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Pinceladas de historia

La introducción del ganado en el Litoral

domingo 28 de marzo de 2021 | 6:00hs.
La introducción del ganado en el Litoral

La introducción del ganado en las provincias del Litoral constituyó un hecho fundamental para el desarrollo de la economía regional. El ganado vacuno, equino, ovino y caprino no había existido en América hasta la llegada del español. Con su introducción, las semidesiertas llanuras se transformaron en regiones productoras de gran riqueza pecuaria, especialmente a fines del siglo XIX cuando la pradera argentina alimentaba con su producción ganadera al mundo europeo.

En los tiempos de administración hispánica, el uso y domesticación de esos animales hizo posible también un sistema de transportes, carga y comunicaciones, que hasta entonces prácticamente no existía. El ganado también contribuyó al desarrollo de la agricultura y generó en el Litoral modos, hábitos y formas de vida que caracterizaron al hombre rural de la región.

Los primeros caballos llegaron a Buenos Aires en 1536 con la expedición de Pedro de Mendoza. Unos años después, en 1542, Alvar Núñez, “Cabeza de vaca”, condujo una importante partida hacia Asunción. Los vacunos, en tanto, al igual que ovejas y cabras, provinieron a esta región rioplatense desde el Cuzco. A fines de la década de 1550 Nufrio de Chávez introdujo cabras y ovejas en Paraguay, mientras que las primeras reses vacunas llegaron desde las costas del Brasil. En 1587, el primo del fundador de Corrientes, don Alonso de Vera, condujo al Paraguay un nuevo arreo de 4000 ovejas y 8500 caballos y vacas.
Asunción se convirtió en el centro difusor del ganado en la cuenca del Plata. Las fundaciones de Santa Fe y de Buenos Aires, realizadas por Juan de Garay, estuvieron en ambos casos apoyadas con arreos de ganado para sus pobladores, Otro tanto ocurrió con las fundaciones de Concepción del Bermejo y de Corrientes, ciudad ésta adonde Hernandarias, el primer gobernador criollo del Paraguay condujo desde Asunción 1500 cabezas de vacunos y equinos, así como algunas majadas de ovejas, dando origen allí a la producción vacuna.

En esta primera etapa de difusión del ganado, la adaptación de los animales al medio permitió una creciente multiplicación de los rebaños. Fue tan explosivo el aumento de las cabezas de ganado que, el fundador de Santa Fe, Juan de Garay manifestaba sorprendido que cuando llegó a Asunción en 1568, una vaca valía 300 pesos “y hoy (1583) hay tanto ganado que no vale un peso y medio, y cuando mucho dos; y una yunta de bueyes de 110 pesos había bajado a 20 o 15 pesos”.
Los animales domésticos fueron transformándose en una parte esencial de la economía de las ciudades existentes entonces, no sólo por el aprovechamiento de la carne y  la leche, sino también la grasa, sebo y cueros, que servían para múltiples usos. Los caballos y mulas también serían indispensables para el transporte y la seguridad, y los bueyes para la labranza de la tierra y el transporte.

La aptitud de las tierras para el desarrollo ganadero en Corrientes posibilitó que en poco tiempo sus praderas se poblaran de ganado cimarrón. Las estancias recién comenzaron a fundarse en la primera mitad del siglo XVIII.
La producción de Corrientes se apoyó desde un comienzo en la agricultura y la ganadería. Ambas constituyeron la base de una economía cerrada, orientada hacia la subsistencia y cuyos escasos excedentes de producción alcanzaban para mantener un limitado comercio con Paraguay y Santa Fe.
El plantel de animales introducido por Hernandarias en Corrientes legalmente fue propiedad de Vera y Aragón en su carácter de fundador, pero su regreso a España hizo que los vecinos los utilizasen como propios. Las grandes praderas correntinas se poblaron de ganado cimarrón al alcance de la mano de quienes organizaban expediciones para su arreo. El origen de las estancias en la primera mitad del siglo XVIII ordenó la propiedad de ese ganado así como de las tierras que legalmente debían obtenerse por dos medios, por compra o donación. Pero las consideradas “realengas”, o propiedad de la Corona eran obtenidas por simple denuncia ante el Cabildo.
Dado el costo, complejidad de transportes y tardanza de los trámites, los grandes latifundistas correntinos fueron apropiándose de las tierras por la simple ocupación y usufructo de los terrenos.
Al margen de estas irregularidades, la formación de las estancias coloniales en el siglo XVIII contribuyó sin duda a la ocupación formal del espacio y la conformación y ampliación de las fronteras interiores provinciales.

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