martes 18 de mayo de 2021
Cielo claro 17.7ºc | Posadas

El hombre alado

“Una vez que hayáis aprendido a volar, caminarás en la tierra mirando el cielo porque es allí que habéis estado y es allí que vais a querer volver”. Leonardo Da Vinci

domingo 25 de abril de 2021 | 6:00hs.
El hombre  alado

A veces pienso en lo loco de aquel día, cuando le comenté a Roberto de mis ansias de volar. Sería a través de un artefacto fabricado por mis propias manos, y que careciera de fuerza motriz. Él, amigo de tantos años, compañero de facultad, me miró, y con la parsimonia que lo caracterizaba, mientras jugaba con un cigarrillo entre el índice y el pulgar de su mano izquierda, dejó escapar una frase, como si hubiera sido una sentencia.

—¡Fijate en los gráficos de Leonardo! — me dijo.

—¿Qué...? — dije. Apenas pude comprender la locura de la que me estaba hablando. Se fue mi vida en esa expresión.

—¡Si, leelo! — Trabajá pacientemente con sus gráficos, descubrí algo en aquellos donde se obsesiona con la idea de volar. Estudiá, investigá y planificá la mejor forma de realizar las alas, que será el detalle más importante. Deben ser lo suficientemente livianas, pero que tengan la capacidad de soportar el peso del humano a trasportar. Imaginate el estado de impotencia que habrá padecido que, a pesar de ser un genio, no podía volar. Algo tan natural para las aves que lo hacen con total sencillez en el firmamento — insistió.

Al principio no podía conciliar la idea. Debido a la tecnología existente en la actualidad, obviamente muy superior a la de aquellos tiempos, era sencillamente ridículo pensar en un invento diseñado hace más de 500 años. Así también era absurdo ignorar los adelantos actuales, los procesos técnicos desarrollados desde aquella época hasta esta actualidad: la hidráulica, el peso y la resistencia de las telas para que soportaran y resistieran mi cuerpo y la fuerza del aire. Pensaba tan sólo en algo tan espectacular, como que el hombre había llegado a la luna, y el imponente desarrollo impulsado en esta era espacial. Se me complicaba; pero mi espíritu sin embargo, seguía obsesionado con volar, sin importarme lo ridículo que me verían los demás por el hecho de pensar en esa posibilidad de la manera más rudimentaria posible, emulando al Gran Leonardo.

Claro que debido a ese pensamiento atrevido y excéntrico que mi amigo había incorporado en mí, no pude evadirme del caudal enorme de ansiedad que había insuflado a mi voluntad. Sólo pensaba en cómo sobrellevaría y emprendería esta curiosa aventura.

Comencé haciendo lo que me había dicho. Pensé en cómo sería volar en esas condiciones, sin fuerza motriz, sólo con la fuerza de mis miembros, como si pedaleara en el aire y el viento me elevase. Sentir su torpe caricia en mi rostro, e imaginar esa dicha y satisfacción por hacerlo. Yo me veía en sueños, arriba entre las nubes, disfrutando mientras contemplaba abajo el mundo de todos los días. Una sonrisa se dibujaba en mi rostro, como si estuviera de buenas a primeras gozando aquella experiencia, mientras se deleitaba mi espíritu en esa libertad tan codiciada, manifestada a borbotones sobre mi cuerpo.

Todo parecía estar planificado para que en poco tiempo, lo imaginado se transformara en realidad y mis precarias alas se atrevieran a surcar los cielos de mi ciudad. Comencé mi tarea recogiendo todo tipo de plumas. Luego seleccionaría aquellas que poseyeran nervaduras fuertes pero a su vez grandes y muy resistentes. Luego recogería cañas de bambú, incorporando y entrelazando las plumas como estaban en el gráfico de Leonardo. Todo estaba saliendo perfecto y, como lo había pensado y establecido en la maqueta, me dediqué a seguir las indicaciones precisas.

Ya me veía volando, dominando el aire y pleno de creación. Mi espíritu libre de toda sensación de lo que no fuera sólo de la corriente que me impulsara, con la mirada hacia el cielo y el rocío de las nubes mojando mi piel. Mis grandes alas abanicando sobre la extensión sin límite de la inmensidad del firmamento, como si esto ya comenzaba a ser un juego demasiado real, para que fuera una ilusión. Cada movimiento de mi cuerpo en torsión sobre el vacío, donde el aire adquiere sentido, porque es el alma máter que sustenta los cuerpos, sería como llegarle a la plenitud de la gracia adhiriéndose a la sensación gloriosa de estar sin peso, vencer la gravedad y aprovecharme de las corrientes como ondas sublimes. Volar debía ser una sensación parecida a estar desnudo en un lago trasparente. Igual estremecimiento se me ha ocurrido muchas veces, o casi siempre como si fuesen sugerencias inducidas por mi imaginación. Estar inmerso en un blanco lienzo y encontrarme libre de ataduras, disfrutando a todas luces de ese instante de felicidad, otorgado como un merecido regalo de la vida.

Dios allí, el mundo mirando desde abajo al ser que vuela en un tiempo propicio, y la ilusión que todo lo puede en el intento de estar con vida, como un poderoso imán que insiste que debe ser bien vivida. Se debe recorrer el límite y admirar la plenitud de lo que se observa, la inmensidad de las distintas tonalidades de verde que cautivan nuestros ojos, el monte boscoso de la selva, el aroma indefinido de la humedad en las alturas.

Luego de tres meses, estaba experimentando aquellas sensaciones en mi cuerpo. En lo alto haciendo el recorrido de las águilas, brillando junto al resplandor omnipotente del sol, mientras seguía con el batir de las alas, abanicando el aire que fluía a través de los conductos realizados a la tela incorporada, esta era la modificación al primer prototipo con plumas, aquel que habría tenido más similitud con el proyecto Da Vinci, pero que ante la eventualidad y practicidad, había optado por esta tela especial.

La vida en ese estado era asombrosa, destellos prodigiosos que pocas veces hubiera imaginado desarrollar en mi mente y ahora en trance, mi humanidad toda en pleno gozo apreciaba la belleza extrema. Junto al poder del hombre a través de su historia, con sus ansias eternas por volar, con esta particular forma de hacerlo, por sus propios medios, perdonarse por no haberlo intentado antes. En ese momento, parecía un sosiego por demás increíble, como si fuese un hechizo de luz desarrollándose en cada movimiento, junto la plasticidad del ser humano, sin entender que también se requería de un magnánimo esfuerzo, justificado por aquella manera tan simple de disfrutar la emoción. Había algunos detalles de complicación inicial, pero al tiempo uno se olvidaba de ellos, e inmediatamente los permutaba por ese momento de gozo que invadía todas las otras sensaciones que se puedan percibir en la tierra, cuando como por arte de magia, se elevaba el cuerpo y lo hacía también de las cosas cotidianas que frecuentamos en este mundo.

Luego de esta experiencia, ocurrió de repente la calma total. Fue un bálsamo para el espíritu que habitaba en ese instante mi ser. Tuve de inmediato en cuenta la confección artesanal del aparato inventado para volar. Estaba realizando un sublime y fructífero sueño o ensueño al decir de Macedonio, colmado de una realidad extremadamente atrevida, donde mis pobres y cansados ojos abiertos estaban concibiendo una ensoñación, y me trasladaría más allá de mi pobre realidad.

Ocurrió lo impensado. Esta ciudad está siempre alerta, entonces, los periódicos del lugar estaban alborotando a los vecinos, sosteniendo que se habían dado extraños sucesos desde hacía unos días. La prensa mencionaba de forma textual: “Un grupo de bomberos voluntarios de esta ciudad, fueron alertados por vecinos que afirman que la noche del lunes vieron una figura sobrenatural similar a un humano con alas. Avistaron a una persona que bajaba a los techos de la ciudad”. Aquellos servidores, estupefactos de tan magno espectáculo y ante la duda de lo desconocido, se llegaron al cuartel, recogieron linternas y trataron de seguir el trayecto del hombre alado. Pero éste se escabullía de un techo hacia el otro, mientras recogía sus alas y al verse acorralado ante la mirada atónita de ellos, de un salto cobraba forma de pájaro y desaparecía del lugar expandiendo sus alas, emprendiendo su vuelo hacía la oscuridad de la noche. Eran las crónicas que se escuchaban.

En el pueblo aseguran que este extraño fenómeno ya se había dado en reiteradas oportunidades, todos coincidían en que la extravagante figura se asemejaba a una figura humana con alas. Aparecía casi siempre cerca de medianoche, incluso se acercaba a los curiosos con forma de hombre, y de pronto desaparecía corriendo como si carreteara donde luego de algunos metros desplegaba sus alas y desaparecía.

La Policía del lugar se encontraba sorprendida por el rumor que alteraba a la comunidad, por lo que ya se habían generado múltiples exposiciones confirmando fehacientemente de su avistaje. El Jefe de la Seccional comunicó a la emisora local que estuvieran alertas por el hecho. Un grupo de vecinos no sólo había realizado la denuncia, sino que se había puesto al servicio de la autoridad. Sobre este tema, existía una causa abierta en la justicia. Por el momento no había habido delitos ni contravención por este supuesto hombre pájaro. Quienes lo habían visto aseguraban que se aparecía desde las sombras, y raudamente desaparecía de la misma forma, sobre todo cuando querían acercarse y divisar su identidad. Inmediatamente, allí, se producía la desaparición del mismo. “Aún no sabemos de quién se trata ni de qué se trata. Supuestamente ya lo tenían cercado los vecinos, pero cuando llegó la policía, ante el des- pliegue realizado, se distrajeron y una vez más, no lo pudieron atrapar”— explicó.

A esta altura de los acontecimientos no estoy en condiciones de develar este misterio, se ha desmadrado el caso. Tampoco es casual que mi figura aparezca cerca del cuartel de bomberos; es por una simple razón, mi domicilio se encuentra en las inmediaciones del mismo. Anoche tuve intención de realizar uno de mis vuelos nocturnos, pero al llegar el personal policial desistí hacerlo. Los vecinos no pudieron constatar mi presencia ni como persona ni como hombre alado. Cada vez se me hace más difícil emprender este tipo de incursiones. Los encargados de la seguridad reforzaron sus guardias, por lo que me resulta imposible realizar mis agradables vuelos nocturnos. Por esto, son cada vez más esporádicos. La ciudad en estos tiempos, se encuentra bastante alterada.

El cuento integra el libro “Nunca más será hoy” de reciente edición. Giordano tiene editado además Umbral Imaginario, ediciones Caliptra 2016 y Relatos Inconexos (Seleccionado), editorial Dunken 2017, entre otros.

Heraldo Giordano

¿Que opinión tenés sobre esta nota?


Me gusta 0%
No me gusta 0%
Me da tristeza 0%
Me da alegría 0%
Me da bronca 0%
Te puede interesar
Ultimas noticias