado Guayaré, como ser controlador, desconfiado y posesivo.

“Yo era de su propiedad. Era totalmente dominante y absorbente. Todo el tiempo me decía: ‘Si me engañás te mato’, y me trabajaba con la culpa. Que yo era la razón de su vida; que sin mí, su vida terminaba. Usaba frases como ‘sos mía, por eso tenés que hacer lo que yo quiero. Tenés que hacerme feliz’”, mencionó.

 
Rasgos de agresividad

Ante el tribunal, la testigo aseguró que el implicado tenía cambios de humor, se volvía muy agresivo e imprevisible. En varias ocasiones hizo escenas en público, dejaba de hablarle y la ignoraba, agregó.

En tal sentido, en la primera audiencia del juicio Guayaré contó que en la fatídica noche en que quedó cuadripléjica (15 de diciembre de 2016) discutió con Batista por una escena de celos y el imputado dejó de hablarle y la ignoraba.

Por su parte, en la víspera Ramírez opinó que dicha actitud “era para humillarme, buscaba desmoralizarme. Todo el tiempo buscaba adecuarme a lo que él quería”.

“En una ocasión yo quería ir a ver a una amiga y se enojó porque quería que me quede con él, pateó una mesita de noche y rompió una puerta. Así reaccionaba, muy agresivo”, remarcó.

En tanto, precisó que el incidente que terminó con la relación sucedió un miércoles de noche cuando una persona se dirigió a su domicilio para preguntarle si podía entregar un currículum en la empresa en la que trabajaba.

Comentó que primero lo atendió Batista y que luego ella le dijo que se acerque a la oficina de recursos humanos de la empresa para entregar personalmente el currículum.

“Luego el sujeto (como nombró al acusado en todo momento) empezó a gritarme que era una puta, que seguro esa persona era mi amante cuando él no estaba en la casa, que quizás pensó que yo estaba sola y por eso fue. Pero yo jamás había visto a esa persona que fue a mi casa”, manifestó.

 
“Pensé que me iba a matar”

Siempre según el testimonio de Ramírez, luego de recriminarle por el supuesto amante, el fisicoculturista llaveó la puerta y se quedó con la llave.

“Estaba muy sacado y empezó a gritar, agarró mi celular, lo tiró y lo destruyó a pisotones. Después me agarró del cuello, gritando, y me tiró al piso. Me quedé en el piso, en estado de shock, con pánico. Pensé que me iba a matar. Luego me agarró el brazo, me tiró en la cama y me amagó con un cinto de cuero, y me decía que le diga la verdad o me iba a matar a palos”, rememoró.

Y agregó: “Ni siquiera tenía el teléfono para pedir ayuda. Él se fue a otra habitación y yo aterrada le escribí una carta pidiéndole perdón y explicándole que yo no conocía a esa persona, que todo era un error. Estaba tan sometida por él que pretendía calmarlo”.

Tal vez aquella reacción por tratar de justificarlo no fue otra cosa que el más básico instinto de supervivencia que experimentan las víctimas de violencia de género. 

Al otro día, temprano, la mujer se preparó para ir a trabajar y, antes de salir, el acusado la tomó fuerte del brazo y le dijo: “Mejor a la vuelta hablás o te mato a palos”, afirmó ayer.

“En el trabajo varias horas me aguanté lo mal que estaba. Lo llamé varias veces y me decía que me iba a arrepentir, que cuando me agarrara me iba a matar porque destruí su vida. Varias veces lo llamé desde mi trabajo insistiendo para que deje mi casa y en todas ellas me amenazó de muerte. Me quebré y me di cuenta de que no podía volver a mi casa”, señaló. 

 
Un arrepentimiento

Si bien en el trabajo la animaron a denunciar el hecho, reconoció que “tenía vergüenza, no sabía qué hacer”.

“Mi jefe me dijo: ‘Andá a lo de tus padres para estar más segura y fíjate qué hacés’. Esa noche, todavía en Wanda, después del trabajo fui a la casa de una amiga que también me dijo que lo denuncie, pero tampoco me animé. Al otro día me fui a lo de mis padres (en Virasoro) y por mensaje le dije que se vaya de mi casa, que iba a volver con mi papá y si él estaba iba a llamar a la Policía”, detalló.

Cuando regresó a Wanda, el imputado ya no estaba en la casa y lo primero que hicieron la mujer y su papá fue cambiar las cerraduras.

En ese punto hizo un mea culpa: “No me animé a denunciar porque estaba en shock, no comprendía lo que había pasado, pensaba que podía ser para peor y me arrepiento por siempre de no haber denunciado”.

En la continuidad de su relato, mencionó que durante un tiempo Batista le escribió “contando la miseria que pasaba por mi culpa, diciendo que perdió todo. Me mandaba mensajes diciendo que le arruiné la vida y que se iba a suicidar. Por la culpa que me hacía sentir, una vez accedí a verlo en la casa de su madre y le dije que se había terminado. Y eso fue todo”.

“A mí me llevó meses y años reconocer, procesar y aceptar que fui una víctima y que ese sujeto abusó de mí. Alrededor de un golpeador hay una comunidad y una familia que calla formando un sistema que le permite existir. La violencia contra las mujeres no tiene ni nunca tuvo un castigo real, por eso los femicidas y violadores no tienen miedo de serlo. Por favor, no lo subestimen, porque este sujeto es un peligro latente”, remarcó.

 
Habló otra ex

Luego de escuchar a la testigo, Francisco Aguirre, el presidente del tribunal penal, le preguntó sí tenía miedo por haber brindado su testimonio, ante lo cual Ramírez ratificó: “Temo porque me va agarrar bronca por lo que estoy haciendo”.

En la víspera también se escuchó el testimonio de otra ex pareja de Batista, la docente Liliana Rodríguez (46), con quien mantuvo una relación hace catorce años.

“Terminamos porque vivíamos etapas diferentes, yo tenía una visión de la vida y él otra porque tenemos algunos años de diferencia. No tuvimos mayores inconvenientes, fue una relación normal. Desconozco qué pasó después porque esta es la primera vez que lo veo en catorce años. No lo volví a ver personalmente ni tuvimos otro tipo de comunicación hasta hoy”, aseguró la testigo.

Ante las preguntas de las partes, Rodríguez subrayó que la relación se terminó porque ella buscaba estabilidad, tener un hogar y una familia, mientras que Batista quería seguir soltero.

“Violencia no hubo, sí inconvenientes porque hubo infidelidades. Yo tengo un carácter tranquilo, entonces por ahí la situación no fue muy conflictiva”, reconoció.

El debate continuará hoy, desde las 8.30, con la declaración de los últimos testigos. Luego se dará lugar a los alegatos de la fiscal Estela Salguero y de los defensores Orlando y Héctor Flosi. La sentencia se conocería en esta misma jornada.

El imputado llegó a juicio en libertad y está acusado de lesiones gravísimas doblemente calificadas por el vínculo y por violencia de género, por lo que afronta una pena de hasta 15 años de cárcel.

 
Respaldo de mujeres afuera del Tribunal
En la víspera un grupo de mujeres se acercó hasta el Tribunal Penal de Oberá en respaldo de la denuncia de Yénifer Guayaré y en reclamo por una condena a Javier Orlando Batista.

Portaban carteles con consignas como ‘Basta de encubrir potenciales femicidas’ y ‘Cárcel para Batista’. “Estamos acá por le creemos a la víctima y mañana (por hoy) seremos más”, anticiparon.

Precisamente, mediante las redes sociales convocan para un “cacerolazo por justicia para Yenifer”, desde las 9.30 de hoy, frente al tribunal de calle Maipú casi Bolivia, de Oberá. 

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