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Cartas de lectores

Para que la amistad no se pierda

sábado 20 de marzo de 2021 | 6:00hs.
Para que la amistad no se pierda

En estos tiempos la humanidad, agotada por esta pandemia que parece no dar tregua, se está reacomodando hacia nuevos modelos o paradigmas, algunos buscados con acierto, otros, que se procuran equivocadamente. Hoy, algo constante en la vida de las personas es la escasez de tiempo para todo. El hombre y la mujer quieren hacer muchas cosas o se ponen en obligación de hacer muchas cosas, y eso quita tiempo para pensar y reencaminar su propia vida.

El trabajo como monopolizador de todos los tiempos (por necesidad, por aparente necesidad, por escapismo o vicio), sumado al mayor caudal informativo o de entretenimientos, y a los actuales requerimientos de distanciamiento social, impide que los seres humanos estén más conectados con los demás, especialmente con la familia y los amigos.

“Nada vale tanto como un amigo fiel, su precio es incalculable”. Pero la realidad nos muestra que hoy, la amistad parece encontrarse en caída libre. Son muchas las personas que manifiestan no tener tiempo para los amigos. Cuántas veces escuchamos “ya no me da abasto más que para atender a mi esposa, mi hija y al trabajo, no hay espacio para nadie más”. Han dejado de ubicar entre sus prioridades, a la amistad. En todo caso dedican ese tiempo a la televisión, a los juegos electrónicos o a internet. Todas actividades en solitario. El WatshApp las redes sociales, aparecen como un buen sucedáneo, aunque no aseguran las relaciones de encuentro personal.

Se da la paradoja de que en la era de la comunicación sabemos mucho de muchas cosas pero poco o nada de los que tenemos muy próximos, de lo que cada uno lleva en su corazón: alegrías y tristezas, preocupaciones, dolores, proyectos e ilusiones, éxitos y fracasos. Entrar en esa intimidad significa esfuerzo, tiempo, dedicación, darse al otro.

Fomentar la amistad cordial y sincera con quienes nos relacionamos cada día (vecinos, compañeros de trabajo o de estudio, personas de quienes recibimos o a quienes prestamos un servicio, etc) y educar en esta virtud a nuestros hijos o nietos, aparece como una necesidad ineludible. Más allá que es un bien humano, es también medio para desarrollar virtudes humanas: sinceridad, generosidad, lealtad, confianza, optimismo, gratitud… El dejarla de lado conlleva el deshumanizarse: se ve al otro más como instrumento que como persona. Es necesario buscarla, poner los medios para encontrarla, y, una vez hallada, cultivarla por encima del tiempo, de las distancias, de todo aquello que tiende a separar: la diversidad de gustos, de opiniones, de intereses.... Ojalá podamos decir como aquel hombre que terminaba así unos apuntes autobiográficos: “De algo puedo ufanarme: no creo haber perdido jamás a un amigo”.

Mirta R. Titolo

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