lunes 21 de junio de 2021
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Danza y muerte en el Guarán

miércoles 19 de mayo de 2021 | 6:00hs.
Danza y muerte en el Guarán

Desde los orígenes del hombre el baile fue una actividad natural pues, sin comunicación oral, el gesto y el contacto físico permitía hacerse entender por el otro. El movimiento le enseñó a recrear la realidad que lo rodeaba.

La danza, en las culturas más antiguas se amalgama con su vida y entra a ser parte del mismo, le sirve para comunicar sentimientos, creencias y tributo al ser supremo. En la Biblia se cuenta que bailar era una actividad común entre los hebreos. El rey David bailaba y lo hacían las vírgenes en acontecimientos importantes.

En la Grecia antigua la danza se inició en Creta, lugar en que los dioses enseñaron a los mortales a honrar al dios Zeus. Manifestación exhibida en rituales cívicos y religiosos expresando alegría, tristeza y amor. La música, la danza y la poesía eran elementos indispensables en la tragedia griega, en cual la catarsis ponía al individuo en relación con los dioses

La danza se menciona en muchas ocasiones en las Escrituras. En Éxodo se describe al pueblo de Dios danzando como un acto de adoración al Ser Supremo. Y la hermana de Aarón, Miriam la profetisa, tomó una pandereta en su mano y todas las mujeres la siguieron con panderos y danzas. Esta alegre danza al Señor, se realizó después de que Israel cruzara el Mar Rojo y se celebró así la liberación de la esclavitud en Egipto.

También en la Biblia está escrito que la danza no siempre se presenta de forma loable. Después de danzar en alabanza a Jehová, los israelitas danzaron ante un becerro de oro en adoración. Entonces aconteció que al llegar Moisés al campamento y vio bailar ante el becerro en adoración, ardió en ira y arrojó las tablas de sus manos y las quebró al pie del monte. En esta ocasión, la danza, era parte de un escándalo malvado y de idolatría. Por lo tanto, la danza es un modo de expresión que puede ser usado para el bien o para el mal.

En nuestra época juvenil de estudiantes secundario, el baile era esencial y bailábamos para divertirnos, aunque algunos tenían malos pensamientos.
En nuestra rica historia misionera y guaraní, la danza tiene un significado filosófico y religioso muy profundo. Fue adquirido en la noche de los tiempos por los originarios de la selva, desde el momento que Tupá decidió dar luminosidad al caos separando el día de la noche y creara, definitivamente, a las distintas especies y al hombre. Este comportamiento se explica muy bien en la conducta atávica que observaron frente al real peligro de muerte y de su propia subsistencia como raza. Hecho ocurrido en forma masiva ante el avance bandeirante allá en el norte del Guaira, cuando la bandada del malón acuático descendía impávido y arrogante por el Río Paraná.

Cuentan los chamanes, que la marabunta de los caza-hombres se acercaba peligrosamente a los poblados y los padres Jesuitas: Antonio Ruiz de Montoya y Andrés Cortejarena, junto al gran Mburuvichá, organizaron el éxodo del Guaira para evitar que los guaraníes de la Misiones sean capturados por la horda de la siniestra bandeira. Doce mil almas guiadas por estos curas iniciaron el peregrinaje cansino del desarraigo obligado. No fue fácil el traslado de toda la población guaireña, ya que después de sortear los grandes saltos del Iguazú solamente quedaron siete mil sobrevivientes y unas pocas balsas.

El tiempo apremiaba y debieron construir embarcaciones en el menor tiempo posible, porque la lacra esclavista se seguía acercando. E intuyendo la noble intención del cura Antonio, el gran Mburuvichá le dijo amablemente: Padre, rece una oración por las almas de los muertos y dé gracias al Señor por nuestra salvación.

El sacerdote no se hizo esperar e inmediatamente inició las oraciones, no bien terminó el acto espiritual con la señal de la cruz, el gran Mburuvichá continuó:

Ahora, Padre, lo haremos nosotros según nuestras costumbres. Y sin esperar respuesta se dirigió a sus hermanos en familiar avañe-é: Joike’y Chaemba’e: Ková va’irã jehu Oho Chupé Tembiepotá Ygua ñandeyara ñembo’ ejoike’ y. Mopu’ ã petei ñembo’ e ndive jejaposey pe ñande ava ñeé.

Ni bien concluyó la plegaria, los siete mil sobrevivientes comenzaron a danzar y a cantar en el idioma vernáculo en acción de gracias, batiendo palmas y agitando porongos como maracas.

Conmovido, el cura Andrés escribió en sus apuntes: Apenas el Padre Antonio empezó a rezar el Padrenuestro, los aborígenes se arrodillaron repitiendo la oración. Concluido el acto religioso con la señal de la cruz, el gran Mburuvichá se dirigió a los sobrevivientes en idioma guaraní: Hermanos míos. Esto que sucedió fue la voluntad de Dios. Elevemos con humildad una oración en nuestro idioma.

Obedientes, sus hermanos, desde el más chico al más grande, se pusieron de pie y al unísono comenzaron a danzar y a cantar del modo ancestral de comunicarse con el creador de todas las cosas. Tanta pasión de fe nos conmovió hasta las lágrimas y comprendimos, allí ubicado en ese puntito de la inmensa selva, “que Dios está en todos lados, y que se comunica con la gente de la manera que Él elija, y que la gente se comunica con Él de la manera que prefiere”.

Y en nuestro actual presente, mes aniversario de la creación en 1948 del Estado de Israel, roguemos que cese la beligerancia entre judíos y los rebeldes de Hammas en la antigua Palestina, y dancen en paz y confraternidad.

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