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Pinceladas de historia

Chagas Santos, el jefe portugués enemigo de Andresito

domingo 11 de abril de 2021 | 6:00hs.
Chagas Santos, el jefe portugués  enemigo de Andresito

Iniciado el siglo XIX, las Misiones, ya sin los jesuitas, expulsados tres décadas antes, experimentaban una decadencia muy grave. Diversas razones habían llevado a que aquellos pueblos, antes opulentos, en poco tiempo redujeran a la mitad su población, por las fugas que motivó el hambre generalizada. Los reclamos de los cabildos de esos pueblos no eran escuchados y el sistema productivo, merced a la falta de interés por el trabajo, fue declinando hasta prácticamente su desaparición.

Así las cosas, en 1801 el imperio portugués logra concretar una vieja aspiración: llevar la frontera con España al río Uruguay. Esa acción, definitiva fue concretada por dos oficiales de poca monta, Manoel dos Santos Pedroso y José Borges do Canto, que ocuparon los Siete Pueblos en lo que prácticamente constituyó una aventura militar aprovechando la gravísima crisis que atravesaban los pueblos.

Ese territorio, ya bajo dependencia portuguesa fue incorporado a la Capitanía de Río Grande. Se creó la Comandancia Geral das Missoes en 1803, cuyos comandantes estaban más preocupados por la defensa de las nuevas fronteras que por la población guaraní. En 1809 un informe del entonces Comandante da Costa Correia e Silva es elocuente respecto al olvido de los viejos pueblos guaraníes.

“A pesar de las promesas que se hicieron a estos miserables, afirmándoles que la guerra era contra los españoles y no contra los indios, y que en consecuencia sus bienes serían respetados, nada escapó a la codicia y ambición de los primeros conquistadores. La mala elección de administradores portugueses, la buena fe de los comandantes de la provincia y tal vez la idea de que esta conquista no tendría efecto, fueron también causa de las desgracias e indigencia a que se condujo a los guaraníes”.

No existía, en este sentido, diferencia alguna entre la suerte corrida por entonces por los pueblos guaraníes al occidente del Uruguay que con aquellos de la otra banda de este río.

Correia e Silva permaneció sólo un año en su cargo. Nada pudo hacer para evitar la suerte de los pueblos guaraníes. Y en su reemplazo fue designado Francisco das Chagas Santos, conocido por sus atrocidades en la guerra contra Andresito, pero que sin embargo fue un buen administrador de la Comandancia de Misiones. Das Chagas Santos permaneció más de diez años como comandante de las Misiones Orientales, hasta el fin de las luchas contra el artiguismo. Sus principales acciones, de acuerdo a lo que indica Aurelio Porto, un clásico historiador de Río Grande do Sul fueron las de mejorar la defensa del distrito y ordenar la administración de los pueblos. Para el primer objetivo formó compañías de caballería con indios guaraní-misioneros. Este cuerpo sirvió durante toda la década enfrentando en varias oportunidades a las fuerzas indias del otro lado del Uruguay. La militarización de la población guaraní-misionera, por ende, no fue sólo un fenómeno de aquellos que siguieron a Andresito. También ocurrió en la margen opuesta.

Una de las medidas urgentes que solicitó Das Chagas Santos fue la de derogar la libertad que se les había otorgado a los indios, lo que facilitaba la permanente emigración de éstos a la región del Río Pardo, despoblando sus comunidades originarias. En 1809, al momento de asumir Chagas como comandante militar, la población misionera oriental había descendido de 14.000 en 1801 a sólo 8.000 ese año.

Otra medida conducente a evitar el éxodo de los pueblos fue la de nombrar curas y cirujanos en los pueblos. Al igual que su antecesor, Chagas informaba la pésima administración de los responsables de los pueblos. El 28 de mayo de 1810 indicaba que “la dureza, ambición e ignorancia de los administradores, han destruido los pueblos en gran parte, abandonando la conservación de sus edificios, dilapidando y robando a los infelices guaraníes, castigándolos con tandas de palos….peor que si fueran sus esclavos, obligándoles a trabajar sin pagarles nada más que la comida y muy mal….disponiendo de ellos y de sus hijos contra su voluntad”.

En el medio de su política de ordenamiento de los pueblos llegó la guerra a Misiones. En 1817 Chagas destruyó todos los pueblos del otro lado del Uruguay. A Río Grande fueron a parar bienes muebles, artísticos, libros, imágenes, etcétera de las épocas de gloria de estos pueblos durante la administración jesuítica. Todos estos bienes terminaron en la Casa de Armas de Porto Alegre, existiendo una rica descripción de 1822 en donde se puede percibir la magnitud de este brutal saqueo que le dio el mote de el Atila del Uruguay al comandante riograndense.

El triunfo sobre el artiguismo llevó a Chagas a ocupar otros cargos más importantes en el Imperio del Brasil. Las Misiones, mientras, pasaron a ser colonizadas por población alemana. El proyecto consistía en establecer en San Juan Bautista, antigua reducción jesuítica, una colonia de alemanes. Para ello se concentró a los guaraníes supervivientes al caos, unos 2.000 en total, en el pueblo de San Miguel mientras se otorgaban los pueblos y los campos abandonados a los alemanes para su colonización.

En 1828, en medio de la guerra con el Brasil, el caudillo oriental Fructuoso Rivera recuperaría temporariamente este territorio invadido en 1801 trasladando la población guaraní en tierras brasileñas hacia la Banda Oriental.

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