domingo 18 de abril de 2021
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Ana María Cires de Quiroga

8 días de amor, locura y muerte

domingo 14 de marzo de 2021 | 6:00hs.
Les Otres
 8 días de amor, locura y muerte

Cuando dicen que morir es como dormirse, no se equivocan; pero yo no tenía sueño, sólo estaba cansada. Mienten con la supuesta luz al final del túnel, nunca la vi.

¿Por qué tanto silencio? ¿Dónde están todos?…

No puedo emitir sonido, la garganta me duele mucho, arde como si poco a poco le arrancaran unos pedazos, recordándome el precio de elegir ese líquido amargo y maloliente; prefiero pensar que está desgarrada de tantas veces tragarme palabras, gritos… silencios.

Es curioso que el químico que utilizaba para develar grandes obras de arte capturadas por esa pequeña lente de vidrio, sea el mismo que me liberó del artista empecinado en hacerme sufrir...

Su voz avasallante me aturde, una vez más; últimamente así hablábamos, diálogos cargados de signos de exclamación. Lo único bueno de la selva era poder tener un poco de calma después de tanto caos, aun así no la extraño. Él me grita y reclama porque decidí escapar sola, ni siquiera el fin de mis alientos es mi decisión. Quiero irme pero él me retiene…

Es extraño, hace mucho que no me visita la ternura por tu parte. Sé que me amas, a tu manera peculiar, distinta y caótica. Siento como la ignominia constante de tu querer tensa las cuerdas de mi corazón, como buscando que sangraran; el tinte rojizo que me haría parecer a esa que tanto amas, la tierra colorada.

***

Cuando pienso en ti, Horacio…, mis recuerdos traen dos piezas que no encajan. La primera de ellas es la imagen vívida de una muchacha demasiado joven para conocer el amor y un muchacho demasiado adulto para seguir mintiendo. Nos amábamos. Yo te amaba. Éramos el recuerdo de alguien más que pensaba en la felicidad que nos unía. Dos personas enlazadas por un destino que resultó estar maldito, porque ahora me encuentro con lágrimas brotando de mis ojos y bañando mis mejillas mientras pienso en la agonía que consume mi pecho. Vuelvo a reflexionar en aquel tablero, donde las piezas no comparten las mismas condiciones. Nadie captura al rey porque se mueve como un cobarde, pero es él quien tampoco deja moverme. ¿Soy simplemente un capricho suyo? Me siento una reina enjaulada. Que ni siquiera pudo decidir el tiempo de su muerte ¿Por qué no muero? ¿Por qué solo siento ese gusto amargo y un dolor punzante?

Aquí, en el castillo del cual me observas, encuentro las cuerdas con las cuales me aferraste. Sí, esas mismas que ocupaste para atar ambos corazones. Las que me ofrecieron un falso amor y caricias engañosas. Sentimientos que creía verdaderos y resultaron ser como aquellos cuentos de hadas que mi madre solía contarme de pequeña. Falsos. Nada de aquel hombre del cual una vez creía estar enamorada resultó ser cierto; y esa, es la segunda pieza.

Al compararlas me doy cuenta que armo dos rompecabezas diferentes. El de la izquierda es la pincelada suave de años amorosos como un atardecer cerca del río, mientras que, el de mi derecha, son apenas bocetos de líneas puntiagudas y filosas. Sonrío al verlas, bajo una mirada lastimada y una carcajada sin sonido alegre.

Tomo fuerzas e ignoro el dolor cuando me incorporo. Estoy aquí, frente a mi ventana y te observo desde la distancia. Aun gritas y estás enojado. Yo recuesto mi cabeza sobre el marco de madera y acaricio mi cuello con suavidad. El calor me recibe como chispazos, allí donde el líquido se escurrió hasta mis entrañas. Además de reina, soy una bruja incompetente. Una que creó un veneno, y en vez de dárselo al cuentista, se dio fin a sí misma.

La conclusión de esta historia es sobre una mujer que pensaba ser una reina y terminó siendo esclava de un falso rey y de su amante selva. ¿Dónde están esas cuerdas que alguna vez ataste en mí? Me pregunto, mientras ruego que se desprendan en cualquier suspiro.

***

Ese último trago aún arde en mi garganta. Me mojan los labios con un trapo, pero arde, arden esas gotas, aunque la sed es insoportable. Él calmó sus demonios y se arrodilla en mi lecho. Sus manos apretando las mías, con fuerza animal. Apartó a los niños. Casi percibo en él, al hombre fuerte y sensible que con sus palabras despertó un amor irracional, que en mi corta experiencia, podía contra todo en el mundo. La humedad me aplasta, hundiéndome más en la cama. Siento que me queman las entrañas, como si el calor de la selva se hubiera instalado en mi interior y buscara derretirme para absorberme. ¡Esa condenada selva! se metió en mí y ahora me consume desde adentro. Ni en la muerte podré escapar. Sus labios en mi frente…-aún no, por favor- susurra en mi oído.

***

Las dos bestias de mi vientre, deambulan a mi alrededor. Salieron de mí, pero él los despojó de mi herencia. A medida que crecían, empezaron a perder mis rasgos, mis hábitos, mis maneras. Los criaba así como a los personajes de sus cuentos. Los moldeaba a su imagen y semejanza. 

Ellos se integraron a este paisaje y me alejaron, como se aleja a un animal enfermo del resto de la manada. Tal vez me ven enferma, al no aguantar vivir aprisionada en este monte.

Los siento lloriquear a mi alrededor. Quizás como una leona que defiende a sus cachorros, los debería haber sacado de este inhóspito lugar, e impuesto mis propias enseñanzas. Una madre mediocre, así decía él como si predijera mi error al no hacer nada.

Espero que encuentren un camino lejos de los tormentos del padre, que logren desplegar esas alas como tantas veces vieron hacer a las aves; romper esa invisible conexión que ata a la familia y se arranquen de una vez la tierra de la piel.

***

Recuerdos inundan mi mente, momentos perdidos y una mala elección, ¿Por qué tiene que terminar así? ¿Realmente pertenezco a algún lugar? Ver ese horroroso color rojizo impregnado en mis zapatos blancos me hace detonar, ese sentimiento de nunca poder estar donde quiero estar. ¿En qué estaba pensando cuando acepté esta vida? Probablemente si hubiera esperado solo un poco más, esto tomaría otro rumbo ¿Acaso fue mi única opción? Ya no recuerdo, fue todo muy rápido... lento y doloroso a la vez.

Extraño mi antiguo hogar, estar en la ciudad y sentir los distintos humos en mis pulmones, a decir verdad, es raro, pero prefiero ese ambiente de ruido, de contaminación, ver gente chocando entre sí por lo rápido que van, tan vivos y tan muertos por dentro, pero ahí están, siguiendo su escandalosa rutina una y otra vez. Y yo estoy acá, hundiéndome en mi soledad, el silencio abrumante, las caras repetidas, la rutina sigilosa que parece un bucle que nunca va a terminar, el mutismo que permite que las voces de mi cabeza hablen, para recordarme lo mal que me siento.

Por las noches siento que alguien se acuesta sobre mi pecho, no puedo verlo, pero siento su calor. Desde el día en que llegué, odio la humedad, los mosquitos que invaden mi habitación por las noches, las ronchas que reposan por mi piel al despertar, los pájaros cantando en el horario de la siesta, que parecen disfrutar de su estadía. Ojalá yo pudiera gozar de la misma forma, y divertirme cantando a su par. Pero no puedo, siento que no sirvo para nada estando acá, que no puedo hacer lo que realmente me gusta, que no puedo amar a las personas que me rodean, que no puedo...

Veo a mi alrededor, no hay nada que en realidad pueda amar, nada que en realidad pueda llamar hogar. No veo escapatoria, este no es mi lugar, y nunca lo será… -Pronto todo mejorará, llegará el día en el que esto evolucione y no parezca tan desagradable-. Trato de repensarlo, una y otra vez, hasta sentir que será verdad, pero no logro hacerlo. Mi mente inundada en negatividad me dice que ya es el fin, que jamás será distinto, que jamás saldré de este pozo, que jamás seré feliz...

***

Me resulta curioso sentir la misma fuerza que las raíces de esta naturaleza, la misma que me atormenta y encierra me demuestra también que poseo igual energía. Al final no somos tan enemigas. Quizás la enemiga sea otra, o mejor dicho, otro. Ese que me hizo odiarte y por momentos hasta sentir desprecio.

Son tus infinitas ramas y extremidades las que me hacen sentir y querer llegar más lejos, llegar quizás a sentir libertad, pero…¿Qué va a pretender este ser? Que nunca mereció compartir sus deseos con el hombre que amó y, tampoco, con su madre que hasta estas tierras le acompañó. Ni siquiera ser testigo de los errores de sus hijos ni la muerte de su padre; ¿Qué va a pretender este ser que no es?

Poco a poco quemaste hasta mis últimos sueños y deseos, ya nada queda de esa mujer que deseaba estudiar, trabajar y con toda su incansable inocencia crecer junto a sus hijos. Ya nada queda, o al menos eso siento hoy.

Horacio, ya le tomé cariño a todos los canes que quisiste que me rodeasen para no poder comunicarme. Si supieras que mi alma tiene el aullido más fuerte que el de todos ellos juntos en las  tardes que mi madre intentó acercarse.

***

Sinceramente, ya no sé cuánto tiempo ha pasado desde aquel que debía de ser mi fatídico día. Aunque creo que ese día sucedió hace muchos años. Es difícil saber algo con exactitud, mi mente es una nube que se vuelve cada vez más densa. No sé qué hay detrás, no sé qué hay del otro lado ¿Qué es el otro lado? ¿Existe siquiera? Tantas dudas recorren mi mente, pareciera que se han puesto de acuerdo con las gotas de sudor helado que se deslizan por mi piel ¿Es esta mi piel? ¿O es la de alguien más? La habitación ha comenzado a dar vueltas. No comprendo si esto es real o si estoy en un sueño ¿Estaré dormida? ¿Si despierto lo haré en mi habitación de cuando tenía siete años? ¿Fueron reales los últimos años? Escucho el ruido de los pájaros, esos incesantes cantos que vienen de todos lados y con distintos matices. Los siento cada vez más cerca. No, creo que están en mi cabeza, la cual se siente casi tan alta como esos largos palos huecos que él plantó cerca de la casa.

***

Desde aquel suceso que me ha llevado a seguir sufriendo lo que ya no sé si es vida o es mi camino al infierno, me visitaron varias personas. Muchas de las cuales ya ni siquiera recuerdo  sus nombres. Lo único que recuerdo con claridad es aquella botella con la que intenté fallidamente darme un rápido fin. Ese oscuro líquido que todavía se escurre por mi garganta y va directo hacia mis entrañas. Mis entrañas que ya no son parte de mí, ahora le pertenecen al fuego que me quema lentamente.

Pero han venido otras personas, no los veo pero puedo sentirlos. Sé que me observan desde varios lugares. Sé que están en la ventana, subidos a los árboles y parados frente a mí. No sé quiénes son, sé que nunca los he visto, pero siento que los conozco. Muy adentro mío tengo la respuesta que busco. Ellos han venido en mi búsqueda, están conectados a una línea de tragedias que no conozco pero sé que no parará hasta cobrarse el último alma.

Ya no tengo fuerzas. Siento que mis pulmones están llenos de algo que no es aire y mi corazón parece ir al ritmo de mis esperanzas. Muy pocas. En ese momento, las personas que me observaban desde lejos se acercan a mi cama. Reconozco a mis hijos y también lo reconozco a él. Pero hay más gente, gente que parece hecha de una fina capa de seda brillante y traslúcida. Al acercarse me doy cuenta de que son como yo. Entre todos ponen sus manos sobre mí y me comienzan a levantar. Puedo ver como yo también lentamente me transformo en seda. Han venido a llevarme, a rescatarme. Por fin me voy. Ya era hora.

Les Otres es un grupo de gente que escribe. Integrantes: Lucas María Zouza Costa (21 años); José Horacio Nazaruk, (21 años) ;  Franco Braag, (20 años); Verónica Lorena Suárez (23 años); Elijah Mourelos (19 años); Sofía Belén Martínez (27 años); Fabiana Eckers (30 años)

 

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