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Revuelo en Villa Cabello (rescate y devolución)

sábado 01 de mayo de 2021 | 6:00hs.
Revuelo en Villa Cabello (rescate y devolución)

Quiero contar la historia como yo la viví. Todos los que amamos los animales tenemos distintas formas de hacerlo en base a nuestra cultura y los aprendizajes que hemos tenido en nuestras vidas. Existe tanto potencial desaprovechado que si pensáramos realmente en el bienestar de ellos como un todo junto con sus ambientes, los compartiríamos y disfrutaríamos en Parques y Reservas como una cuestión natural.

El trabajo que realizamos en la chacra 150 fue realmente desde las ganas; mi amiga Patricia Sandoval me preguntó si podía ir a ver “los monos” que estaban denunciando en este barrio de Posadas. Cuando estábamos llegando vimos una zona recién desmontada de la Costanera. En línea recta no más de 300 metros. Ahí fuimos y vimos una sola mona, preguntamos a varios vecinos, a los directivos de la escuela y la mayoría nombraban un solo mono, compilamos todos los videos y fotos que habían sacado y también todos eran de una única mona. Sabemos que es una hembra juvenil por ser de color marrón claro y por el tamaño, los machos de esta especie son de color negro y las crías también son marroncitas. No hay un solo registro gráfico de que hubiese más individuos. En base a eso, al desmonte cerca y a que se mantenía en las alturas supimos que se trataba de un animal silvestre. Los monos carayá que han sido mascotas se arriman a la gente y hasta quieren colgarse de nosotros y enroscarnos la cola.

Después de muchas gestiones del Ministerio de Ecología e infinitos WhatsApps primero intentamos con una trampa de comida en la cual no cayó, justamente por ser un animal silvestre. Luego pudimos coordinar para que viniera el veterinario Dante Di Nucci, de Güira Oga, que es experto en animales silvestres, para ayudarnos a capturarla junto con el veterinario Sergio López, de El Puma. Entre ambos pensaron la mejor manera era anestesiarla para capturarla con el menor estrés posible.

La parte más difícil fue al llegar al lugar, la gente se amontonaba para ver “el mono”, algunos decían ‘qué ganas de agarrarlo para abrazarlo’, otros que no matemos al mono, unos pocos que sí lo matemos porque no lo querían entrando a las casas… Encontramos fruta en todos los techos del barrio que le tiraba la gente y hasta el mito de que el mono acumulaba alimento en una terraza (cosa que esta especie no hace). Algunos se arrimaban con niños o perros.

Al ser un animal silvestre lo que hace es escapar del bullicio, por ese motivo las personas que se arrimaban en realidad estaban complicando la captura. Logramos que comiera una fruta con un sedante, pero al querer escapar de la gente se iba cada vez más alto, entonces para dispararle con dardos tranquilizantes también se complicaba más, por la distancia y porque no quedaba quieta del todo. Para tener un tiro seguro y no dispararle en una parte del cuerpo que pueda lastimarla lo mejor es que esté quieta y a corta distancia. Entonces vinieron los bomberos para ver si llegaban a la altura que se había ido y todo se iba complicando más… pero finalmente, a pesar de todo, el valiente veterinario pudo dispararle y el decidido Héctor, de El Puma, la pudo agarrar entre los techos y colocarla en la caja oscura donde todos los animales silvestres se tranquilizan.

Tenemos tanto trabajo por hacer… Tenemos que contarle a la gente que lo mejor para todos los animales silvestres es dejarlos tranquilos, ellos encuentran su propia comida, no necesitan que los alimentemos, así sobrevivieron siempre. Tenemos que contarles que a todos nos dan ganas de agarrarlos y apretarlos como peluches, pero sabemos que eso les hace mal, que se confunden y creen que son personas y después que aprendieron eso no pueden volver a sus ambientes naturales porque no saben cómo sobrevivir, cómo trepar árboles como conseguir su comida, cómo defenderse de sus predadores. Si hacemos eso los condenamos muchas veces a vivir en jaulas por el resto de su vida. Tenemos que contarles que no todos los animales que se rescatan pueden volver a su ambiente, porque lamentablemente cada vez hay menos “ambiente” y quizás ya este todo ocupado por los de su especie, o no podamos soltarlo porque ya se contagió alguna enfermedad que si llega al ambiente puede matar a muchos otros animales.

También tenemos que contarles que esto que hicimos con esta mona no podemos hacerlo con todos los animales que vemos en las ciudades; a veces se forman grupos que pueden sobrevivir con los árboles de un parque o una plaza y lo único que necesitan es que los dejemos en paz, no tratemos de agarrarlos ni alimentarlos, sólo nos deleitemos con verlos, con sacarles fotos, pero a la distancia, con respeto, el mismo respeto que tendríamos por otra persona. Tenemos que aprender a convivir con ellos. Una manera fácil de verlo creo que es ponernos en su lugar… qué pensaríamos si toda la gente quiere tocarnos y agarrarnos, o llevarnos a sus casas para sus hijos para quedárselos… Me parece que un comienzo es empezar a pensar así.

Luciana Inés Oklander

Bióloga. Investigadora Adjunta. Grupo de Investigación en Genética aplicada (Unam-Conicet) Instituto de Biología Subtropical (IBS). Investigadora adjunta Fundación de Historia Natural Félix de Azara

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