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Caricias de Semana Santa

(Los relatos del Pelado García)

domingo 14 de marzo de 2021 | 6:00hs.
Mario Zajaczkowski
Caricias de Semana Santa

Ese día cerré a las 18, el negocio de ventas de celulares que tenía por Córdoba en la Galería Pacífico para ir a consultar a un otorrinolaringólogo. Siempre me costaba pronunciar la palabra y detestaba ir a un médico,pero bueno el malestar en la garganta me preocupaba desde hace unos días. Al lado de un Restaurante y tienda de comidas macrobióticas estaba el consultorio del especialista.Estuve unos diez minutos en la sala de espera hasta que llegó la profesional, era una joven sumamente agraciada que al abrir la puerta me saludó y me hizo pasar.

El consultorio estaba arreglado con muy buen gusto, en la pared del fondo al escritorio estaban todos sus diplomas y antecedentes profesionales, en las otras paredes blancas resaltaban reproducciones de Van Cogh y en un rincón un florero con un inmenso ramo de rosas blancas. La doctora María del Carmen Rosas, (un ramo que hace juego con el apellido, quise decirle, pero me pareció de mal gusto), lo leí en la placa de la puerta, después de abrir su PC y poner música suave (eran temas de Víctor Heredia) comenzó a interrogarme para luego inspeccionar mi garganta. Me diagnosticó odinofagia ,en otras palabras una inflamación de la mucosa esofágica. Todo esto lo decía con naturalidad, mientras tanto yo no le sacaba los ojos de encima prendado por su singular belleza. Cuando le aboné la consulta me dijo que tendría que hacerme unos análisis para seguridad y me recetó unos antibióticos. Aproveché que estaba con la cabeza gacha escribiendo para observar la delicadez de sus senos.  Ella levantó la vista para interrogarme.¿Carlos García ,usted habrá sido alumno de mi madre que fue profesora de matemática del Comercial 1?

Me quedé helado ante la veracidad de su pregunta. Mudo.Asentí con la cabeza.

Ella continuó –“Aunque no lo demostraba muchas veces mi madre tenía devoción por sus alumnos y a usted lo adoraba –Tanto me hablaba del “Pelado García” que yo lo idealicé en mis pensamientos .Quien iba a decir que iba a conocer al alumno predilecto de mi madre y al ídolo que fui formando en mis idealizaciones por los relatos de mamá”. Se levantó extendió la mano, para saludarme y arregló su escote, al darse cuenta de mi mirada indiscreta. Lo espero el viernes próximo con estos estudios-agregó-. Me acompañó hasta la puerta, la fragancia de su perfume era embriagadora. Cuando el anochecer en Buenos Aires me llenó los pulmones de aire fresco me fui al bar de la esquina a tomar un fernet con coca pero por el dolor de garganta pedí un café. Todavía seguía incrédulo ante las confesiones de la hermosa profesional ,”la vieja de matemáticas” ,”la gorda Rosas”, a la que aborrecíamos tanto, nos tenía simpatía y hablaba con afecto de nosotros.  Esperé con ansiedad el viernes, quería volver a ver a mi doctora, compré una caja de bombones para obsequiarle, deseaba entablar amistad con ella.

A la tardecita de la fecha indicada con los bombones y un sobre con mis estudios me dirigí a su consultorio. Tenía la impaciencia de un joven estudiante que acude a su primer cita.

La puerta del estudio de la doctora estaba cerrada, esperé unos minutos, hasta que el portero del edificio se acercó y me preguntó:¿Usted busca a la doctora? ¿No se enteró que la mataron en una salidera bancaria ,unos motochorros…?”

-Me quedé anonadado, sin palabras, no sé como crucé la calle para terminar en el bar de siempre.Una jovencita con un sugestivo look de moza se acercó sonriendo preguntando qué iba a servirme.

Apenas pude hablar –Un whisky on the rocks -le dije dejando el sobre y la caja de bombones en la mesa.Hacía mucho que no fumaba, compré un atado y encendí un cigarrillo y el humo me lastimó la garganta. Estuve varias horas tomando y fumando. No recordaba cuando fue la última vez que me embriagué de igual forma. La sonrisa de la doctora me aguijoneaba el alma, una canción de Víctor Heredia me taladraba mis oídos y mis ojos rojos por el llanto miraban sin mirar. Una nena que vendía rosas con una tarjetita de FELICES PASCUAS se acercó. Le regalé los bombones y le di los mil pesos que guardaba para la consulta. Después de pagar, sumamente borracho, me fui silbando al departamento. Había empezado a llover torrencialmente sobre Buenos Aires.

De la serie Los relatos del Pelado García, memorias de un perdedor, son una serie de cuentos que integran un libro de próxima edición. El autor es docente y reside en Apóstoles.

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