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Definir la identidad

Adolecer de buenos compañeros

Los jóvenes de hoy se enfrentan a mandatos de pares y familiares que deben sortear frente a una constante búsqueda de empatía ante la elección de su identidad de género

domingo 21 de febrero de 2021 | 6:00hs.
Adolecer de buenos compañeros

¿Quién soy? ¿A dónde voy? Son parte de los eternos interrogantes del ser humano y generalmente más allá de que persisten o vuelven en distintas etapas de la vida, tienen su mayor hito en la adolescencia, con la formación de la identidad y la personalidad. Y a pesar de que son tiempos donde pareciera haber más diálogo e inclusión, algunos prejuicios, mandatos y miedos se sostienen por lo que los adolescentes de hoy siguen en puja por construir su ser. Entre los desencuentros que tienen con sus superiores, ya sean padres, docentes, familiares, una de las cuestiones es la libertad de elegir la identidad de género. La angustia por la falta de puntos en común suele generar angustia en ambas partes, por eso al ser consultada al respecto, Beatriz Martínez, coach ontológica, resaltó la importancia del diálogo, la empatía y la búsqueda de especialistas que puedan ayudar a reencontrarse en familia.

“A los padres les diría que si no saben cómo enfrentar el tema, que pidan ayuda, que no tengan vergüenza en hacerlo, porque está en juego la felicidad de sus hijos. Entender que los hijos deben tomar sus propias decisiones acerca de la vida”. En esa línea ahondó en las consecuencias de la falta de acompañamiento. “El rechazo y la incomprensión familiar conllevan un mayor riesgo de exposición de enfermedades como anorexia, bulimia, depresiones, consumo y abuso de sustancias y un elevado porcentaje de intentos de suicidio”, arrancó explicando Martínez, que lidia con este tipo de consultas asiduamente en Posadas.

Por otro lado, algunas veces son los pares los que presionan por tener tal o cual condición o determinadas experiencias. Allí también se produce la discriminación cuando el/la joven decide no acompañar al grupo. Ya sea por abrazar los variados  conceptos de género como la pansexualidad, antrosexualidad o incluso las más reconocidas asexualidad, heterosexualidad, bisexualidad y homosexualidad, los jóvenes pueden sentirse excluidos por uno u otro grupo social cercano.

¿Por qué nos cuesta entender que la identidad sexual o de género se construye como la personalidad, por ejemplo?

Creo que por el tipo de crianza, en que la generación de padres hemos sido educados, y de los valores de algunas religiones. El estigma social y el prejuicio no ayuda a construir una personalidad con criterio propio, muchas veces en las familias, lo que “sienten” de manera diferente a lo que se espera se ellos, sufren de discriminación y no encuentran espacio para ser realmente lo que quieren.

¿Cómo explicamos a los más chicos que hay diferentes posibilidades?

Lo primero es perder el miedo de hablar del tema y hablar con conocimiento. Ser sincero en caso de no tener una respuesta en el momento. Es clave poder tener una conversación franca, donde el niño/a se sienta contenido y pueda expresar todas las dudas que tenga, porque de lo contrario irá a buscar afuera de casa, donde los padres no tienen control de qué tipo de información puedan encontrar.

¿Por qué se habla de modas, de etapas que se van a superar como si fuera algo pasajero de la

adolescencia?

Por lo general, la adolescencia es una etapa de rebeldía, y por ello se lo toma como una manera más de “ir contra la corriente” o contra lo que los padres les enseñaron, pero por otro lado, también podría ser la falta de información, por lo general no se profundiza, al ser un tema en la mayoría de las familias tratado como un tabú.

¿Qué consejos le podríamos acercar a quienes estén pasando por una etapa de decisión, definición y desencuentro?

A los padres les diría que la aceptación con normalidad de estos adolescentes por parte de la familia, los protege del potencial suicidio, depresión y abuso de sustancias, además de mejorar su autoestima y proteger su salud en general. Y a los adolescentes, antes de hablar con los padres, es importante tener en cuenta:

• Estar seguro acerca de su orientación sexual. Preguntarse: ¿estoy realmente seguro?

Cualquier confusión por parte del adolescente aumentará las de los padres y hará disminuir su confianza en el juicio del hijo/a.

• Contar con el apoyo de otras personas. En caso de que la reacción de los padres fuese negativa, se debe estar preparado ante quien acudir, ya sea un familiar o una persona de confianza que pueda recurrir para buscar apoyo emocional.

• Tener en cuenta el ambiente familiar, es importante elegir con cuidado el momento de hablar, que no estén pasando por problemas graves.

• Tener paciencia. Los padres necesitan tiempo para asimilar la información y eso puede durar días, meses y a veces hasta años.

• Ser sincero. Contarles que no fue fácil llegar a esa instancia, que está en juego el amor, los miedos y el respeto por las propias decisiones. Saber que cuanto lo cuente en primer lugar va a producir sorpresa y desconcierto.

• Comprensión para hablar un lenguaje que implica diferentes generaciones, y que no siempre hablan el mismo lenguaje.

 ¿Hemos avanzado realmente en cuanto a sociedad y prejuicios o sólo es un discurso popular que en lo intrafamiliar cuesta más?

En parte, creo que aún hay dobles discursos, por lo general, nos pasa que si no vivimos la experiencia en primera persona, no sabemos realmente lo que se siente, entra en juego muchas cosas, como ser los mandatos familiares, los “pases de factura” entre generaciones, y socialmente puede mostrarse una realidad que dentro del seno de la familia puede ser otra; si bien no se puede generalizar, pero que aún nos falta mucho para ampliar conciencia.

Nueva familiaridad

Enunciados del deber ser y normalidad se diluyen poco a poco y nos abren camino al encuentro.En definitiva, queda trecho por recorrer para poder acercarnos cada vez más a la verdadera inclusión, esa que se da naturalmente, sin cuestionamientos, miradas de reojo o sentimientos encontrados, pero quizás muchos estén en la búsqueda de dejar atrás los debates y habilitar el diálogo a corazón abierto. Si nos jactamos de gozar de razón, inteligencia y emociones, poner énfasis en empatizar más y dividir menos, enaltecerá, sin dudas, toda definición de humano.

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