martes 18 de mayo de 2021
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Reinventarse para seguir de pie

Los clubes de barrio, dedicados en gran parte a cumplir una función social, sintieron los coletazos de la pandemia de coronavirus, pero hallaron la manera de mantenerse a flote

domingo 18 de abril de 2021 | 6:06hs.
Reinventarse para seguir de pie
De un lado del salón del Sarmiento hay hip hop, del otro esperan las mesas y sillas que se usaban para las fiestas. El club perdió su gran ingreso, pero le dio otra utilidad. Foto: Natalia Guerrero
De un lado del salón del Sarmiento hay hip hop, del otro esperan las mesas y sillas que se usaban para las fiestas. El club perdió su gran ingreso, pero le dio otra utilidad. Foto: Natalia Guerrero

Cada club que se creó llegó para cumplir una función en su comunidad, en su barrio, en su ciudad. No solamente deportiva. Los clubes de barrio, los que cuentan con un presupuesto acotado, hallaron a lo largo de sus años la manera de generar dinero para mantenerse a flote, para seguir dando esas respuestas con las que nacieron.

La pandemia de coronavirus puso en jaque durante más de un año a los ingresos de muchos de los clubes de Misiones. Las puertas cerradas fueron una postal durante los primeros meses de confinamiento en Argentina y, en la Tierra Colorada, la historia no fue ajena.

Pero mientras las puertas de los clubes del barrio estuvieron cerradas para los socios, las cuentas se acumularon y, en muchos casos, los proyectos se frenaron. Aparecieron algunos subsidios para palear ese primer momento de incertidumbre, pero claro que no fue una solución ni siquiera a mediano plazo.

Poco a poco las restricciones fueron cediendo, algunas actividades se habilitaron y los clubes recobraron un poco de movimiento. Pero hubo que empezar a pensar las nuevas vidas de los clubes. Es que todo lo que conocíamos no volverá a ser jamás como antes de marzo de 2020. Los protocolos llegaron para quedarse y por eso hubo que adaptarse. Hubo que reinventarse para seguir adelante.

Los clubes que tenían salones aún siguen sin poder usarlos como antes, debieron empezar a alquilarlos para clases de baile, como gimnasios, pero no alcanzó. Se hicieron comunes las rifas, las ventas de comida y hasta el presidente de un club vendió su moto. Todo para mantener un merendero en San Ignacio.

Así como los argentinos viven millones de situaciones diferentes, así como hay miles de historias desiguales de cómo cada persona atravesó la pandemia, los clubes pasaron por lo mismo.

Hay algunos que tuvieron la suerte de llegar con un poco de resto y reservas, que poco a poco se fueron agotando. Otros no tuvieron esa suerte y se pusieron manos a la obra para subsistir. Por eso en las siguientes páginas habrá historias de esos clubes a los que la pandemia los golpeó de lleno y los dejó al borde del abismo, aunque no estén por dar el brazo a torcer.

Con salones vacíos
El club Sarmiento de Posadas es conocido porque siempre tiene movimiento en Villa Sarita. Las escuelitas de fútbol y vóley durante la tarde y las reuniones sociales de noche. Así se dividía la rutina y ni hablar de los fines de semana, cuando era casi imposible encontrar un lugar libre en alguno de los tres salones.

“Nosotros nos solventamos con los alquileres de canchas y salones. Hoy estamos trabajando con un déficit acumulado, porque nuestros principales ingresos eran las reuniones sociales, los cumpleaños de 15, los casamientos e incluso nuestras propias fiestas. Estamos similares a la gente que organiza eventos”, confesó Eduardo Gómez, presidente del club.

“Tenemos tres salones parados, que ahora los alquilamos para clases de baile, pero es lo único para lo que podemos usarlo. Nosotros teníamos superávit con el tema de salones. Siempre había cosas para hacer o cambiar antes de la pandemia. Hace un año que eso no se puede hacer. Llegamos a cubrir los gastos mínimos del personal y de los elementos de limpieza que son necesarios”, relató en cuanto a la situación actual.

Los primeros meses fueron de incertidumbre en Villa Sarita, pero eso no los trabó. Buscaron otra manera de usar lo que ya tenían. “Ahora se sumaron algunas clases de fit dance, similar a la zumba, y también hay hip hop”, explicó Gómez, respecto del uso que le dan a los salones.

“Estamos muy agradecimos a la masa societaria y a la comisión directiva, porque pese a todo tenemos todo al día. Ahora estamos preparando los papeles para recibir el subsidio de Clubes en Obra, que son 600 mil pesos y eso nos va a ayudar”, se ilusionó el presidente del Sarmiento.

“Más allá del déficit no nos quejamos, sino que estamos contentos porque de a poco volvió la actividad al club. Falta que pase la pandemia para que vuelva la vida social”, expresó Eduardo Gómez, más como un deseo que como algo que se resuelva en los próximos meses.

 

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