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La chacra desde adentro

Apuesta a la diversificación productiva como estilo de vida

Héctor Cruj es un colono de Ruiz de Montoya para quien el cultivo y la actividad ganadera se vuelven un desafío cada día

sábado 13 de marzo de 2021 | 6:04hs.
Apuesta a la diversificación productiva como estilo de vida
Mandioca y sandía son algunas de las producciones que tiene
Mandioca y sandía son algunas de las producciones que tiene

En los rincones de Misiones se esconden historias de trabajo y dedicación. Una de ellas es la de Héctor Cruj (42) quien dedica su vida a la chacra. Aunque sabe que es difícil, el colono de Ruiz de Montoya tiene como apuesta más importante la diversificación productiva.

Yerba, mandioca, sandía son algunos de los productos que cultiva en las hectáreas de tierra que posee, aunque también se dedica a la ganadería y a la cría de aves de corral. Y aunque la sequía u otras inclemencias afectan constantemente la producción, para Héctor no hay otra vida que no sea la chacra. Tiene su campo al costado de la ruta provincial 7 y tiñe con el verde de su chacra el paisaje sobre la arteria que une Aristóbulo del Valle con Jardín América. Está casado con Patricia Güeten (42) y tienen dos hijas, Daiana y Natalia, la mayor estudia para ser maestra en el Instituto de Formación Docente en Jardín América y la menor está en la secundaria.

Al hablar sobre el oficio de productor, dijo que comenzó siendo muy chico. “Desde los 12 años trabajo y es algo que viene de familia, desde el 83 mi papá arrancó con la sandía y yo ahora continúo”, afirmó.

Las dificultades de cultivar

La producción de sandía va creciendo cada vez más en la zona de Ruiz de Montoya. Sin embargo, muchas veces no sale como se esperaba. En el caso de Héctor, la falta de lluvias lo dejó sin posibilidades de recuperar lo invertido. “En tiempos de sembrar la sandía vino la sequía y no pude cosechar, para mí fue pérdida porque planté nueve hectáreas y no pude ni cubrir mis gastos”, remarcó.

Al referirse a la mandioca, el productor puntualizó: “Un par de días te lleva plantar, pero entre seis y siete meses cosechar, y todavía tenés que esperar un mes más para vender. Entonces si no tenés otra producción, debés rebuscarte en otra cosa”. Por eso, también mencionó que trabaja como cuadrillero con la yerba (tarefea junto a un amigo). “La vida en la chacra no es fácil, hay que estar, yo igual prefiero la vida acá antes de estar en el pueblo o la ciudad, conozco gente que vendió su chacra, se fueron y después se arrepintieron”, expresó, al tiempo que sostuvo que el trabajo es sacrificado, implica dedicación constante, tiempo de espera para la cosecha y esperanzas en que lo que se planta dará su fruto.

Héctor se esmera además con la cría de aves de corral y a la ganadería: cuenta con doce novillos. No obstante, sueña con dedicarse también a la cría de peces: “Me gustaría hacer una laguna, criar pescados, esto tiene un costo elevado, pero quiero tenerlo como un hobby o hacer un pesque y pague”.

Constancia y apoyo

Como agricultor primario manifestó que se recibe poco apoyo. “Hay veces que llegan los acopiadores o los bolseros que vienen a comprar para llevar a Buenos Aires u otra provincia, te bajan el precio y juegan con la necesidad de los productores, hoy en día se necesita el efectivo y por eso se vende el producto a bajo precio porque tal vez no se tiene otro recurso”, contó. Héctor se mostró preocupado ante esto y deseó que cambie la situación. “Ojalá se pueda dar un subsidio o un mayor apoyo a los que tenemos producción de sandía y mandioca o aquellos que tienen huerta porque en reiteradas oportunidades se depende de lo que se cosecha y si hay poca producción, hay muchas pérdidas y no alcanza para cubrir lo que se invirtió al plantar”.

 Sobre la familia que formó, remarcó: “Con mi esposa estamos casados desde hace 21 años, al año nació Daiana y cinco después llegó Natalia. Siempre estamos a la par, juntos, tuvimos épocas malas, pero salimos adelante juntos, son ellas mi sostén”.

Al referirse a las nuevas generaciones, reflexionó: “Cuando tenía 12 o 13 años vivía en la chacra con mi papá, lo acompañaba y aprendía con él, por eso a papá le debo todo lo que sé. Hoy en día se está perdiendo el interés por la producción, los chicos ya no están entusiasmados”. Esta es quizás una de las preocupaciones más grandes de los productores, al proyectar cómo será el cultivo en los próximos años.

Dispuesto y atento, Héctor rescata el compromiso en el campo como algo esencial y aunque se presenten dificultades en el camino, jamás baja los brazos, apuntando a la diversificación como pilar para el desarrollo de la provincia.

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