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Un equilibrista entre Bolsonaro y el descontento del Ejército

sábado 03 de abril de 2021 | 6:00hs.
Un equilibrista entre Bolsonaro  y el descontento del Ejército

Los planes del presidente brasileñoJair Bolsonaroincluyen al general Walter Braga Netto (Belo Horizonte, 64 años).Nombrado el pasado martes para dirigir el Ministerio de Defensa,el general del Ejército pasa a coordinar las Fuerzas Armadas en un momento en el que el presidente, acorralado por la crisis sanitaria y el Congreso, amenaza con decretar el estado de sitio, mientras su entorno aviva las tensiones en las fuerzas policiales y militares.

Frente a una presidencia que constantemente de su simbiosis con las Fuerzas Armadas,el ex ministro de Defensa Fernando Azevedo e Silvaintentó evitar que los militares participaran todavía más en el gobierno y, por ello, lo despidieron. Pero esta jugada de Bolsonaro se volvió en su contra conla renuncia de los comandantes del Ejército, la Marina y la Fuerza Aéreacomo acto de protesta. Esta triple sustitución ha puesto en evidencia que los altos rangos, especialmente el alto mando del Ejército, no están satisfechos con el rumbo del Gobierno y les preocupa el daño que el vínculo con el Ejecutivo pueda causar a su imagen.

Mientras disfrutan del mayor poder y presencia en una administración desde el fin de la dictadura, en 1985, los uniformados intentan distanciarse políticamente en un momento en que Brasil, aislado del resto del mundo,tiene una media diaria de 3.000 muertos por Covid-19.Braga Netto intentará dirigir el Ministerio de Defensa por este atolladero, entre el descontento del Ejército y la lealtad a Bolsonaro, tras la mayor crisis militar desde el regreso de la democracia.

Braga Netto se elevó a figura pública en febrero de 2018, cuando el entoncespresidente Michel Temerlo nombró interventor del Estado de Río de Janeiro. En aquella ocasión, el general vendió la imagen de un servidor discreto, con formación técnica y capacidad operativa. Sin embargo, adolecía de falta de transparencia. Evitaba las exposiciones públicas, impidió que la prensa grabara la mayoría de sus discursos y no admitía que se cuestionara su labor al frente de la seguridad pública de Río de Janeiro.

Ese general que era considerado “moderno”, de una generación posterior a la que sirvió durante la dictadura militar, es el mismo que esta semana ha emitidoun comunicado que celebra el golpe de Estado de 1964,como ya había hecho su predecesor, Azevedo.

Braga Netto abrazó públicamente el bolsonarismo cuando entró en el gobierno en febrero de 2020, al asumir el cargo de ministro jefe de la Casa Civil. Todavía estaba en servicio activo, evidencia de la relación estrecha entre las Fuerzas Armadas y el gobierno de Bolsonaro. Junto con el general Luiz Eduardo Ramos, que también permaneció en servicio activo durante un tiempo después de incorporarse al gobierno, Braga Netto integra el núcleo duro más cercano al presidente. Se mantuvo discreto, pero entre bastidores ayudó a eclipsar y desautorizar al entoncesministro de Sanidad, Luiz Henrique Mandetta, que cayó en plena primera ola de la pandemia, en abril de 2020. En los meses siguientes, Braga Netto se mantuvo al lado de Bolsonaro, ratificando todo el negacionismo presidencial con relación a la pandemia. También sancionó la aproximación de la presidencia con elCentrão, el grupo de partidos de centroderecha que ahora apoyan a Bolsonaro a cambio de cargos y fondos públicos.

La principal duda que se cierne sobre Braga Netto es si mantendrá las Fuerzas Armadas como “instituciones de Estado”, tal y como afirmó Azevedo en su carta de despedida como ministro de Defensa. El problema es que las Fuerzas Armadas ya no son solo instituciones del Estado, a pesar de la renuncia de los comandantes para demostrar que se apartan políticamente. Actualmente, 92 militares dirigen empresas estatales y más de 6.000 ocupan puestos civiles en el Ejecutivo federal. Están en la presidencia dePetrobras,de Correos, del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) y de la Fundación Nacional del Indígena (Funai), entre otros organismos de importancia.

La discrepancia con el ex ministro Azevedo fue menos ideológica y más sobre el grado de participación en el gobierno de Bolsonaro. El primero defendía que los militares solo ocuparan cargos en el gabinete de Seguridad Institucional y en las Fuerzas Armadas. Pero los principales nombramientos militares para ocupar cargos en el gobierno provienen de Braga Netto, y también del general Luiz Eduardo Ramos, que, tras el baile de los sillones ministeriales, es el nuevo ministro de la Casa Civil. La principal apuesta fue el nombramiento del general en activo Eduardo Pazuello para Sanidad. El resultado es conocido:cuando dejó la cartera, el país ya había superado la marca de 300.000 muertesmientras el programa de vacunación hacía aguas. Pazuello también es objeto de una investigación formal de la Policía Federal por haber sido supuestamente negligente en la crisis de oxígeno en Manaos, en el Estado de Amazonas.

La destitución de Azevedo en el ministerio de Defensa fue la forma en que Bolsonaro dijo “yo soy comandante en jefe” de las Fuerzas Armadas. Que el Ejército es “suyo”, como ya ha dicho literalmente, y que él es quien manda, tanto para usar la fuerza contra las medidas de aislamiento que aplican los gobernadores o para decretar el estado de sitio. El presidente también deseaba que el anterior comandante del Ejército, Edson Pujol, se posicionara en las redes sociales contra el ex presidenteLuiz Inácio Lula da Silva—que recuperó sus derechos políticos gracias a una sentencia del Supremo Tribunal Federal—, siguiendo el ejemplo de uno de sus antecesores, el general Eduardo Villas Bôas, en 2018. Pero no lo consiguió.

Hasta ahora, Bolsonaro no ha cosechado los laureles de la crisis político-militar que él mismo ha provocado. No ha conseguido nombrar a quien le gustaría como jefe del Ejército yha tenido que contentarse con el general Paulo Sérgio, considerado un moderadoy seguidor de la doctrina Pujol. En una entrevista para el periódicoCorreio Braziliense, Paulo Sérgio relató cómo aplicó con éxito las medidas de aislamiento social en el Ejército y consiguió que los soldados presentaran índices de contagio de coronavirus inferiores a la media del país.

Por Felipe Betim. Para El País.com

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