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Un ‘revés’ al destino

A los 92 años Mario Reyes superó varias operaciones de cadera y espera volver al ruedo muy pronto gracias al apoyo incondicional de su familia

sábado 20 de febrero de 2021 | 6:01hs.
Un ‘revés’ al destino
Mario junto a su hija Claudia y sus nietos Alejandra y Emanuel en la cancha 1 del Capri, la que lleva su nombre.
Mario junto a su hija Claudia y sus nietos Alejandra y Emanuel en la cancha 1 del Capri, la que lleva su nombre.

Cuando Mario se sienta a disfrutar de unos mates en su casa de la chacra 149 puede mirar atrás y sentirse muy satisfecho del recorrido que viene transitando a sus 92 años. El tenista por convicción sabe que de los más de 60 trofeos de campeón hay cuatro que son esenciales para no bajar los brazos, y seguir escribiendo capítulos en el libro de la vida: sus nietos.

Oriundo de Leandro N. Alem, Mario Reyes es leyenda del tenis amateur en la provincia. El embajador de los clubes Itapúa y Capri (ex Rowing) mantuvo viva la llama de la unión y la amistad con sus pares, esfuerzo que hoy es reconocido por todos los entendidos en la materia. De hecho la cancha 1 del Capri lleva su nombre y hasta la Federación Misionera lo reconoció como ‘figura histórica’.

“Desde los 10 años y hasta los 17 jugaba al fútbol, llegué a formar parte de la primera división de Atlético Alem. Pero desde ese momento me dediqué al tenis junto con la familia Cassoni, entre ellos el ex gobernador Luis María”, comenzó la charla Mario.

“Más adelante fui a Eldorado y me instalé en Posadas por trabajo, era jefe de despacho en la administración nacional de bosques.

Entre semana jugábamos en el club Itapúa, en el que en cuatro oportunidades fui miembro de la comisión directiva, y los fines de semana en el Rowing...de los dos fui socio activo”.

“Era un jugador más de práctica, de drive fuerte y de buen revés, pero todos le tenían miedo a mis cortadas… los golpes se lo debo a las enseñanzas del profe de Guillermo Vilas, don Felipe Licicero, quien vino a darnos cursos en el Itapúa por aquellos tiempos”.

“Tengo en casa los trofeos de campeón jugando en Misiones, Corrientes y Paraguay, pero te puedo decir que antes el tenis era una amistad, una familia. Todos los fines de semana íbamos a comer un asadito, a pasar el tiempo”, describió.

Caer y levantarse

En su largo camino, Reyes le hizo frente a las lesiones y en los últimos años a tres operaciones de cadera, la última hace casi tres meses atrás. Para una persona normal esto es el final de la vida deportiva, no para Mario.

“A los 80 años, por desgaste, me tuve que hacer una prótesis en la cadera derecha y a los dos años en el lado izquierdo porque se recargó”.

“Afortunadamente no tuve otros problemas. Antes también pasé por dos operaciones, una de próstata y otra de peritonitis”, agregó.

“De esta última me acuerdo perfecto porque fue a los 20 años cuando estaba haciendo el servicio militar en el medio del campo y para colmo un domingo (entre risas). Me salvé de casualidad, porque en el hospital Madariaga los tres médicos que evaluaron mi caso se consultaban y uno le susurró al otro que de esto se salvan solamente uno o dos”.

“Cuando me operé la segunda vez de la cadera estuve con diez días de tratamiento. El kinesiólogo en su momento me dijo que me tenía que olvidar del tenis, que no iba poder jugar porque la reacción era diferente, tenía dos piernas de otra persona...pero uno tiene que acostumbrarse”, remarcó Marito con tono cómplice. Y así fue.

Hoy la historia le vuelve a poner otro desafío en el camino. Mario está casado con Nidia. Ambos son padres de Raquel, Claudia y Mario, y abuelos de cuatro jovencitos, dos de ellos con ganas enormes de seguir sus pasos: Alejandra (8) y Emanuel (6).

“Tengo a mis dos nietos que me obligan a ir al club. Yo le sacaba la medida hace dos años atrás porque querían ir a jugar conmigo y no tenían la suficiente altura... ahora vamos y les enseño en el frontón, de paso practico un poco”.

“Posiblemente me anime a unos dobles, ya me están buscando”, dijo Mario, convencido de ganarle una vez más la pulseada al destino. Corajudos si los hay y él es uno de ellos. Hasta su nieta Alejandra lo tiene claro: “Mi abuelo es un superhéroe. Le operaron y se levantó en un día”. 

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