sábado 10 de abril de 2021
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Aún les hace frente a las secuelas que le dejó la enfermedad

“Es una alegría poder estar acá, me siento muy agradecida”

Graciela Foresi estuvo entubada durante diez días por Covid-19. Gracias a los profesionales de la salud y la fe de su familia, hoy puede dar testimonio de su lucha

miércoles 07 de abril de 2021 | 6:04hs.
“Es una alegría poder estar acá, me siento muy agradecida”
Tiene 62 años y es madre de dos varones y dos mujeres.
Tiene 62 años y es madre de dos varones y dos mujeres.

Festividades como la Navidad y el Año Nuevo son momentos muy apreciados para muchas familias, en ellas se conjugan el reencuentro, la celebración, el perdón y el agradecimiento. Para Graciela Foresi (62) y los suyos fue un fin de año atípico, uno que nunca hubieran imaginado.

Todos se contagiaron de coronavirus después de festejar la Navidad juntos, pero ella fue la más perjudicada y el primer día de 2021 tuvieron que internarla porque le costaba respirar; su situación se complicó tanto que a los pocos días la pasaron a terapia intensiva y la entubaron. Los pronósticos no eran favorables y cada parte médico era peor que el anterior.

“El 1 de enero me internaron porque no estaba saturando bien, me costaba respirar, estaba débil pero no me daba cuenta. Me fui al Boratti pensando que en dos días volvía así que preparé mi bolsito con dos mudas de ropa nomás. No medí la gravedad de lo que tenía y lo que me pasaba”, contó Graciela en diálogo con El Territorio, en su casa de Posadas.

Aferrados en la fe, sus hijos, esposo, demás familiares y amigos organizaron una cruzada: cadenas de oraciones, misas de sanación para ella y todos los enfermos de Covid-19 y hasta peregrinaron hasta la ermita de la Virgen de Fátima de Miguel Lanús. Conocidos, vecinos, extraños y ex alumnos suyos -era maestra jardinera- se unieron en el poder de Dios y en la confianza  a los profesionales que la trataron. 

Graciela estuvo entubada durante diez días en los que no era consciente de lo que le estaba pasando y le apenó saber, al salir, que sus seres queridos estaban sufriendo por lo que le estaba pasando.

“Cada vez que les daban los informes eran peores. Fue muy fuerte para ellos cuando llamaron a mi esposo a la madrugada para decirle que me tenían que entubar porque no se lo imaginaban. Además tuve dos arritmias que nunca había tenido antes”, relató Graciela, que como enfermedades de base tenía diabetes y presión alta.

Después de esos días críticos la pasaron a otra sala donde, recordó, podía ver un árbol por la ventana. Desde allí, aunque aún débil y ayudada por los médicos, podía pararse por un momento a saludar a su esposo que esperaba durante horas todos los días por ese instante.

“Fue la mano de Dios, me dio otra oportunidad y ahora estamos todos cumpliendo las promesas que hicimos. Es una alegría poder estar acá, me siento muy agradecida. La gente que rezó por mí cuando me ve parada no puede creer, porque estuve tan mal”, reconoció.

Por otra parte, ponderó el trabajo de los profesionales de la salud que la contuvieron y trataron: “Las enfermeras, los médicos fueron un amor, es admirable el servicio. Estoy muy agradecida a todos ellos porque fueron una parte muy importante en mi vida en ese momento. No puedo nombrar a uno sólo porque hubo una cantidad de personas que estuvieron al lado mío”.

Un golpe de alivio llegó el 25 de enero con el alta; el regreso a casa fue una gran bienvenida en la que estuvieron sus cuatro hijos Agustín, Noel, Belén y Diego y su esposo Luis, sus nietos y yernos.

Sin embargo, la alegría no duró mucho puesto que a los quince días tuvo que volver a internarse por una neumonía, secuela del coronavirus. “Estaba muy débil, me hicieron transfusión de sangre, me pusieron potasio, de todo para estabilizarme porque me tenían que limpiar el pulmón y me hicieron la cirugía para limpiarlo. Estuve una semana más internada”, rememoró.

Durante esos días rescató que por lo menos podía estar acompañada de alguien y no sola como cuando tenía Covid-19. “Se turnaban entre todos para cuidarme, los varones se quedaban a dormir, las chicas me bañaban”, contó.

“No me quería ir”

“Ahora soy yo de nuevo, sólo me queda la tos”, afirmó con alegría. Los médicos le dijeron que ese síntoma le va a quedar por un tiempo, para revertirlo se trata con un neumonólogo y sigue un tratamiento para mejorar su pulmón que quedó muy dañado después de la enfermedad. También recibe sesiones de kinesiología.

Consultada sobre si tuvo miedo de lo que podría pasarle, aislada y lejos de los suyos, sin poder contener las lágrimas, reconoció: “Tuve momentos muy puntuales en los que sentía que me iba, pero me sostenía de la mano de mi esposo, no me quería ir todavía, era una cosa muy fuerte. Después él me contó que todas las noches cuando se iba a dormir me tomaba de las manos para que no me fuera. Fueron cosas muy significativas para nosotros”.

Ahora vacunada con la primera dosis de la vacuna contra el Covid-19 y consciente de que los contagios se pueden dar por segunda vez, toma todos los cuidados necesarios para cuando la visitan sus nietas u otras personas, ya no acude a las fiestas familiares “porque si me agarra de nuevo no sé si voy a salir”.

Por último, destacó: “Les digo a las familias que se cuiden porque cuando llegás a internación ya no tenés la fortaleza ni la fuerza. Gracias a Dios yo lo puedo contar y doy gracias cada minuto de mi vida de esto que me toca vivir”. 

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