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Pinceladas de historia

Manuel Belgrano, organizador mesopotámico

domingo 16 de mayo de 2021 | 6:00hs.
Manuel Belgrano, organizador mesopotámico

El general Manuel Belgrano es recordado en la historia regional misionera como el redactor de un Reglamento en 1810, que pretendió renovar las energías al pueblo guaraní-misionero desanimado por un sinfín de penurias posteriores a la expulsión de los Jesuitas en 1768.

En efecto, delegado por el gobierno revolucionario de Mayo y actuando como autoridad de la Primera Junta redactó desde el Campamento de Tacuarí, antes de su enfrentamiento contra el ejército paraguayo, el Reglamento para los Naturales de Misiones, consistente de 30 artículos donde se refleja claramente el espíritu ilustrado de Belgrano al insistir, por ejemplo, en la libertad total de los naturales, contrario a las ancestrales costumbres guaraníticas de la vida comunitaria. De cualquier modo otras medidas como la de fomentar la formación de milicias, dado el carácter fronterizo de la región, fueron importantes para los hechos que se sucederían posteriormente. Andresito, por ejemplo, se valió de gran parte de milicianos guaraníes en la defensa de la soberanía territorial frente a los portugueses.

Un aspecto que no es tan conocido es el rol de organizador de los pueblos mesopotámicos por parte del prócer en su trayecto desde Buenos Aires hasta el Paraguay. La realidad que encontraría Belgrano en su Expedición al Norte contrastaba con otras regiones del antiguo Virreinato. Las Misiones de guaraníes sufrían una larga agonía desde la expulsión de los Padres de la Compañía de Jesús. Entre Ríos y Corrientes se constituían como distritos en formación. Y existían infinidad de cuestiones territoriales por resolver ante la revolución consumada. Belgrano, como jurista y miembro de la Primera Junta resolvió algunas de estas problemáticas jurídico-administrativas.

Por ejemplo, el pueblo misionero de Yapeyú sostenía desde principios del 1800 un pleito con la aldea correntina de Curuzú Cuatiá fundada por José Zambrana y Tomás del Castillo, en 1797, por el dominio del territorio sudeste de la actual provincia de Corrientes. Esta región había sido colonizada  por el Padre del Libertador, don Juan de San Martín, siendo Teniente de Gobernador de Yapeyú y se hallaba  poblada por guaraníes de las Misiones. Ese distrito contenía dos estancias comunitarias, La Merced y San Gregorio que dieran lugar en el futuro a las actuales ciudades de Monte Caseros y Mocoretá. Un poco más al sur, pasando el río Mocoretá Juan de San Martín había fundado dos estancias más, Mandisoví y Salto Chico, actuales ciudades de Federación y Concordia.

El virrey Avilés, en 1800, consideró que el área donde había sido fundada Curuzú Cuatiá  pertenecía a Misiones, ordenando que esa aldea formara parte del partido de Yapeyú. Al estar poblada enteramente por ciudadanos correntinos, este gobierno se negaba a aceptar esa decisión virreinal.

Enterado de esta situación, Manuel Belgrano, para dirimir en ese conflicto ordenó trazar una línea entre Curuzú Cuatiá y Yapeyú desde el río Miriñay, tradicional frontera meridional de Misiones, hasta el río Mocoretá. Al distrito misionero le correspondió el espacio que ya venía ocupando desde la época de San Martín, es decir La Merced y San Gregorio. Y al pueblo de Curuzú Cuatiá le asignó una jurisdicción al occidente de esa línea imaginaria. Es decir que respetó el poblamiento misionero al sur del Miriñay, donde el elemento indígena era dominante.  Desde el Mocoretá al sur, en tierras actualmente entrerrianas le adjudicó a Mandisoví una amplia jurisdicción hasta donde hoy es Concordia, pero con dependencia del cabildo de Yapeyú. Y con ello solucionó, por lo menos temporariamente ese conflicto de límites interprovinciales.

Con lo expuesto queda claro que desde los tiempos de don Juan de San Martín, en la década de 1770, la frontera sur de Misiones se expandió desde el Miriñay hasta el arroyo Yeruá, donde actualmente se erige la ciudad de Concordia. Belgrano legalizó una ocupación efectiva que llevaba más de medio siglo. Ese distrito de Mandisoví se constituiría con el tiempo en el refugio de muchos guaraní-misioneros en la convulsionada etapa de las guerras artiguistas. Y allí surgieron, en los tiempos de la Independencia, líderes guaraníes trascendentes como Domingo Manduré, Pablo Areguatí, Miguel Guarumba, etcétera.

Por otra parte, y en el mismo acto de ordenamiento del espacio meridional entre Misiones y Corrientes, el miembro de la Junta de Gobierno, don Manuel Belgrano legalizó (no fundó, pues ya se hallaban como entidades urbanas) la existencia de Mandisoví y Curuzú Cuatiá. La Providencia escrita para tales actos decía:

“He venido en quitar todos los obstáculos que se oponían a la formación, adelantamiento y progreso de estos pueblos… y en particular decidir de que estos terrenos por corresponder a los indios de Yapeyú no debían poblarse respecto a que hoy todos somos uno… pero por otra parte los insinuados indios ni están en estado ni pueden poblarlos, siendo a la verdad un punto que merece toda la atención para el comercio, por ser el centro de los terrenos que median desde Corrientes en el Paraná hasta el Uruguay…”

Sin dudas, un fallo salomónico que permitió una paz temporaria en 1810, a un distrito que pronto volvería a convulsionarse en los tiempos del artiguismo.

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