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Testigos que vieron al joven detenido en Dos de Mayo

“Le pegaban y él decía por qué me pegan si yo nunca hice nada para nadie”

El Territorio accedió a las declaraciones judiciales que apuntan a policías. El miércoles la querella que representa a la familia Golemba radicó una denuncia en la Fiscalía Federal de Oberá

domingo 02 de mayo de 2021 | 6:03hs.
“Le pegaban y él  decía por qué me pegan si yo nunca hice nada para nadie”
Los testigos declararon haber visto a Golemba detenido en la comisaría de Dos de Mayo.
Los testigos declararon haber visto a Golemba detenido en la comisaría de Dos de Mayo.

“Una noche a eso de la nueve le traen a un muchacho esposado con las manos en la espalda pero no le hacen entrar al calabozo, le dejan al lado de la puerta y le reconozco como a Mario Golemba. Él también me reconoció y me dijo: ‘Hola Ramón, podés sacar mi celular yo te voy a dar el número para que llames a mi gente’, el celular lo tenía en el bolsillo de adelante del pantalón y no podía sacar porque estaba esposado con las manos atrás. No llegué a sacar el celular porque cuando estaba por meter la mano para sacarlo vinieron dos policías y le llevaron a otro lugar”.

Así comenzó la declaración testimonial de Ramón Domingo Olivera (29), el 28 de abril de 2009, ante la entonces jueza de Instrucción Uno de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat.

Se había cumplido trece meses de la desaparición de Mario Fabián Golemba (27) cuando dos internos de la Unidad Penal II de Oberá -el citado Olivera y Vas Carlos Almeida (61)- se animaron a contar que en marzo del año anterior lo vieron esposado en la comisaría de Dos de Mayo.

La versión de ambos testigos avaló la hipótesis que ya manejaba la familia Golemba a partir de ciertos testimonios e indicios recabados: a Mario lo detuvo la Policía, tal vez al confundirlo con el identikit de un boquetero que en aquel tiempo era buscado; lo habrían interrogado, golpeado y después lo hicieron desaparecer.

Pero la Justicia provincial desestimó el aporte de Olivera y Almeida y el expediente quedó encajonado trece años como una simple desaparición.

“Desmerecieron testimonios valiosísimos para la investigación que daban luz al delito denunciado”, opinó Rafael Pereyra Pigerl -querellante por Irma Komka y Eliezer Golemba, madre y hermano de Mario-, quien el miércoles radicó una denuncia en la Fiscalía Federal de Oberá para que el hecho se investigue como desaparición forzosa de persona. 

Esposado sobre el móvil

El Territorio accedió por primera vez a las declaraciones que Olivera y Almeida realizaron en abril de 2009 ante el Juzgado de Instrucción Uno, a instancias de las autoridades de la UP II de Oberá, donde se hallaban detenidos por diferentes delitos.

Luego de contar que vio a Mario Golemba esposado en el pasillo que da a la celda de la comisaría de Dos de Mayo, de donde lo sacaron cuando pidió ayuda para llamar a su familia, Olivera relató: “A las dos horas por ahí, ya estaba acostado y durmiendo, vino el jefe (Ewaldo) Katz abrió la puerta del calabozo y me llamó, me dijo vení. Me llevó a una pieza al lado de la guardia de la comisaría y me empezó a pegar”.

“Me dijo ‘vos tenés que contar de un caso de robo’ que supuestamente había pasado un tiempo antes, pero cuando pasó eso yo ya estaba detenido. Y me preguntaba si conocía el nombre del muchacho que estaba ahí, por Golemba. De ahí me llevaron a la pieza adonde está la radio de comunicaciones, que queda en la parte de atrás de la comisaría y cuando pasé yendo para allá le vi a Golemba que estaba boca abajo en el piso de una camioneta de la Policía, de esas de las nuevas, esposado para atrás estaba. Y tenía tapada la cabeza con algo negro, no sé si una bolsa o qué. La camioneta estaba en el garaje de la comisaría, también en la parte de atrás”, agregó.

Mencionó que estuvo esposado en la pieza de radio un buen rato, sólo en compañía de Ewaldo Katz, quien era el jefe de la comisaría de Dos de Mayo.

“Me volvieron a llevar al calabozo y al rato me llevaron agua para el mate, cosa extraña, y también me alcanzaron dos paquetes de cigarrillos”, indicó.

“Soy Mario Golemba”

Ante la jueza Kunzmann de Gauchat, Oliverá precisó que conocía a Golemba porque éste atendía el almacén de la cooperativa de yerba de Dos de Mayo, donde compró mercadería cuando trabajó en el secadero de la empresa y recibía vales para gastar en ese comercio.

Sobre la noche que lo vio en la puerta del calabozo, indicó que “el jefe le trajo y le dejó ahí y al rato el jefe mismo vino y le llamó y le sacó”, al tiempo que Golemba le dijo que no sabía por qué lo habían detenido.

Mencionó que había otros policías “pero quedaron retirados de la puerta, se escuchaba que hablaban pero no sabía quiénes eran ni cuántos porque donde estábamos no se veía el lugar donde estaban los otros policías. El agente Silva o Da Silva fue el que mandó que nosotros nos corriéramos de la puerta, que saliéramos cerca de donde estaba Golemba”.

Y agregó: “Cuando yo estaba adentro de la piecita de radio escuché que le pegaban y que él decía ‘por qué me pegan si yo nunca hice nada para nadie’, también escuché que dijo que trabaja para la cooperativa de yerba y que todos lo conocen. Dijo, ‘soy Mario Golemba’”.

Según su declaración, luego de alrededor de dos horas escuchó que la camioneta donde Golemba estaba esposado arrancó y se fue, tras lo cual no volvió a verlo.

Tampoco escuchó que el vehículo regresara, a pesar de que estuvo despierto varias horas y que la celda es lindera al garaje.

Ya estando alojado en la UP II se enteró que Golemba estaba desaparecido y decidió contar lo que había visto.

Además aportó una descripción física exacta: “Era flaquito, alto, pelo negro lacio, la cara de él es medio para adentro los pómulos, las mejillas”.

Segundo testigo

Por su parte, Vas Carlos Almeida precisó que estuvo detenido en la comisaría de Dos de Mayo desde el 2 de marzo de 2008.

Luego de unos días, no recordó la fecha precisa, pero sí que era de noche cuando “le traen a un muchacho que le pide a (Ramón Domingo) Olivera que le saque su celular porque quería llamar a su familia porque él estaba esposado con las manos en la espalda y no podía. Pero antes que Olivera vinieron policías y le llevaron a ese muchacho. Dos o tres horas más tarde vienen policías y le sacan a Olivera del calabozo. Después me contó que le encapucharon y le pusieron boca abajo en una camioneta y no sabe dónde le llevaron y le pegaron a él y al otro muchacho. Que a Olivera le decían que tenía que saber de un robo en Puerto Rico o Jardín América, algo así”.

Mencionó que su compañero de celda le dijo que los policías golpearon a Golemba, quien decía “no me peguen, yo no tengo nada que ver, yo soy Mario Golemba”.

“Al rato Olivera escuchó que esa persona gritó y no le escuchó más. A Olivera le pegaron unas trompadas más hasta que escuchó que los policías dijeron ‘vamos a llevarle nomás’. Cuando volvió al calabozo se veía que estaba golpeado y dolorido. Y al rato, cosa que me pareció rara, le alcanzaron agua caliente para que tome mate. A la otra persona no se la volvió a ver más”, detalló en sede judicial.

Almeida señaló que conocía a Golemba de vista porque trabajaba en la cooperativa de yerba de Dos de Mayo, donde compró varias veces.

Además, reconoció que en principio tuvo temor de contar lo que sabía, pero se animó a hablar porque las autoridades carcelarias le brindaron tranquilidad al respecto.

Hipótesis de la querella

El 27 de marzo de 2008 Mario Fabián Golemba viajó desde Dos de Mayo a Oberá para consultar con una nutricionista, ya que pretendía aumentar de peso. Su familia nunca más lo volvió a ver.

Según la presentación realizada por el querellante Rafael Pereyra Pigerl ante la Fiscalía Federal de Oberá, tiempo después se registraron testimonios que ubican a Golemba detenido en la comisaría de Dos de Mayo.

“Por lo que se pudo investigar, para dicha época en la zona Centro de la provincia se estaba buscando a una banda que se dedicaba al robo, que los denominaban los boqueteros y en cada comisaría o dependencia policial había unos identikit, uno de los cuales muy parecido al de Mario Golemba. Más tarde hubo varias versiones, incluso de que también habría actuado la Brigada de Investigaciones de Oberá, y la Seccional Primera, pero lo acreditado es que lo ubica con dos testigos al menos en la dependencia policial de Dos de Mayo”, señala el escrito de la querella.

Incluso, para Pereyra Pigerl en ese momento la jueza Kunzmann de Gauchat le dio entidad a dichos testimonios y se declaró incompetente por la jurisdicción donde sucedieron los hechos, competencia del juez de Instrucción de San Vicente.

De todas formas, el Tribunal Penal de Oberá entendió que no estaba comprobado el hecho y le devolvió la competencia a la jueza.

Por ello, el querellante cuestionó “la ligereza y liviandad” con que actuó el Tribunal Penal de Oberá, al tiempo que ponderó que existen elementos para la figura de desaparición forzada de personas.

“A Mario Fabián Golemba lo detuvo la Policía de Misiones, que no registró su detención, tampoco el ingreso a la seccional de Dos de Mayo, y se escondió a Golemba o sus restos hasta el presente”, remarcó el letrado.

“Secretismo” judicial
En su presentación ante la Justicia Federal, Pereyra Pigerl cuestionó “el secretismo y ocultismo que tuvieron las presentes actuaciones durante trece años, en que ni siquiera se le permitió el acceso a su familia ni al letrado patrocinante; el cuasi archivo y paralización de las investigaciones por varios años; la intromisión de la Policía en la investigación intentando mediante declaraciones administrativas, llevadas a cabo en la comisaría de Dos de Mayo, desvirtuar la pruebas testimoniales tomadas por el juez a cargo”.

También lamentó la falta de protección a testigos y familiares, al punto que sus representados se vieron obligados a mudarse a Chaco por el temor constante.

“Fueron objeto en más de una oportunidad de amenazas anónimas, más delitos contra la propiedad en su domicilio, en forma de intimidación. Es más, en Semana Santa, y dado que se cumplían trece años de la desaparición de Mario, estuvieron visitando Misiones y recabando información. Luego, a pocas horas de dejar la provincia, otro hecho vandálico ocurrió en el que fuera su último domicilio”.

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