sábado 15 de mayo de 2021
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La historia de Gonzalo, de San Pedro

Tras un largo trajinar, lograron derrotar al cáncer en equipo

A los 5 años fue diagnosticado con tumor de Wilms y le extrajeron un riñón. Hizo metástasis en el pulmón, pero se repuso. Hoy, con 12 años, lleva una vida normal

domingo 04 de abril de 2021 | 6:05hs.
Tras un largo trajinar, lograron derrotar al cáncer en equipo
Gonzalo, fanático del fútbol, pasa sus mejores momentos en familia. Foto. Carina Martínez
Gonzalo, fanático del fútbol, pasa sus mejores momentos en familia. Foto. Carina Martínez

Tener la noticia de que un familiar está enfermo de cáncer puede ser tan impactante que las condiciones emocionales terminan por afectar la salud más que la propia enfermedad, porque la patología suele ser sinónimo de muerte. Por eso es importante difundir historias que den cuenta que existen centros de salud de alta complejidad para atender la dolencia y lo esencial de prestar atención a cada reacción anormal del organismo, a fin de lograr un diagnóstico temprano.

Es que ese diagnóstico precoz resulta una de las claves más importantes para erradicar la creencia de que el cáncer es igual a muerte, así se trate de pacientes adultos, jóvenes o niños. El largo, sacrificado y difícil tratamiento y cura requieren de un trabajo en equipo, en el cual el paciente cuente con la atención profesional adecuada y a la par reciba la motivación, cariño y amor constante por parte de quienes lo rodean, quienes deben de cumplir con cada recomendación médica pero buscando llevar una vida normal, dentro de lo posible.

Estas cualidades las tuvo casi de sobra la familia Galarza-Anton, quienes compartieron con El Territorio la superación del -para ellos- guerrero Gonza, quien hoy con 12 años y pese a tener un solo riñón lleva adelante su niñez de forma normal y con cuidados básicos.

Gonzalo Galarza es hijo de Aníbal Galarza y Vasty Anton, tiene un hermano mayor, Facundo, y dos hermanas menores, Natali y Nicol. Estas personas, la fe y confianza en Dios, fueron sus motores de fortaleza para vencer el tumor de Wilms que le detectaron cuando tenía 5 años. Se trata de una neoplasia maligna en el riñón.

Una de las características de este tipo de cáncer es que es de crecimiento rápido, siendo clave su detención temprana. El diagnóstico en este caso se dio mediante la insistencia de la madre, quien al bañarlo notaba que en uno de sus laterales el niño presentaba un tamaño mayor. Las primeras consultas no arrojaron ningún resultado dudoso pero la intuición de madre la llevó a insistir, poniendo en evidencia lo importante de no quedarse con una sola opinión.

“Uno como madre está en todos los detalles. Cuando lo bañaba notaba que en la parte de las costillas era como un poquito más grande, eso no me dejaba tranquila. Primero lo atendí acá en San Pedro y con los estudios correspondientes no hubo ninguna respuesta, fuimos a San Vicente y la pediatra me dijo que era una mamá hincha, pero yo notaba los cambios. En un momento fui con la doctora Bordón y con toda confianza le dije ‘yo sé que mi hijo tiene algo’, ella al palmar nomás nos mandó a Posadas para que le vea una oncóloga”, contó Vasty Antón sobre la odisea hasta llegar al diagnóstico.

La perspicacia de madre no estaba errada, luego de una ecografía y ante un resultado dudoso, una tomografía confirmó la presencia del tumor renal. “Cuando uno ve algo extraño no hay que dejarse estar, no hay que desanimarse porque el cáncer se cura, pero no podemos llegar a último momento, nosotros tenemos la primera responsabilidad sobre nuestra salud. Incentivo a todos a realizarse los controles periódicos”, recalcó.

Luego de la primera cirugía y haber pasado la etapa más dura con las quimioterapias, siendo paciente en el Hospital Pediátrico de Posadas, y la adaptación de su organismo de vivir con un solo riñón, llegó otra noticia poco alentadora en 2016: el cáncer hizo metástasis en el pulmón. El menor fue derivado a Buenos Aires, representando un gran desafío para la familia que dejó todo con un solo propósito: buscar recuperar salud. En el Hospital Garrahan el niño pasó por una cirugía y tratamientos de radioterapia. “Como es un cáncer muy invasivo los controles son cruciales, en esa etapa se detectó rápido la presencia en el pulmón, era algo pequeño y nuevamente empezamos todo el proceso, por eso tres semanas estuvimos en el Garrahan. Pero destacamos que en Misiones tenemos todo para estos casos. No nos faltó nada en su tratamiento”, comentaron los padres.

El tratamiento fue extenso. En ese momento la familia debió aislarse a fin de evitar cualquier posibilidad de infección, ya que con las quimioterapias el sistema inmunológico se torna vulnerable y la realidad del día a día se parecía a las actuales medidas para evitar el contagio de Covid-19, como así también una experiencia previa de las clases remotas. “Nosotros no podíamos recibir visitas, las defensas disminuyen y hacíamos de todo para que Gonza se sintiera fuerte, usábamos barbijo, la higiene era estricta, la comida saludable, las tareas hacía por celular y no se atrasó ningún año. Por eso cuando surgió la pandemia ya estábamos adaptados a ese cambio”, señaló Vasty.

Valentía
Así como el niño se recuperaba había momentos en que las fuerzas parecían acabarse, sobre todo luego de las quimioterapias y cuando el cáncer hizo metástasis, porque ver a un niño intubado salir de una riesgosa cirugía es devastador, al punto que la madre se descompensó. Sin embargo, la valentía del pequeño, que siempre se mostraba con ánimo y sonriente, los impulsaba a no aflojar.

Otra de las situaciones difíciles durante el tratamiento tuvo que ver con los momentos en que regresaban al hospital y alguno de los pacientes ya no estaba; ante el impacto de esta situación, tanto para su protección como para no exponer al niño a entornos negativos, los progenitores buscaron evitar al máximo ese momento de interacción o vínculo con los demás enfermos, no por egoísmo sino por la sensación contraproducente que les generaba.

“Yo quería tener la fuerza para estar a su lado pero en ese momento cuando lo vi salir de la segunda cirugía mi cuerpo no aguantó verlo. Con mi esposo nos turnábamos para llevarlo, muchas veces salía con él en brazos, porque quedaba muy débil. El período de quimio es estar en alerta porque muchas veces cualquier otra patología puede complicarse y terminar con su vida. No es para nada fácil”, reconoció la madre.

En ese entonces Vasty cursaba su último embarazo y la hermana menor de Gonzalo llegó para inspirar vida al niño. Para la familia este acontecimiento, el trabajo en conjunto con los profesionales y la fe, fueron pilares para alcanzar la cura. “En 2014 estaba embarazada de Nicol, que nació a las dos semanas de la primera cirugía de Gonza. Eso fue motivo de ánimo para él. Dios hace todo perfecto y la llegada de Nicol en ese transcurso fue un regalito muy especial, nos centramos en la vida, en lo positivo. No hay que bajar los brazos, hay que sacar fortaleza para que el niño te vea bien. Como padres nos aguantamos muchas lágrimas pero donde existe uno por ciento de probabilidad tenemos que tener el 99% de fe”, resaltó Vasty.

Actualmente, mediante la persistencia y ánimo de guerrero, Gonzalo disfruta una vida normal junto a sus hermanos y padres y verlo bien lleva a la familia a un eterno agradecimiento, ya que el acompañamiento y las palabras de aliento por parte del entorno ayudan o destruyen. Ellos tuvieron la bendición de tener a la familia que se encargó del cuidado de los hermanos de Gonza y amistades que no dudaron en cederles un lugar.

“Así como nosotros tenemos que dar todo ese cariño y atención también necesitamos recibir de nuestro entorno la fortaleza, el acompañamiento, agradecemos a cada persona que estuvo; tengo dos amigos, Juan y Romina, que nos cedieron un espacio en su hogar para que nos quedáramos en Posadas. También agradezco a nuestros familiares que se quedaban con los demás niños y a cada profesional, en especial a Silvana Alderete, Sandra Borchchi, Laishi Rodríguez y Fernando González”, finalizó la mamá.

 

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