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Entrevista a Víctor Zemunich, intendente del Sistema de Áreas Protegidas de Misiones

De trillo en trillo, la ardua búsqueda de cazadores en la selva misionera

Guardaparques recorren día a día innumerables caminos hechos por furtivos en el monte. La misión es hallar los puntos de espera y los campamentos utilizados en la práctica ilegal

domingo 21 de marzo de 2021 | 6:05hs.
De trillo en trillo, la ardua búsqueda de cazadores en la selva misionera
Los campamentos de los cazadores son instalados en cercanías a algún curso de agua de la zona. Fotos: Sixto Fariña
Los campamentos de los cazadores son instalados en cercanías a algún curso de agua de la zona. Fotos: Sixto Fariña

En silencio, dando pasos tan cuidadosos como precisos, el puntero -tal como se conoce al guardaparque que lidera una recorrida de control y fiscalización– busca detectar tanto en el improvisado sendero que camina, como en la imponente vegetación que lo rodea alguna marca o rastro del paso de un cazador furtivo.

Una rama entrecortada o un número dibujado con machete en un árbol permiten a quienes cuidan la selva misionera seguir el camino que los llevará a los puntos clave en donde el furtivo lleva adelante su actividad ilegal.

Detectar los lugares de espera, improvisados troncos o ramas instaladas entre los árboles a unos cuatro metros del suelo, como así también los saleros -sitios creados por los cazadores para atraer a sus presas- y los improvisados campamentos representan la misión que tienen aquellos que se adentran al monte en busca de cazadores en áreas protegidas y reservas naturales de la provincia.

Si bien el riesgo a un encuentro poco amistoso con quienes desempeñan esta actividad está latente en cada salida, el chaleco antibalas y el arma que portan, más la constante compañía de los camaradas, hacen que el guardaparque se sienta más protegido.

Y, más allá de que su labor también es la preservación del medio ambiente y la educación de toda la comunidad en el cuidado de la flora y fauna regional, la problemática de la caza es una de las mayores preocupaciones dentro de los tres cuerpos de guardaparques que existen en Misiones.

Víctor Zemunich, intendente del Sistema de Áreas Protegidas de la provincia, es el encargado de estos tres cuerpos y desde hace más de tres décadas conoce de memoria las andanzas y las mañas de todos aquellos que se dedican a la caza, tanto “deportiva” que muchos la siguen practicando, como para fines de comercialización en toda la zona Norte de Misiones.

Durante una recorrida que este medio hizo junto a él y sus colegas Víctor Dos Santos, coordinador de parques Zona Norte, y Susana Foletto, guardaparque del parque Península, Zemunich explicó las  características operativas con las que trabaja un furtivo en el monte.

El lugar elegido fue el parque Esperanza, situado en la localidad homónima y que cuenta con 720 hectáreas de reserva natural.

Tras una recorrida por uno de las tantos caminos que atraviesan el parque, la patrulla del Ministerio de Ecología detuvo la marcha en uno de los trillos que son abiertos por los cazadores entre medio de la espesura.

Es aquí donde comienza el trabajo de control y fiscalización de los distintos senderos que existen en el monte. También están las patrullas nocturnas que, de acuerdo al lugar y al tipo de operativo a desplegar, puede contar con determinada cantidad de guardaparques.

Para estos últimos operativos, se acampa durante tres días en sectores cercanos al camino terrado por donde ingresó al monte el furtivo. La idea es esperar el momento en que estos salgan a buscar su vehículo de escape para concretar el arresto.

Según explicó detalladamente Zemunich, en el caso de la comisión que de día se adentra en la selva, los intervinientes no superan los tres guardaparques. Quien va delante, el puntero, es quien lleva el arma larga y es el que marca el paso en absoluto silencio mediante señas a sus camaradas, mientras quien lo secunda lleva el arma corta.

En cada una de estas salidas, lo primero que se busca es llegar hasta el campamento que se instala con ramas y telas precarias en cercanías a algún curso de agua.

Durante la recorrida, Dos Santos sugirió siempre mantener el total silencio y estar lo más camuflado posible entre la vegetación.

Según el guardaparque, uno de los puntos importantes en cada salida es determinar a qué pertenece cada trillo, ya que podría tratarse del camino que hacen los propios animales, como así también de alguna persona que se adentra al bosque en busca de plantas medicinales o abono.

En el caso de los cazadores, el detalle en algunos cortes entre las cortezas de los árboles, como así también el hallazgo de botellas o alimentos, permiten al guardaparque encaminar su recorrida hasta el campamento. También la presencia de cartuchos servidos de escopeta son indicios de con quienes podría lidiar un uniformado.

Por lo general, quienes recurren a esta actividad utilizan escopetas calibre 16 o 36 milímetros, aunque también están quienes usan armas cortas.

En busca del salero

Una vez ubicado este último punto, se estima que a unos 200 o 300 metros podría estar el salero o sobrado, como se conoce al lugar en donde se busca atraer a las distintas especies.

Una vez que se llega a este sitio, se puede advertir cómo estas personas colocan una botella con sal atada a un árbol o rama a determinada altura que, a medida que cae de forma líquida su contenido a la tierra mediante el contacto con el sol, atrae a los diversos animales de la zona hasta allí.

En el lugar que recorrió El Territorio es habitual la presencia de algún pecarí, venado o tapir, este último considerado monumento natural. Cada uno de éstos son apuntados, en su mayoría, por cazadores que vienen de distintos puntos de la zona Norte de Misiones y en muchos casos, son comercializados en Brasil hasta tres veces el valor que se suele vender en Argentina.

Son muy pocos quienes se adentran por necesidad. La mayoría lo hace como práctica heredada de generaciones pasadas.

“Lo que más se ve por esta zona son pecaríes, pacas. Después venados, tapir. En pesca nosotros tenemos el lago Urugua-í, está la pesca deportiva de recreación que son de costas y tenemos la pesca con redes que está prohibida. Allí se utiliza red, espinel, cebadero de peces, la chuza fija que es como un arpón”, comentó Zemunich en relación a las especies y los tipos de elementos utilizados para la caza.

Uno de los objetivos que tienen los guardaparques es tratar de ubicar a los furtivos y secuestrar sus armas y elementos de uso.

Según contaron los entrevistados, por lo general el que se resiste al operativo es aquel que es reincidente y por ello, es que hay más chances de abrir fuego ante la voz de alto del uniformado.

Por lo general, estas personas utilizan trillos alternativos con el fin de escapar en caso de emergencia.

Trabajo constante

Sobre el modo de diagramación de cada salida al campo, Zemunich comentó que “las patrullas se organizan todo el tiempo. Hace quince días atrás o 20 nosotros hicimos ocho patrullas en una semana. Después tenemos las recorridas diarias o de rutina como le decimos, que se sigue recorriendo el acceso o sendero, siempre observando qué encontramos de nuevo en esa área. Entre patrullas y recorridas es lo mismo, sólo que la recorrida es algo que hacés todos los días y la patrulla algo que organizás y te vas con más gente dependiendo de los lugares donde vayas o con más problemas de caza furtiva”.

Si bien es amplia la extensión de las zonas naturales que comprenden las localidades de Puerto Esperanza, Wanda, Libertad, Andresito y San Antonio, uno de los puntos que en el último tiempo se volvió caliente por la caza es el sector denominado Isla del Sol.

Cerca de la medianoche del pasado jueves 18 de febrero en el mencionado sector del Lago Urugua-í de la localidad de Puerto Libertad, dos  guardaparques fueron heridos tras ser atacados a tiros por cazadores que fueron sorprendidos con presas animales.

Es por eso que tanto este como otros puntos considerados calientes obligaron a las autoridades a reforzar tanto los patrullajes como las distintas recorridas de prevención y fiscalización.

Por otro lado, Zemunich reconoció que en cada una de estas intervenciones “vamos con mucho cuidado con respeto a nuestros compañeros y a los que nos encontramos”.

“En la zona Norte, el Parque Provincial Urugua-í tiene 84.000 hectáreas, anexamos unas 2.000 hectáreas del Parque Provincial Uruzú que esta al Nordeste del parque Urugua-í. Este parque se une con el Parque Nacional Iguazú, Parque Península y la reserva San Jorge. A la vez, tenemos el río Iguazú y la continuidad del Parque Nacional Iguazú con el Parque Nacional de Foz de Iguazú. Todo esto es un núcleo muy grande. También tenemos lo que da continuidad al corredor biológico que es acá en María Soledad con el Parque Provincial Horacio Forster. Después tenemos otro seis parques pequeños que están dentro de la zona Norte”, señaló la autoridad máxima dentro de los guardaparques provinciales y que forma parte de la segunda camada de egresados de la mencionada carrera.

El entrevistado además comentó que el trabajo también involucra a todas las fuerzas de seguridad.

“El guardaparque tiene su vida dentro del destacamento, su área que debe mantener. También es administrativo, mecánico, conductor. El guardaparque en la zona alejada es enfermero, es ayudante, es policía, porque los vecinos así nos necesitan y para eso está el guardaparques presente siempre”, sostuvo Zemunich.

Al ser consultado por la tenencia y portación de armas de fuego, el referente indicó que no lo considera como una lucha ganada pero si “como un reconocimiento al guardaparque, un espacio ganado. Hace cuatro años que estamos portando armas, fue un reconocimiento porque teníamos dificultades de trasladarnos. Por ejemplo, estamos en un área protegida, hay cazadores y antes teníamos que viajar 40 kilómetros para traer a una fuerza de seguridad. Hoy portando armas podemos proceder nosotros directamente. Es como seguridad personal, se trabaja mucho más seguro, para mí fue un logro la tenencia y portación de armas del cuerpo de guardaparques”. 

 

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