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Bolsonaro, el autor intelectual de una gestión que convirtió al país en una gigantesca funeraria

domingo 02 de mayo de 2021 | 6:02hs.
Bolsonaro, el autor intelectual  de una gestión que convirtió al país en una gigantesca funeraria
Brasil es el segundo país del mundo con mayor número de muertos por Covid-19.
Brasil es el segundo país del mundo con mayor número de muertos por Covid-19.

En junio de 2014, mientras la atención de los brasileños y de casi todo el mundo estaba puesta en el Mundial de fútbol, el entonces diputado Jair Bolsonaro fue mencionado apenas seis veces en Folha de São Paulo, el segundo diario más leído del país.

 La primera fue el día 6, en la columna “Poder”. La noticia fue tan breve e ilustrativa que vale la pena reproducirla: “El diputado Jair Bolsonaro, que ataca a los gays y defiende a la dictadura militar, fue con sus hijos al acto de apoyo al tucano”. El tucano, como llaman en Brasil a los miembros del que alguna vez fue el partido más importante de la derecha, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), era Aécio Neves, entonces candidato a presidente.

El apoyo de un ridículo diputado homofóbico que defendía a torturadores y quería instaurar la pena de muerte fue la nota de color de ese día en la campaña de la oposición. Al día siguiente, otro pequeño artículo destacó una entrevista del actor inglés Stephen Fry a ese mismo personaje. “Ningún padre puede estar orgulloso de tener un hijo gay”, declaraba Bolsonaro.

Las demás menciones, cerca de fin de mes: una pelea con los dirigentes de su partido, declaraciones divulgando una noticia falsa, una obra de teatro que lo citaba como ejemplo de político homofóbico y una selfie que se sacó junto a un pastor evangélico racista y un cirujano plástico.

 Llegó julio, Brasil fue eliminado en la semifinal por 7 a 1 y Bolsonaro no salió más en el diario. El 13 de ese mes, las selecciones de Argentina y Alemania se enfrentaron en Río de Janeiro en un Maracaná que explotaba de gente: 74.738 personas.

De regreso al presente, esa imagen del estadio sirve para entender el tamaño de la tragedia brasileña. Los muertos por la política genocida de Bolsonaro –aquel bufón del “bajo clero” del Congreso al que nadie tomaba en serio– son más de cinco veces el público de la final de un Mundial en uno de los países más futboleros: 406.437. Casi tres veces la población del barrio carioca de Copacabana.

Están muriendo entre dos y tres mil personas por día (ayer fueron 2.150), y un reciente informe de la prestigiosa Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) advierte que, si no se empieza a hacer con urgencia lo contrario de lo que se está haciendo, pronto pueden ser 5.00.

Una pesadilla hecha realidad

Todas las advertencias anteriores parecían exageradas, pero todas se cumplieron, porque se hizo todo al revés. Quien aprieta el “gatillo” es el virus, pero el autor intelectual de cada una de esas muertes es Jair Bolsonaro.

 Fuera de Brasil, muchos se preguntan por qué un presidente querría más muertos. El historiador brasileño Michel Gherman, que codirige el Núcleo de Estudios Judaicos de la Universidad Federal de Río de Janeiro y realizó estudios de posgrado en la Universidad Hebrea de Jerusalén, sostiene que, para Bolsonaro, el coronavirus no es un problema, sino una solución.

Por eso no se solidariza con las familias de los muertos y, en vez de enfrentar la pandemia, boicotea todos los esfuerzos para combatirla.

“Bolsonaro cree que el virus está limpiando a Brasil de los ‘débiles’; lo dijo algunas veces. Estamos hablando de un gobierno nazi, o al menos con fuerte influencia de la cultura y la estética nazis”, afirma Gherman, una de las voces más lúcidas de la comunidad judía brasileña.

Agrega que Bolsonaro va a pasar, y cuando pase, Brasil tendrá que pensar cómo se “desbolsonariza”, del mismo modo que Alemania precisó desnazificarse.

Todas las atrocidades cometidas por Bolsonaro desde el comienzo de la pandemia, transformaron a Brasil en una inmensa funeraria, mientras el presidente aprovechaba el caos para amenazar con un golpe de Estado, perseguir a opositores, atacar a la prensa, flexibilizar la venta de armas, fortalecer a las milicias y defender a sus cuatro hijos acusados de corrupción.

En una reunión de gabinete que fue grabada y luego se hizo pública, discutió con sus ministros la posibilidad de un golpe militar; incluso llegaron a hablar de encarcelar a gobernadores y jueces del Supremo Tribunal Federal.

La situación política actual

 El gobierno es una mezcla de lunáticos, terraplanistas, fascistas, pastores teócratas, lobbistas del poder económico, milicianos, nazis y supremacistas blancos.

La extrema derecha llegó al poder luego del mayor fraude judicial de la historia de Brasil, cuando Lula, que lideraba las encuestas, fue víctima de una causa armada por un juez corrupto con la complicidad de un grupo de fiscales y acabó proscripto y en la cárcel por 580 días.

Ese juez, Sergio Moro, a quien los principales diarios de Brasil trataban como un héroe y hasta Netflix le dedicó una serie propagandística que falseaba su historia, dejó la toga para asumir como ministro del candidato que, gracias a él, pudo llegar a las elecciones con su adversario preso.

 La situación actual tuvo muchos cómplices, que sabían quién era Bolsonaro y no les importó ayudarlo. Hace algunas semanas, el Supremo Tribunal Federal, con una demora imperdonable –pero por fin– anuló todos los procesos contra Lula y le devolvió sus derechos políticos. La decisión no es ajena al contexto. También hubo en estos días una carta pública de economistas y empresarios contra el gobierno y hasta los diarios que habían apoyado a Bolsonaro piden su cabeza.

Con más de 400 mil muertos, hasta las elites están en pánico, y hay quienes corren a cambiar de lado antes de que la historia –o algún tribunal internacional– los llame a rendir cuentas.

Sin embargo, por ahora la facción más corrupta de la vieja política brasileña, el mal llamado “Centrão”, sigue frenando el impeachment contra Bolsonaro, mientras huele sangre, negocia cargos y poder y se prepara para apartarse cuando llegue el momento adecuado. 

 

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